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«Que uno de cada 4 menores consuma cannabis no es una broma"

Gustavo Basurto
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David García dirige desde hace una década una entidad que realiza una labor impagable para la sociedad. Más de mil personas pasan cada año por Proyecto Hombre por problemas de drogas u otras adicciones

David García, junto a una de las sedes de Proyecto Hombre. - Foto: Ingrid

Dirige desde hace una década una entidad que realiza una labor impagable para la sociedad. Más de mil personas pasan cada año por Proyecto Hombre por problemas de drogas u otras adicciones. A Proyecto Hombre, la entidad referente en el tratamiento de adicciones, ya no acuden únicamente adictos a las drogas clásicas e ilegales. El perfil ha cambiado y el equipo de 22 profesionales y 100 voluntarios que comanda David García atiende a personas que se 'enganchan' a sustancias legales, como el alcohol, o a comportamentales, como los videojuegos o las apuestas. García explica esa metamorfosis y la preocupación que existe por el consumo de bebidas alcohólicas y cannabis en menores.

El pasado año Proyecto Hombre atendió a un 27%  más de usuarios. ¿A qué lo atribuye?

Nosotros no cerramos durante la pandemia. Salvo en el mes en el que obligatoriamente no pudimos atender en persona e hicimos atención telefónica y online, el resto del tiempo Proyecto Hombre ha estado abierto. Pero creo que la gente tenía una resistencia a acudir a centros, incluso al médico. Una vez que, de alguna manera, ese miedo ha pasado, las personas que tenían un problema o lo han visto acrecentado, o los familiares que durante ese periodo en el que han estado más tiempo en casa han visto que esa persona tenía un problema, han llamado más a nuestra puerta. Y de alguna manera también  ha influido el conocimiento social de Proyecto Hombre, como una entidad que trabaja con todos, no solo el perfil de los años 80 o 90, que era desestructurado, con exclusión social, con heroína, hepatitis, VIH...Ahora ya socialmente se nos identifica con atención a todo tipo de personas, trabajadores, estudiantes, del entorno familiar o nuestro vecino. O todo el trabajo que hacemos con menores. Creo que hay ahora una imagen de servicio a la sociedad en general. 

Durante la pandemia, la mayor convivencia doméstica ha podido alertar a familias sobre el problema de adicción de alguno de sus miembros. ¿El confinamiento pudo disparar las adicciones, por ejemplo a internet?

Factores relacionados con el covid hay muchos que han influido. El estado de estrés y de ansiedad hace que muchas personas elijan el camino más fácil, que puede ser el consumo de alcohol o de himnosedantes. En menores, el exceso de ociosidad ha sido empleado en el uso de redes, de nuevas tecnologías y de videojuegos; y retirarles esos dispositivos ha generado bastantes conflictos y muchas personas han acudido a nosotros. Y por supuesto, la convivencia familiar ha detectado problemas en personas que no es que se tomen una cerveza o dos, es que se toman ocho. En este periodo, esos problemas se han notado más con el alcohol y otras adicciones legales.

Hace años hablar de Proyecto Hombre era pensar en personas con problemas por consumo de heroína, cocaína, cannabis...hoy se habla mucho de las adicciones comportamentales. El juego o internet también generan dependencia, pero a priori no parecen tan dañinos.

La normalización de consumo y su utilización sin tener conciencia de riesgo hace que usen más y por más personas, pero las adicciones comportamentales y las que tienen sustancias afectan de manera muy similar al cerebro, porque activan los circuitos de recompensa de la misma manera. La persona que convierte el uso de apuestas deportivas, de la ruleta o del videojuego en un hábito y lo realiza durante muchas horas a lo largo de su vida acaba generando una dependencia, que en el caso de las comportamentales en muchos casos hablamos de que es mortal. Hay personas que generan deudas muy importantes por el abuso del juego y de las apuestas, que acaban jugándose su dinero y el de sus familias, e hipotecando sus bienes, y provocando una situación tan complicada, que se ven encerrados y en muchos casos pierden la esperanza y acaban cogiendo vías muy complicadas.  

¿Qué adicción les preocupa más?

El mayor porcentaje de usuarios que acuden a tratamiento, un 37 por ciento, lo hacen por consumo de alcohol. Si le sumamos los que vienen por THC (principal principio activo del cannabis), que son un 16 por ciento, estamos hablando de que más de la mitad de los usuarios de Proyecto Hombre acuden por consumo de sustancias legales. Si le añadimos el siete por ciento de adicciones comportamentales, hablamos de un porcentaje altísimo de personas que acuden por sustancias más o menos bien vistas socialmente. 

Además del alcohol, ¿a qué tipo de adicciones se refiere como 'legales'?

Estaríamos hablando de alcohol  y las apuestas, es decir, la ludopatía. Y cuando nos referimos a normalizadas y casi legales, la marihuana y en general derivados del cannabis. Juntando todo, casi el 60 por ciento de nuestros usuarios lo harían por sustancias normalizadas. Tenemos muchos usuarios con adicción a la cerveza; empiezan con una, dos o tres diarias, luego la cuarta y acaban teniendo un problema muy importante. Y no estamos hablando solo de bebidas destiladas, sino también de las fermentadas.

¿Dónde está la línea que separa tomar algo y empezar a caer en la adicción al alcohol?

Nosotros diferenciamos entre el uso normalizado, en el que no hay consecuencias ni para ti ni para quienes te rodean, y el abuso, que es cuando empieza a hacer problemas personales, de salud, de convivencia, de trabajo...y sin embargo sigues consumiendo, sabiendo que te está trayendo algunos problemas. Y cuando ya hay dependencia, podemos hablar de rasgos de psiquiatría, porque tu mente está pensando solo en consumir y tiene síndrome de abstinencia. El momento de abuso es el adecuado para acudir a nosotros, pero no hay percepción de riesgo por parte de las personas y es difícil hacerles ver que tienen que hacer algo.

¿Ese incremento en el consumo de alcohol se da también en menores?

Nos preocupa muchísimo. La mayoría de los 94 menores que acudieron el pasado año a programas de Proyecto Hombre, que los desarrollamos principalmente con un concierto con el Gobierno de La Rioja,  lo hicieron en la mayoría de los casos por problemas de marihuana y derivados. Pero estamos viendo que en torno al 10 por ciento de esos chavales, detrás de la marihuana hay un consumo abusivo y diario de alcohol. Sin embargo, son muy pocas las familias que acuden a tratamiento porque sus hijos menores de edad consuman alcohol. Entienden que el alcohol no es un problema grave y sin embargo la marihuana sí;  sin embargo, la realidad es que la mayoría de las personas que acuden a nosotros lo hacen por problemas de alcohol. Por tanto, habría que tener mucho cuidado con la promoción que se hace del consumo de alcohol, que en ocasiones va encaminada al público joven; y el menor, a veces, no diferencia y acaba entendiendo que eso no es malo, porque los adultos y jóvenes también lo toman y se divierten. Y ahí está el botellón, que es el reflejo de las fiestas de los adultos en los menores.

¿Y cómo se acaba con el botellón, con mano dura?

En seguridad vial, lo que más redujo el consumo de alcohol y de drogas en la conducción fueron los controles, los puntos y el sistema sancionador, pero no lo evitan. Haces una ley y se buscan resquicios. Tiene que ser una labor conjunta, de educación para la salud social y global, que los mensajes que damos sean saludables y no tanto de promociones de intereses económicos. Estamos en una comunidad en la que el vino es una de las actividades más potentes y sin eso quizás no se podría vivir, pero de ahí a promover campañas sobre las bondades del vino...puede ser verdad o no, no voy a entrar ahí, pero eso confunde, sobre todo al más vulnerable, que es el menor. 

Hay una costumbre, una tradición en el consumo de vino. ¿Eso complica ese mensaje?

Hay un bagaje cultural que está ahí. Es algo con lo que tenemos que convivir. No se trata de erradicarlo. No estoy hablando de eso que se ha dicho estos días de erradicar el vino y la cerveza de los menús de los restaurantes, sino de que al menos no potenciemos mensajes que pueden ser mal interpretados por quienes menos capacidad de crítica y de decisión tienen, que son los menores y personas con problemas mentales. Hay estudios de todo tipo, algunos sobre las bondades del vino y la cerveza, y otros sobre lo contrario.

¿En La Rioja hay alguna particularidad con respecto a otras regiones?

Los datos nos colocan entre las comunidades con mayor consumo de alcohol entre menores. Es un tema que me preocupa.

El perfil de las personas drogodependientes ha ido cambiando. ¿Ha desaparecido la figura del yonqui?

No, sigue estando, pero es muy residual. Hablamos de porcentajes muy pequeños que rondan el cinco por ciento en los problemas ambulatorios, que son los destinados a personas que ya tienen un problema de abuso y dependencia pero siguen aún inmersos en la vida social, laboral y familiar. Por comparación, las adicciones comportamentales tienen porcentajes superiores y en alcohol hablamos del 33 por ciento en ambulatorio. Y hay otro estilo de consumo de heroína; suele ser fumada u otras vías de administración más asimiladas a las de la cocaína o el speed y no tanto como el yonqui, que se la inyectaba y que tenía problemas de enfermedades infectocontagiosas. Y el perfil de hoy no es ese y llevamos ya unos años intentando que la sociedad entienda que Proyecto Hombre está para todos.

En La Rioja se aprobaba recientemente la Ley del Juego. ¿Cree que será efectiva para reducir las adicciones a los juegos entre la juventud?

Es un paso muy importante y valiente. Por lo menos, muestra que hay una conciencia del riesgo de que las personas acaben teniendo una dependencia con el juego y es una apuesta por la protección de los menores. Aunque respecto del juego habría muchos más pasos que dar, pero al menos se ha puesto freno a una tendencia de apertura de centros de apuestas que estaba provocando verdaderos problemas. Cuando nosotros vamos a un centro escolar y preguntamos en un salón de actos con muchos chavales de bachiller por el consumo de marihuana se miran unos a otros y quizás se levanta alguna mano, pero si preguntas por apuestas deportivas, especialmente los chicos, levantan la mano en masa. Lo ven casi como se formase parte del deporte. Es el comienzo; alguno gana una pequeña cantidad de dinero y eso le puede incitar a repetir una y otra vez y al final puede acabar apostando todos los días y acabará teniendo problemas.  Y está el tema de la publicidad, que está más o menos en televisión y en prensa, pero la que hay en redes sociales, que no controlamos, es la que más daño hace, porque los menores están ahí. 

Portugal fue pionero hace dos décadas en despenalizar la tenencia de drogas y acabó con el problema que tenía con la  heroína. ¿Es una experiencia exportable a España?

No conozco la realidad de Portugal, pero hay otras como Holanda o Estados Unidos. Hay estudios que dicen que han tenido resultados beneficiosos, pero cuando profundizas o hablas con entidades que trabajan allí ves que el problema de consumo que tienen es gravísimo. Las sustancias más consumidas son el tabaco y el alcohol, que son legales, y el cannabis, que está regulado; cuanto más regulemos es posible que en el adulto, que tiene su cerebro y su identidad formados, el incremento del consumo no sea mucho mayor, pero el mensaje que hay detrás de la legalización para el menor es que si es legal no es malo. A mayor normalización, mayor demanda, más consumo y más personas que acuden a tratamiento. Y siempre el que más pierde es el más vulnerable, que son los menores, cuyo lóbulo frontal del cerebro, que es donde está el poder de decidir, no está desarrollado como para tomar la decisión de controlar. Sin embargo, el cerebro límbico, donde está la impulsividad y las emociones, lo tienen perfectamente desarrollado y por eso el adolescente es como es. Y ese desarrollo se puede producir hasta los 21 años.

¿Los porros son la entrada de los jóvenes a otras drogas más peligrosas?

El alcohol junto con determinadas bebidas estimulantes suele estar siempre presente es también una vía de entrada al consumo. Y el cannabis; estamos hablando de que uno de cada cuatro menores lo consume y por tanto no es una broma. Casi el 70 por ciento de los 94 chicos que vinieron aquí el pasado año lo hizo por consumo de marihuana. Y el número de menores que acudieron a Proyecto Hombre se incrementó un 30 por ciento con respecto al año anterior, más que los adultos. Vemos a muchos chavales con problemas muy graves de fracaso escolar, de memoria, conflictos familiares...

O sea, que la principal batalla que tienen ustedes ahora son los jóvenes.

Lo más importante son los jóvenes porque son nuestro futuro y nuestra responsabilidad. Con los adultos también hay que trabajar, pero si algo hay que cuidar es a nuestros menores. 

Acaba de celebrarse el Día de los Trabajadores. ¿Cómo afectan las adicciones en el ámbito laboral?

Hay un dato interesante: el 70 por ciento de los aproximadamente 20.000 usuarios de los proyectos de Proyecto Hombre en toda España estaban activos laboralmente en los tres años anteriores a su entrada en el tratamiento. Esto quiere decir que tenían adicción cuando estaban trabajando. Y los riesgos para una empresa de tener un trabajador que ha consumido alcohol, ha fumado un porro o se ha metido una raya antes de ir a trabajar o durante el trabajo son muy altos, porque está poniendo en riesgo su vida o la de un compañero. Además, reduce la productividad, porque aumenta el absentismo y las bajas laborales, y la imagen de la empresa en sectores de representación se ve dañada. Muchas veces las empresas o los compañeros esconden la cabeza, porque no saben qué hacer, tienen miedo o piensan que no es su problema. Y nosotros decimos que de alguna manera esto es una responsabilidad de todos y que sí afecta a la empresa y se puede intervenir, desde analizar cuáles son los riesgos hasta formar a mandos intermedios o evitar que en las cantinas de las propias empresas se sirva alcohol.