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"Pioneros ayuda a jóvenes a ser protagonistas de sus vidas"

Francisco Martín Losa
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Aurora Pérez, presidenta de la Fundación Pioneros durante 15 años, periodista y empresaria, repasa con El Día de La Rioja su trayectoria vital y profesional

Aurora Pérez. - Foto: Ingrid

La vida más rica y solidaria, ha dicho Eladio Caballero, es el compromiso por los demás, es lo que enamora y su rúbrica lo que engancha. Por su sencillez, le perturba asomarse a esta ventana, pero es el prototipo de personajes que busco. Ya no andan detrás de los focos mediáticos, ni están en la carrera de arrebatar un flash a la cámara, pero su trabajo ha calado en la sociedad riojana. Con Aurora Pérez Bañares, 72 años, periodista, empresaria y para construir este relato, 15 años en la Presidencia de la Fundación Pioneros, y dos de vocal, como regalo. Se sabe historias maravillosas de niños, jóvenes y familias, siempre con un sentido convincente que ha puesto en el firmamento su categoría humana, perseverante, todos los kilómetros de la solidaridad y entrega para encontrarse con la persona necesitada y darle una oportunidad. Nuestra protagonista es guardadora de lo mucho que ha hecho por otras causas pero, como Pioneros, ninguna. Y no pone tregua a otras tareas. Lo que hay es un descanso y la familia. Simplemente, un aplazamiento.

 

De primeras, que no para decir que sí. Sin dar tres cuartos al pregonero, Aurora tiene la fortaleza discreta y audaz de una creyente que mueve montañas a favor de los demás. Como le pasó con Pioneros: «Mi comienzo fue  mi participación en  un grupo de opinión;  no tenía ni idea de lo que era Pioneros, pero sabía que existía y ese fue mi comienzo. Me pareció una obra estupenda con unas cosas que, a mí, me sorprendieron. Un día me llamó al teléfono la anterior presidenta, Ana Hurtado, hace ya 17 años, para estar en un grupo, donde se opinaba de todo con un cierto asesoramiento a Pioneros».

Total, que a los dos años, Ana le dice: 'oye Aurora, que llevo diez años en esto y estoy un poco cansada y con un problemilla de salud, tú podías ser mi sucesora y tal…' «Y de entrada, le contesté que no. Había estado en la Asociación de la Prensa 20 años, entre estate quieta y tente tiesa, queriendo algún rato para mí y mi familia. Pasó un asunto muy serio de una amiga que, al final, falleció. Aquello me hizo reflexionar y le dice que sí. Al día siguiente, llamé al antiguo gerente, Javier Navarro, una persona estupenda, trabajadora y todo lo que se diga es poco, que ha estado 25 años en la casa, que le ha sustituido Ana Ganuza, para ponernos manos a la obra. No tenía ni idea y he recibido muchísimo de esta Fundación, también algún disgusto, es normal, porque no todo sale bien. He aprendido de la vida una barbaridad y he disfrutado. Soy como una esponja, todo me encanta. Hay pocas cosas que no me gusten».

Hija, sobrina y nieta única. Desde su nacimiento, un castillo de sonrisas. Todo le sale de corrido, lo que hace, lo que dice, le entusiasma la vida y acepta con gusto todo lo que está por llegar: «Nací en Logroño, en el número 10 de Avenida Portugal, al lado de Radio  Rioja. Mis padres tenían un garaje en el número 6 y se compraron la casa. Mi madre contaba que, cuando vine al mundo, no habían puesto ni la barandilla de la escalera. Fue una pionera. Trabajaba en el garaje con horarios terribles y yo, de pequeñita, le tenía celos al garaje porque me estaba robando a mi madre».

Conforme hablamos, se hace patente que vivió una niñez feliz: «He sido hija, sobrina y nieta única. A mis padres, les encantaban los niños pero mi madre padeció muchos problemas con abortos y todo. Tuvo tres hermanos y ninguno de los tres lograron descendencia, aunque adoptaron a una niña, que yo la traté siempre como una prima carnal. He disfrutado tanto de la vida que la repetiría y eso que mis padres se esforzaron para que no fuera mimosa. En el colegio, mis amigas me lo decían como un piropo y me encantaba que me lo dijeran».

Rodeada de coches por todas partes. El tiempo, que es siempre un juego de gana-pierde, parece decir que no ha cambiado nada en sus años de infantil y adolescente: «Estudié en la Enseñanza, porque mi madre tenía una tía monja, que se llamaba como yo, Aurora, y se empeñó en que fuera a su colegio. Tan a gusto que todas mis compañeras de clase, alguna excepción la hay, salimos encantadas de aquella época, marca de la casa. Hoy es gente muy preparada, luchadora, con cargos importantes, que ha triunfado en sus profesiones».

Se explica con tanta precisión que las cosas suceden y  transcurren muy claras: «Mi padre, con sus hermanos, tuvieron la línea de autobuses de Badarán, San Millán y toda esa zona y la familia de mi madre gestionaba Entrena, Navarrete y Sojuela. Rodeada de coches por todas partes, mi padre me solía decir que tenía que haber nacido encima de una rueda».

No quería ser empresaria. Cada vida, sin embargo, debe dejar al personaje su verdadero espacio para decidir: «Tenía claro que no quería ser empresaria y, sin embargo, hice un curso en Madrid sobre la presencia  de mujeres en los consejos de administración y en una entrevista me preguntaron si me consideraba empresaria y respondí que no, rotundamente no. Cuando finalizamos, me volvieron a decir 'tú eres una empresaria de raza, lo has mamado, tus abuelos empresarios y de parte de tu padre y tu madre'. «En Arenzana, mi padre tenía viñas y uno de mis abuelos era un negociante impresionante».

Nuestro personaje echa atrás la moviola de la historia y recuerda el paso de su familia por las Américas, por México, en busca de fortuna pero, al cabo del tiempo, se volvieron a casa porque podía más la moriña: «Todos han sido muy emprendedores y no te digo mi marido y mis hijos. Todos son empresarios». En Aurora, persuasiva, en el ranking de sus prioridades, la vocación no miente: «Quería ser periodista».

Salir y ver mundo. Me viene de perlas esta etapa, para meterse de lleno en su trabajo en Pioneros; pero no adelantemos acontecimientos. «Siempre me ha tirado el periodismo y encajaba en mis deseos de irme de Logroño una temporada. A mí me ha gustado mucho salir y ver mundo. En el colegio, si había que hacer alguna redacción, me elegían siempre y no se me daba mal. Una de mis aficiones es la comunicación y, si hay algo que decir, ahí estoy para trasladárselo a los demás. Ejercer, pues no, alguna cosa cuando estabas en la Dirección de La Rioja pero no como profesional. Bastante he tenido en casa, con mi marido y, fíjate, que al principio, mis amigas me daban envidia, sobre todo, mi amiga María José Sánchez Lerchundi, que ha  trabajado 30 años en Radio Nacional y luego en el Ojo Crítico. Me daba un poco de envidia pero, echando la mirada atrás, no me arrepiento».

La estancia en la Universidad de Navarra le vino muy bien, satisfecha de lo pretendido. «En Pamplona, muy contenta. Después de lo que había oído de la Obra, la Facultad de Periodismo fue un oasis de libertad y venían a dar clases todo tipo de personas y de ideologías. Te encontrabas con uno que era proclive a ETA y otro, más cerca al PSOE. En mi casa, mi padre, republicano y mi madre, cerca de los falangistas, y no he visto nunca jamás que se metiera el uno con el otro».

 

Su proyecto de vida. Hay maneras de pasar a la historia más aparatosa. Aurora se abrió camino con toda naturalidad. Terminar la carrera y casarse:  lo pensó y lo realizó en un santiamén: «Acabé periodismo en julio y me casé el uno de agosto. Era novia de Pepe desde los 16, estábamos separados porque estudiaba aparejador en Burgos y era una vida de ir, venir y trajinar».

Pepe estuvo con su padre en la carpintería, pero quería estudiar y hay que echarle ganas, sacrificio y pundonor. «Con veintitrés años sacó el certificado de estudios primarios, luego, delineante, maestro industrial y el curso preparatorio para la Universidad, se lo curró por la noche, sin faltar ni un día al trabajo. Pepe estaba en tercero de aparejadores, sin repetir ningún curso y nos fuimos a vivir a Burgos un año, vine embarazada del viaje de novios y, hala, nos quedamos en Logroño». El marido de Aurora volvió un tiempo con su hermano Paco y vio que le tiraba la construcción.

Un grupo familiar. Se ha metido de siempre, sin caer en la soberbia, en los negocios de su marido, participando en lo que ha podido, dispuesta, sin un reproche ni cansancio. «Las cosas nos han ido bien y la constructora Aransa cumplirá 50 años de vida el próximo 2023. Primero, con un socio, luego nos separamos y nos quedamos el matrimonio. Pepe comenzó a hacer mil cosas y llegó el nacimiento de los hijos, que es lo mejor que me ha sucedido en la vida. La maternidad gratifica mucho y, aunque han venido complicaciones en mi vida, no me volvería atrás de nada. Todo me ha beneficiado para aprender y para cambiar, como persona, a mejor».

La empresa de la construcción y el mundo vinícola cumplen todos los estándares de los manuales que se exige a un grupo familiar. «Mi hijo Josemi es ingeniero de Caminos, luego el IESE y lleva todo lo que es promoción y construcción. Ricardo, que era lo que gustaba, más comunicativo, a mi estilo, se licenció en Administración y Dirección de Empresas en ESADE, gestiona las bodegas Vintae, y Patricia también colabora. Después de aquel terrible accidente, fue progresando e hizo Jardín e Infancia en Pamplona, estuvo en una guardería, se casó con un argentino, Pablo, que es un excelente yerno y cuida muy bien a sus hijos. Tengo unos nietos, no es amor de abuela, tengo dos regalos de Dios. Mis hijos son unos emprendedores natos y, como dice, de casta le viene al galgo».

 

Creyente y con fe en la gente. Aurora, que solo tiene 72 años en el DNI, ha sabido guardar sus tormentas, trabajar siempre, atenta a la perseverancia y ha empujado todos los proyectos empresariales que le han tocado: «Colaboro con mis hijos en lo que me piden, con esa visión que tenemos las mujeres que, entrando más suave, se consigue mucho más. Tenemos la suerte de ser una familia sin grandes ambiciones, que vivimos bien y hemos pasado momentos complicados de salud con el ictus de mi marido pero lo hemos ido superando. Es muy duro y eres consciente de que te ha pasado lo mejor de lo peor que te hubiera podido pasar, con 10 años en una silla de ruedas y hay una cosa buena: en febrero va por 14 años y va saliendo, está muy bien, después de unas temporadas horribles, pero hay que estar».

 A lo largo de su vida ha sabido gestionar lo que le ha venido encima: «Soy creyente, creo profundamente en Dios y, además, ha sido muy bueno conmigo y mi familia. Malos ratos se han pasado, sobre todo, con mi hija y mi marido y al final, haces balance y eres una persona privilegiada. Me sigue cuidando el de arriba a diario. He conocido a gente buena y, los que tenemos fe en la gente, atraemos el polo de la buena voluntad. Pepe y yo hemos sido siempre juntos. La empresa ha construido en Brasil, en México, en Portugal, tenemos delegación en Palma y tenemos en Canarias. He aprendido y he visto admirar al empresario. La gente no trabaja solo por dinero, sino que también crea riqueza y puestos de trabajo. Levantar una empresa es meterte en más líos, te complicas la vida y eso no va en beneficio de tu propio ego».

Una entidad, cien por cien riojana. Damos un salto en el mapa del devenir de Aurora Pérez. Ya no es el análisis de lo que hay que hacer sino de lo que es y será Pioneros. «Lo importante es que sólo es y está en La Rioja esta institución y en beneficio de los riojanos. Si educas a los jóvenes, sobre todo, les das una oportunidad a los que han cometido un error o se han saltado no sé qué, resulta que estamos construyendo una sociedad mejor. El fundador, que mantenía mucho contacto con el padre Rafael Ojeda, hizo una labor estupenda, aquí están sus 53 años de existencia. Su objetivo era la educación en la calle, los 'ninis" de ahora, que los recogían. Lo que trataba era reconducir a estos adolescentes, un poco perdidos, trabajando con niños, niñas, adolescentes y familias, muchas llegadas de otros países, para ofrecerles nuevas oportunidades, a través de la prevención, la educación y alternativas sociales de tiempo libre, programas, talleres o campamentos».

Para Aurora, es como una declaración, desde la espontaneidad: «Pioneros tiene, como misión principal, ayudar a muchos jóvenes a sentirse protagonistas de su propia vida. La mayor parte de los menores, que acceden al programa de prelaboralidad, vienen derivados del Servicio de Medidas Judiciales en Medio Abierto con la obligación de integrarse en un recurso educativo, adecuado a su perfil con libertad vigilada, tareas socioeducativas y prestaciones en beneficio de la sociedad, fomentando la incorporación laboral de este colectivo».

Aquí no hay racismo. Las cifras son más elocuentes que las palabras: en 2020, pasaron por Pioneros unos 1.300 jóvenes, la mayoría en el ámbito de la Educación y se atendieron a 185 familias: «Con el tiempo, se ha producido un gran cambio. Al principio, eran jóvenes de la marginalidad y de familias con grandes carencias. Ahora llegan de cualquier condición social y la mayoría necesitan una atención más personalizada. Se ha pasado de tener muchas carencias materiales a las carencias afectivas, porque no tienen a nadie que pase tiempo con ellos. Muchos padres hacen un esfuerzo y no llegan por sus ocupaciones laborales. Aquí no hay racismo, ni nadie es más que nadie».

La presidenta, que deja su cargo después de 15 años, es resolutiva y, sin asomo de duda, no pone en tela de juicio lo mucho que resta por hacer: «Cuando entré, Pioneros era asociación, después se convirtió en fundación por razones fiscales y, poco antes de asumir la Presidencia, los educadores, que eran todos voluntarios, se les incorporó como trabajadores con nómina, gente con una preparación excelente y su preocupación es la persona. Para los educadores, el joven es sagrado. El juez de Menores les asigna a los chicos y chicas una labor comunitaria en un tiempo determinado. Nuestros educadores la reparten y, si creen que han cumplido, los remite al juez, que es quien tiene la última palabra. También van a institutos».

La estancia en Pioneros suele ser de dos años. Tenemos, por ejemplo, un programa que se denomina 'Educándonos', en el que  la gente va voluntariamente y los participantes están tan contentos que vienen hasta sus amigos. La educación que se da es equiparable a la que han recibido mis hijos y mis nietos».

Nueva sede en la calle Beti Jai. Aurora defiende Pioneros con argumentos y se moja por lograr lo mejor, sin titubeos ni descanso. «Antes estaba en dos sitios y convivir todos juntos, ahora en este inmueble de la calle Beti Jai, es una bendición de Dios, cedido por el INSS, que tiene su historia, con la participación de la exministra Fátima Báñez, de quien dependía ese organismo. Después de una larga historia, contacto con ella, la llamo, le planteo la posibilidad de comprarlo, porque estaba vacío y me contesta que no hay nada que hacer porque en el INSS se prohíbe la venta de sus inmuebles».

Esta mujer es perseverante hasta lo imposible. «Un día, haciendo la agenda para saludar a las autoridades, nos toca Nacho Pérez, que era entonces delegado del Gobierno central en La Rioja, y le contamos, entre otras cosas, que Pioneros nunca ha tenido sede. Por concretar, tenemos una que nos cedió el Ayuntamiento de Logroño, 'La Oca', junto a la iglesia de Santiago, pero no sirve para oficina con los chicos dentro. Al tiempo, suena el teléfono fijo de mi casa. 'Aurora, soy Nacho Pérez -a mí, siempre me ha caído muy bien-y me dice: te voy a dar una buena noticia, la ley ha cambiado y podéis disponer de ese local'. La alegría fue inmensa y nos hemos hecho con una sede, donde estamos todos juntos y sólo pagamos los gastos. Por supuesto, nuestro mayor agradecimiento. Va a ser el nacimiento de un Pioneros diferente y estoy encantada de haber contribuido a este gran logro».

Objetivo cumplido. Tiene algo de astróloga, que no necesita mirar al firmamento para saber por dónde andan las estrellas, que ve las cosas con los ojos cerrados y va a cerrar una etapa: «Estamos a la espera de que el Protectorado de Fundaciones nos corrobore el ok para dar el paso a Rafael Gil González, que lleva colaborando 25 años con Pioneros y entregarle el testigo. Es una persona extraordinaria y, como abogado, nos resuelve todas las dudas jurídicas. Me voy contenta por haber dedicado unos años de mi vida a los jóvenes, dando entrada a personas muy entregadas y, en mi mandato, he tratado de gestionar con la mente abierta y todos me han dado más de lo que yo he podido aportar».

Aurora ha llevado Pioneros, junto al Patronato, con capacidad de emprender, con el entusiasmo y eficacia que se unen en su persona. Ha sido capaz de nadar y guardar la ropa. De entrar en las teorías y en los conceptos y volverse luego con la solución debajo del brazo. Es de los Amigos de San Millán, ha participado en su junta; de Amigos de La Rioja; y ha sido presidenta del colegio de La Enseñanza. «Soy de todo lo que no se cobra, me llaman, siempre estoy dispuesta y me gusta».

Le tira el alma de periodista y estar al día, informada. Es muy creyente, lo que se dice, desde su nacimiento y tiene en mente muchas cosas. Aplica el catecismo de la generosidad y de dar respuesta a las necesidades. En la conversación, no pone distancias sino que promueve amistad. Le ha echado valor a la vida, es un ser muy humano, una riojana de cuerpo entero, de alma entera y es mujer de buen agüero.

A mí, contar esta historia, me ha resultado una hermosa aventura. Las cosas quedan así.