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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Refundación, fusión y consunción

25/06/2022

Tras el fracaso de sus candidaturas en las elecciones autonómicas andaluzas, que se suma al de Galicia, Madrid y Castilla y León, y el fiasco de la moción de censura en Murcia, dónde comenzó el último ciclo de elecciones anticipadas, Ciudadanos ha decidido iniciar un proceso de refundación que puede acabar incluso con el cambio de nombre del partido por otro que defina mejor su carácter liberal, dentro de la denominación clásica de los partidos europeos. El partido naranja que transitó desde posiciones progresistas a otras liberalconservadoras y que desdeñó el papel de bisagra regeneradora de la vida política allá donde un partido se hubiera constituido en régimen por los largos años de gobierno sin alternancia, acabó de muleta del PP y comido por el pez grande de la coalición. Suele ocurrir.

Hubo un tiempo en que Ciudadanos atemorizó al PP con Pablo Casado recién llegado a la dirección de Génova, que puso en marcha la operación España Suma, que solo tuvo un hito de colaboración electoral en el País Vasco que les salió fatal, cuando ya se empezaba a vislumbrar por los resultados en Cataluña que el partido naranja se deslizaba por la cuesta abajo. A partir de ese momento el PP puso en marcha la operación absorción, fichó al que había sido el secretario de Organización de Cs, Fran Hervías, y comenzó a robarle cuadros y militantes y al calor de las encuestas se olvidó de cualquier fórmula de acuerdo con ellos.

Con el fiasco de Albert Rivera, Inés Arrimadas se quedó sola al frente de un partido baqueteado y desmoralizado que de forma abierta o soterrada ha vivido convulsionado por crisis internas. El proyecto de refundación quiere fortalecer su carácter de partido españolista, que está en su ADN, con propuestas económicas neoliberales y con otras de carácter social discutidas y discutibles como la maternidad subrogada, -desechada en la ley de salud sexual-, o la eutanasia que ya está aprobada. Cambiar el nombre de un partido, como se apunta, sin cambiar de dirigentes es un proceso que no va a llevar muy lejos y por ahora las caras visibles de Ciudadanos son las que son, Inés Arrimadas, Begoña Villacís, -la única con mando en plaza-, Edmundo Bal, Miguel Gutierrez, Francisco Igea, y pocos más.

Con la renovación del liderazgo, el PP ha cambiado de estrategia con respecto a Ciudadanos, y de pretender su absorción con el ofrecimiento de puestos relevantes a sus principales dirigentes, ha pasado a dar por cerrado ese capítulo, con el convencimiento avalado por las urnas de que sus votantes volverán por la puerta que salieron a la casa común de la derecha y lo único que verían con buenos ojos sería la desaparición total del partido, porque mientras exista puede restar un pequeño porcentaje de votos que se queda sin representación en la derecha, o que si la consigue puede no ser relevante para alcanzar una mayoría absoluta. Porque ese es el problema del PP, o arrasa, o se verá obligado a pactar con la ultraderecha. Y desde el punto de vista ideológico, la definición de partido reformista, centrista y liberal de los naranjas puede ser asumida perfectamente por el PP representado por la 'moderación' de Alberto Núñez Feijóo.

Descartada la fusión por parte de Arrimadas, y la absorción por parte de Feijóo, y con los resultados por ver de la refundación, el gran peligro de Ciudadanos es que muera por consunción, sin representación parlamentaria, sin fondos económicos, y sin proyecto diferenciado del PP.