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Sin cárcel...y tiro por que me toca

Bruno Calleja Escalona
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La Plaza de la Oca debe su nombre al conocido juego infantil, al que se vincula con el mapa jacobeo. En su entorno, a la vera del Camino y de la iglesia de Santiago, no consta que hubiera un pozo, como en el tablero, pero sí calabozo

Imagen de la zona a mediados del siglo XX. - Foto: Colección de Taquio Uzqueda.

En lo que hoy es la Plaza de la Oca, en el germen del Logroño más antiguo, no había pozo en el que caer ni puente que cruzar, como en el tablero del popular juego infantil, pero sí cárcel en la que quedar atrapado un tiempo. A la vera de la iglesia de Santiago el Real, la actual plaza de San Pablo, nombre oficial del lugar, surge como tal a principios del siglo XX con el derribo de una antigua prisión del XVI y con ella, la desaparición del antiguo callejón de la Cárcel. 

En 1935, un incendio afectó al edificio contiguo a la prisión, que era usado como carpintería, y a un trujal existente en la zona. Tras el siniestro, ya en 1936, los edificios industriales fueron derribados para crear una plaza y permitir el ensanche de la calle San Pablo. Además, emergerá en ese momento uno de los elementos más destacados del lugar, como fueron los restos de un refuerzo de las murallas del siglo XVII, pese a que una parte de ellos serán demolidos con la edificación. Antes del siglo XVI, en este solar se ubicó el claustro de la antigua iglesia de Santiago.

Estos restos estaban construidos sobre la roca, con dos líneas de muralla, una de ellas en forma de baluarte, que defendió a la ciudad en momentos clave, como la Guerra de la Independencia. Este lienzo desapareció en 1862, cuando se dictó la orden de derribo de las murallas. Fue en ese periodo cuando la calle San Pablo se convirtió en el acceso principal al Sotillo del Ebro.

En la década de los 90, toda la plaza fue reurbanizada. En estas obras, los restos de la muralla quedaron enterrados bajo el pavimento y se colocó uno de los elementos más destacados de la plaza, el juego de la oca, diseñado por Gerardo Cuadra y Raúl Gonzalo. El proyecto fue impulsado por el párroco de Yagüe, Rafael Ojeda. Según la tradición, este popular juego infantil, conocido ya desde la antigüedad, fue recuperado en la Edad Media como mapa de la peregrinación a Santiago de Compostela, de modo que en cada una de las casillas se representaba una destacada localidad del Camino o algunos de los problemas que los caminantes encontrarían en la ruta. Igualmente, este recorrido simbolizaba el flujo de la vida, con la última casilla en el paraíso. El elemento principal, las ocas, eran ya usadas en la Edad Media como animales guardianes de las casas por su fuerte carácter para defender las propiedades.

En 2009, la plaza fue objeto de otra reforma para consolidarse como paso obligado de los peregrinos que visitan nuestra ciudad.