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"Mi prioridad era la convivencia"

EFE
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El expresidente Felipe González rememora su gran victoria en las elecciones generales de 1982 y subraya que su reto cuando llegó al Gobierno fue mantener el espíritu de consenso logrado entre todas las fuerzas para sellar la democracia

El antiguo jefe del Ejecutivo socialista posa junto al logo que identificaba a su partido a comienzos de los años 80 - Foto: EFE

En octubre de 1982, el ruido de sables todavía no se había acallado en España. La joven democracia española seguía dando pasos adelante a pesar de todos los empeños por echarla a la cuneta de la Historia y hacía falta tacto y mucho sentido de Estado para mantener aquel soñado equilibrio con el que se buscaba pasar página definitivamente a los años de dictadura franquista.

En ese contexto de cambio llegó el aplastante triunfo electoral del PSOE -tal día como hoy hace 40 años- cuando Felipe González condujo a su partido a una mayoría absoluta impensable actualmente con 202 escaños. 

Luciendo una lustrosa cabellera canosa a sus 80 años, el expresidente recuerda aquella fecha, asegurando que la prioridad número uno a su llegada al poder en 1982 fue mantener la convivencia para que «no volviéramos a las andadas», ya que estaba y está convencido de que, sin ella, todo hubiera resultado «superfluo, reversible e inútil».

Cuando aquella noche se confirmó que el PSOE había superado la barrera de los 200 diputados y que sería el encargado de formar el primer gobierno de izquierdas desde la II República, González reconoce que se sintió «abrumado». «Por eso priorizaba por encima de toda la convivencia, porque veníamos de acontecimientos que intentaban romperla una y otra vez. Lo primero era la convivencia democrática para vivir en libertad y en paz».

El expresidente explica que las expectativas de la sociedad española eran una contradicción entre «entusiasmo y temor».

«El peso de nuestra Historia venía marcado por una convivencia una y otra vez frustrada. El 27 de octubre ya estábamos advertidos de que habría un intento de golpe de Estado, pero es que veníamos de otro golpe en febrero de 1981. Y para colmo ETA agitaba lo peor de su sentimiento perverso, asesinando y buscando interrumpir el proceso».

Felipe González, que vuelve una y otra vez a hablar de convivencia, recuerda una conversación con una mujer mayor tras el 23F que le pidió: «Si tenemos que repartir el mendrugo de pan, hagámoslo, pero volver a lo que nos pasó, nunca más. Es la definición de la convivencia como prioridad», recalca.

Al echar la vista atrás, advierte que el mayor esfuerzo en aquel tiempo era «que no volviéramos a las andadas» y por ello se muestra especialmente satisfecho de los avances en las consideradas "grandes cuestiones históricas" pendientes en la sociedad de entonces:

El papel de los militares en la política, el clericalismo-anticlericalismo, la división social y la descentralización política. «La reforma militar se hizo y hoy -dice- tenemos unas Fuerzas Armadas con un enorme prestigio. Y en la cuestión religiosa se avanzó muchísimo».

En cuanto a la división social: «Construimos una sociedad amplia de clases medias, media-media, media-baja, media-alta. Pero no digo que yo las definiera así, sino que la gente se consideraba así».

Ese esfuerzo por consolidar la democracia, hacerla irreversible, fue lo más importante, según González, que recuerda que, antes de 1977, «de la transición que protagonizó Adolfo Suárez», el país venía de una largo pasado de falta de entendimiento entre españoles. Habla entonces del papel del Rey, Juan Carlos I. «No estoy dispuesto a olvidar la inmensa contribución que para el paso de la dictadura a la democracia y en el proceso de consolidación hizo Don Juan Carlos, y lo digo sin ser monárquico».

Modernización

Sus 13 años de Gobierno supusieron la modernización del país, término que, no obstante, el expresidente matiza: «Modernización sí, pero no era una modernización cualquiera, sino con sentido de inclusión social y desarrollo de los valores socialdemócratas». «A mí se me identifica con la modernización de España, pero se refieren a las infraestructuras. Estuvimos diez años modernizando el país: comunicaciones, telecomunicaciones, energía y agua».

También destaca la puesta en marcha del Estado de las Autonomías como reconocimiento a la España plural, aunque admite que «no tenía ningún interés en precipitarlo». «Sobre todo quería evitar, y reconozco que eso no lo conseguí, que se confundiera descentralización política con centrifugación del poder».

Cuando el PSOE ganó las elecciones del 82, Felipe González tenía un proyecto de país que pasaba por «romper el aislamiento de España» y lo primero que trató de hacer fue romper la barrera psicológica que separaba al país de Europa. 

Felipe González permaneció en el Gobierno trece años y medio y cree que, al terminar esa etapa, dejó una sociedad mejor; «podría haber sido incluso mejor -reflexiona- pero algunos de los fallos que cometimos fueron que, trece años después de llegar al Gobierno, no supimos que la sociedad a la que le hablábamos era otra y no supimos hablarle a la nueva sociedad».