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La dolorosa huella que ETA dejó en La Rioja

Feli Agustín
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La banda terrorista cometió una treintena de atentados, que dejaron cuatro víctimas mortales, numerosos daños materiales y el recuerdo imborrable del secuestro más largo de su historia, el de Ortega Lara

Atentado contra la Torre de Logroño, en San Bernabé de 2001. - Foto: Abel Alonso

El pasado 27 de noviembre, el Ayuntamiento de Logroño colocó en la calle Ollerías una placa conmemorativa para recordar para siempre a las víctimas del atentado más sangriento que ETA cometió en La Rioja, sucedido 40 años antes, el 27 de noviembre de 1980.

Eran las 21.40 de la noche cuando, en las cercanías del bar Paco, frecuentado por miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, la banda terrorista hizo estallar un coche bomba cargado con tres ollas metálicas rellenas de dinamita, goma 2 y metralla.A consecuencia de la explosión fallecieron Miguel Ángel San Martín Fernández, propietario de un comercio cercano al lugar de la deflagración, el inspector Carlos Fernández Valcárcel y Joaquín Martínez Simón, un industrial local. En el mismo ataque resultó herido José Luis Hernández Hurtado.

Este era el segundo atentado mortal de ETA en La Rioja, que inició su reguero de sangre en esta región el 22 de julio de ese mismo año, cuando asesinó a Francisco López Bescos,  teniente de la Guardia Civil, que llevaba solo ocho días en La Rioja  cuando la banda terrorista acabó con su vida. Fue en Villamediana,  en un ataque que hirió a otros 36 guardias civiles que viajaban, en  un grupo de 120 en tres autobuses, para realizar prácticas en un tramo en construcción de la autopista A-68 Bilbao-Zaragoza.

Días antes, el  ataque a una torreta eléctrica en el camino viejo de Oyón había sido el primer atentado de ETA en La Rioja, que no volvió a sufrir consecuencias tan graves de los atentados de ETA como en 1980, año en el que la banda terrorista asesinó a 93 personas en nuestro país. No obstante, dejó sentir su presencia a través de varias acciones de gran virulencia ocurridas a lo largo de tres décadas, que provocaron graves daños materiales, aunque ninguna otra víctima. La Guardia Civil y, principalmente las casa-cuartel, han sido objetivo prioritario de la organización terrorista. El primer atentado contra un cuartel de la Benemérita se produjo el 12 de diciembre de 1983 en Calahorra, provocando cuantiosos daños materiales, aunque no causó víctimas. 

En la madrigado del 20 de mayo de 1991, un coche bomba con 50 kilos de amosal hizo explosión  frente a la casa cuartel de la Guardia Civil de Casalarreina, donde  dormían un sargento y cuatro números, tres de ellos con sus mujeres (una de ellas embarazada) e hijos, un total de cinco niños. Aunque el edificio no se derrumbó, sus cimientos quedaron tan dañados que hubo de ser apuntalado.

Ese año la banda armada intentó atentar varias veces más en La Rioja. El 9 de agosto, el estallido de un paquete bomba con dos kilos de amonal  en el despacho del control de entrada de la sede del Gobierno de La Rioja -del que era presidente el socialista José Ignacio Pérez- provocó cuatro heridos leves. El paquete estaba dirigido al apartado postal del Ejecutivo y llevaba al menos dos días sobre una mesa en el sala en la que estalló. El día 20 de ese mismo mes, un coche bomba explotó junto a un destacamento de la Guardia Civil en el peaje de la autopista en Lardero, causando heridas leves a un operario. 

En la madrugada del 17 de agosto de 1995, la intervención de policías locales de Arnedo evitó lo que podía haber sido una masacre. Los terroristas colocaron 50 kilos de explosivos en dos mochilas bomba a una decena de metros del acuartelamiento de la Guardia Civil, cuya explosión causó importantes daños materiales en las viviendas del entorno y más de una treintena de  heridos por cascotes y rotura de cristales.

San Bernabé de 2001. Sin duda, uno  de los atentados que más impacto causó es el ocurrido el 10 de junio en 2001, en plena celebración las fiestas de San Bernabé contra la Torre de Logroño. Entre las 5,30 y las 6,00 de la mañana, distintas llamadas telefónicas advirtieron al SOS Rioja y a la DYA de San Sebastián del estacionamiento de un vehículo bomba, comunicantes que no ofrecieron datos concretos de la ubicación, pero sí de las características del coche. La rápida intervención de los cuerpos de seguridad, que acordonaron la zona, impidió que se produjeran daños personales A las 6.30 de la mañana, explosionó el vehículo estacionado junto a la Torre de Logroño,  edificio de 19 plantas con viviendas y oficinas, provocando cuantiosos daños materiales. En total, se registraron 210 reclamaciones en viviendas, 50 en establecimientos y 40 en vehículos.

Este atentado de ETA fue considerado por el Ministerio del Interior como «el más fuerte en daños materiales en los últimos cinco años» precisamente el mismo tiempo transcurrido desde el último atentado terrorista de la banda en Logroño, el 16 de febrero de 1996, en una cafetería también situada en la Gran Vía. En esa ocasión tampoco se registraron daños personales.

Habrían de pasar otros seis años hasta que ETA volviera a intentar a actuar en Logroño. En el corazón de la ciudad, la banda colocó, el 10 de  septiembre de 2007, un coche cargado de 61 kilos de explosivos frente a la sede de la Delegación de Defensa, aunque un fallo en el mecanismo de activación del coche-bomba cargado con 61 kilos de amonal y cinco litros de gasolina repartidos en dos ollas impidió que los terroristas cumplieran su objetivo.

Donde ETA sí tuvo éxito fue en el atentado que perpetró al año siguiente en Calahorra, donde el cuartel de la Guardia a Civil fue, 25 años después, objetivo terrorista en plena semana de dolor. Era  Viernes Santo, 21 de marzo de 2008, cuando, a las dos de la tarde, un  Honda Civic que había sido robado a punta de pistola a una pareja en Álava, y que estaba cargado con dos ollas con 30 kilos cada una de cloratita hizo explosión. El atentado, del que fueron autores Arkaitz Goikoetxea y Jurden Martitegi, integrantes del comando Vizcaya, dejó en Calahorra más de 3,5 millones de euros en daños, 350 viviendas afectadas y más de 100 locales comerciales destrozados aunque, milagrosamente, no provocó ninguna víctima y solo causó heridas leves a un guardia civil.

Fue este el último ataque de lo terroristas en La Rioja que, además de estos, había jalonado sus años de existencia con atentados contra oficinas bancarias, como el Banco Hispanoamericano o el Guipuzcoano;concesionarios de automóviles, como Renault y Citroën en Logroño y Haro;sabotajes en las vías del tren en Torremontalbo; o la sede del PSOE. Incluso una bodega; en noviembre del 2005, ETA colocó una  bomba junto a La Rioja Alta.