Preocupación en el campo por la extensión general del mildiu

Feli Agustín
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La humedad y las altas temperaturas han provocado la proliferación del hongo por toda La Rioja, que no ha hecho sino complicar una campaña ya de por sí exigente

Afección del mildiu en una viña de Rioja Alta. - Foto: El Día


La Sección de Protección de Cultivos de la Consejería de Agricultura, con el patrocinio de la Fundación Caja Rioja y Bankia, convoca  anualmente los Premios Mildiu, que se entregan a la persona que cada año localiza la primera mancha en La Rioja y en los 14 municipios donde hay establecido un puesto anti-mildiu. 
Este año, la detección de la presencia de este hongo ha sido la más temprana desde que hay registros, ya que el 3 de mayo se localizó en dos parcelas de Rioja Baja, en Calahorra y Alfaro;no habían transcurrido 10 días cuando todos los puestos antimildiu confirmaban la extensión general de la enfermedad en La Rioja.
Las extraordinarias condiciones climáticas, de humedad y altas temperaturas, han propiciado «la explosión» de una enfermedad «tan peligrosa» como el mildiu, que se ha extendido como la pólvora.
«Ya llevábamos tiempo advirtiendo de que su aparición y extensión iban a producirse», afirma Abel González, director técnico de ARAG-Asaja, que, no obstante, resalta que la profesionalidad y «el buen saber hacer» de los viticultores está mitigando los daños.
González indica que, tanto las afecciones en racimo como en hoja, se han manifestado de «manera muy severa» en aquellas explotaciones donde los plazos de los tratamientos se han dilatado más allá de lo recomendable. «El tiempo aconsejable, en situaciones de riesgo, es de 10 días», explica el director técnico de ARAG, que argumenta que cuando ese periodo se ha excedido, bien por descuido del agricultor, en los menos casos, o bien porque la lluvia le ha impedido entrar en la viña, la presencia del milidu ha sido más grave. No obstante, avanza que si las condiciones climatológicas son las habituales durante el mes de julio, se podrá responder a la enfermedad de manera satisfactoria.
González explica que las infecciones primarias de produjeron en abril y han afectado de forma más notable a las zonas más dañadas por las tormentas.
 Adrián Martínez, técnico de la UAGR, destaca que en que en una campaña, «en la que llueve sobre mojado», la afección del mildiu en el campo riojano es muy notable,  a pesar de la profesionalidad de los viticultores, que aplican los tratamientos fitosanitarios con la periodicidad que indica el producto, «aunque no es suficiente contra esta climatología tan adversa».


Encarece los costes. El mildiu ha brotado en focos en toda La Rioja, «aunque son todavía controlables», lo que va  «necesitar más manos y el aumento de la periodicidad con la que se aplican los tratamientos», lo que conlleva el encarecimiento de los costes de cultivo. La perspectiva de precios no muy halagüeña, condicionada por la crisis sanitaria causada por la Covid, le hace sospechar al técnico de la UAGR que la «viabilidad económica de las explotaciones está en peligro». Por ello, explica que la Unión de Agricultores ha demandado que el mildiu compute como «una adversidad climática más» y sea amparable por el seguro agrario, al igual que en otras comunidades autónomas.
El director técnico de ARAG-Asaja coincide con su colega de la UAGR en que sería «muy positivo»  que fuera contemplada como tal, porque insiste en el que la mayoría de las fincas afectadas lo han sido por la imposibilidad de los viticultores en acceder a las mismas, «no porque no hayan estado atentos y pendientes» para realizar los tratamientos. 
«Sería conveniente que esas eventualidades estuvieran cubiertas por los seguros», resalta Abel González, que subraya que el agricultor quiere su cosecha «completa y sana»;llevar a buen puerto el esfuerzo y trabajo de todo el año. 
En cualquier caso, Martínez estima, al igual que el director técnico de ARAG-Asaja y José Luis Ramos, jefe de la sección de Protección de Cultivos de la Consejería de Agricultura, que la enfermedad es «controlable», aunque advierte de que si se abandonan los tratamientos y se incumplen los plazos, «es posible que la enfermedad vaya a más y haya gran merma en los rendimientos».
Sea como fuere, los agricultores seguirán mirando al cielo y esperando que sople el cierzo para que  «se seque el exceso de humedad» para que el hongo no se desarrolle, manifiesta esperanzado Martínez, quien, precisamente, destaca, al igual que Ramos, que son las riberas del río, fundamentalmente la del Ebro, las zonas más afectadas por el mildiu. 

 

Mildiu, oidio, botritis y polilla
El mildiu está causada por el hongo Plasmopara vitícola, y ataca a las hojas, tallos y racimos, comenzando desde su interior y se produce de manera periódica;de hecho, el año pasado no se manifestó en las viñas riojanas, al contrario que en 2018. Hasta entonces, el último ataque de mildiu se había localizado en 1998. «No es una enfermedad endémica que se produce todos los años de manera virulenta, al contrario que el oidio», apunta Abel González, jefe de los servicios técnicos de ARAG-Asaja.
El oidio de la vid (Uncinula necator o Erysiphe necator) es una enfermedad que se desarrolla sobre las hojas, brotes y los racimos, produciendo  manchas harinosas blancas y afectando de manera severa a los racimos. «Es una enfermedad endémica, que se produce independientemente de las condiciones climatológicas y  de los tratamientos, sabemos convivir con ella y controlarla», señala el técnico, quien informa de que es en estas fechas cuando, habitualmente, se manifiesta, con la aparición de las tormentas, el descenso de la luminosidad y las noches más frescas.  «Son condiciones ideales para su propagación», apunta González, quien resalta que afecta, sobre todo, a la calidad de la uva.
El control del oidio, que es también un hongo, al igual que el mildiu, se lleva  la principal inversión de los agricultores en tratamientos fitosanitarios.
«Es nuestro principal problema todos los años», señala José Luis Ramos, jefe de Protección de Cultivos, quien afirma que La Rioja es muy «propensa» a sufrir la enfermedad, aunque se juega con la ventaja de que los viticultores la conocen bien y «saben luchar contra ella». El principal problema es que se convierte en vía de entrada para otra de las enfermedades, la botritis, que se detecta al final del ciclo vegetativo  de la uva, en vísperas de vendimias. «Esta enfermedad pudre los racimos y genera compuestos químicos perjudiciales para la fermentación y las características organolépticas del mosto obtenido», señala González.  La botritis suele responder a un ataque previo incontrolado de polilla, a heridas producidas por el granizo sin cicatrizar o a infecciones iniciales de oidio.