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Tutankamón, el faraón enigmático

Javier Villahizán (SPC)
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El 'rey niño' pasará a la Historia como el monarca perfecto, porque a pesar de gobernar durante solo 10 años se convirtió en un referente de la civilización de las pirámides gracias a Howard Carter, un arqueólogo que lo 'resucitó' hace ahora un siglo

Máscara de Tutankamón. - Foto: Oficina de Promoción Turística de Egipto vía EFE

Nadie hubiese imaginado que un faraón niño que ha gobernado tan solo 10 años en un imperio que se dilató en el tiempo casi 3.300 años y 30 dinastías acabara siendo el soberano más reconocido del Antiguo Egipto, con permiso de deidades como Keops, Hatshepsut, Ramsés e incluso Cleoplata. Pero lo cierto es que el rey Tutankamón es hoy en día, gracias al arqueólogo Howard Carter que le descubrió, el faraón más famoso del imperio de las pirámides.

Pero, ¿quién fue realmente Tutankamón? ¿Por qué lideró esta superpotencia del norte de África a la corta edad de 10 años?, y lo más importante ¿por qué y de qué murió el joven monarca?

Cuando el 4 de noviembre de 1922 el británico Howard Carter localizó por azar la tumba de Tutankamón oculta por las arenas del desierto, descubrió uno de los hallazgos arqueológicos más fascinantes de la Historia. 

Howard Carter durante los trabajos de investigación de la tumba de Tutankamón, en 1922.Howard Carter durante los trabajos de investigación de la tumba de Tutankamón, en 1922. - Foto: Oficina de Promoción Turística de Egipto vía EFECarter había encontrado una casa de la eternidad, es decir, un templo intacto de un rey con todo su ajuar, más de 5.000 piezas únicas. Por eso, el rey Tut se ha convertido en uno de los soberanos más respetados y estudiados del Antiguo Egipto.

Además, el momento del hallazgo posee cierto halo de suspense. Todo empezó cuando el 1 de noviembre un niño de 10 años llamado Husein Abdel Rasul, que surtía de agua a los trabajadores, tropezó con el primer escalón que daba a la tumba. Tras ese traspiés y tres días de trabajo, los empleados encontraron grabado un cartucho con el nombre de Turtankamón, el faraón que hasta entonces se había movido entre el mito y el misterio.

Días después y ya con el mecenas del arqueólogo en el lugar, lord Carnarvon, se procedió a abrir la antecámara que guardaba la momia del faraón niño junto con los tesoros. 

En ese momento, el benefactor, incapaz de ver nada detrás de Carter y aturdido por la impaciencia le preguntó: «¿Puede usted ver algo?», a lo que fue respondido por unas palabras que ya han pasado a la historia: «Sí, cosas maravillosas».

Desde entonces, la figura de este faraón ha fascinado al mundo como fruto de multitud de libros, películas y documentales sobre la vida del faraón niño.

La bella Nefertiti

Pero la gran pregunta que siguen haciéndose expertos y egiptólogos hoy en día sobre el pequeño monarca es quién era realmente este príncipe.

Según los historiadores, Tutankamón surge tras el reinado de  Amenhotep IV (de 1353 a. C a 1336 a. C), también llamado Akenatón, un soberano que instauró el culto monoteísta al dios Atón,

Este revolucionario gesto hizo relegar a los sacerdotes como los intermediarios legítimos con los dioses en favor del rey, lo que provocó que Akenatón se granjease numerosos enemigos.

Akenatón tuvo como esposa a la bella Nefertiti, una de las reinas egipcias más famosas. Pero, además, el monarca tuvo otra mujer, menos conocida y de nombre Kiya. Se cree que Kiya pudo ser de origen extranjero, siendo su matrimonio de conveniencia fruto de relaciones diplomáticas. De hecho, algunos investigadores sospechaban que Tutankamón sería el hijo que tuvo Akenatón con esta segunda esposa. Sin embargo, los últimos estudios de ADN al rey niño aseguran que Tutankamón fue fruto de un incesto, una unión entre hermanos o de la relación entre Akenatón y algunas de sus hijas, algo que era más usual de lo que se suponía entre las familias reales del Antiguo Egipto.

Al morir Akenatón en 1336 a. C su puesto fue ocupado por Anjjeperura Semenejkara. La identidad de este faraón es un misterio, creyéndose que pudiese ser un hermano o hijo de Nefertiti o incluso la misma soberana adquiriendo una personalidad masculina. 

Después de este breve mandato, el país se sumió en una etapa caótica. La idea de los sacerdotes era recobrar el culto politeísta y que mejor estrategia para ello que colocar a un niño en el trono que pudiese ser manejado a su antojo.

Y así es como con tan solo 10 años, el joven Tutankamón se convirtió en el nuevo faraón, dando continuidad a la XVIII dinastía.

Un final precipitado

Durante su corto reinado, Tutankamón abordó varias cuestiones claves, como una modificación de la  religión, una reforma administrativa o mantener las fronteras del imperio. Sin embargo, su muerte prematura, con  apenas 20 años, dejó otro gran vacío en Egipto. 

No debe olvidarse que Tutankamón fue fruto de la endogamia real y que el joven rey tenía diversos problemas físicos, como un pie equinovaro y una enfermedad de los huesos que debía producirle un fuerte dolor al andar.

A pesar de ello, la causa de la muerte sigue siendo un misterio, aunque la teoría más aceptada es que falleciese como consecuencia de una epidemia de malaria.

Con un reinado tan corto y sin grandes hechos que le hicieran pasar a la Historia, hubo que esperar a que a finales del siglo XIX un joven arqueólogo británico realizase uno de los descubrimientos más sorprendentes de la Egiptología, y así volver a poner a Tutankamón en las páginas de la Historia como un faraón perfecto que pasará a la posteridad por su admirada máscara funeraria de oro, un elemento que los egipcios consideraban la carne de los dioses.

La maldición del Valle de los Reyes

Existe todo un halo de misterio y superstición en torno a todo lo relacionado con el Antiguo Egipto, desde confabulaciones cósmicas o extraterrestres hasta maldiciones de diferente tipo. Precisamente una de esas profecías se refiere a la supuesta profanación de los lugares santos del Antiguo Egipto, así como al sacrilegio de los mausoleos de sus faraones o a las posibles actuaciones arqueológicas en el entorno de las pirámides, lugares de enterramiento de los reyes.

Una de esas leyendas tiene lugar con la tumba de Tutankamón, en pleno Valle de los Reyes, que asegura que todo aquel que se acerque a ese lugar morirá. Así, una vez que el equiptólogo Howard Carter descubrió el enterramiento del rey Tut, hubo una serie de personas relacionadas con ese hallazgo que acabaron muriendo. El caso más famoso es el de lord Carnarvon, el mecenas que financió la excavación, que falleció tras ser picado por un mosquito en la mejilla después de afeitarse e infectarse la herida.

A la muerte de Carnarvon le siguió la de su hermano, Aubrey Herbert, que fue también testigo del descubrimiento. Tampoco se salvó el hombre que dio el último golpe al muro que blindaba la cámara donde se encontraba el sarcófago ni el que radiografió el sarcófago. Cuentan que al ir a hacer la autopsia, a la momia le encontraron una herida en la misma mejilla donde a Carnarvon le picó el mosquito.

La creencia de la maldición de Tutankamón se fue haciendo cada vez más sólida, y los periódicos sensacionalistas del momento difundieron la leyenda a lo largo de la década de los años 20, llegando así hasta nuestros días. El éxito de tal creencia se atribuye a la imaginación de Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes.

Pero la historia se repitió, dicen los seguidores de esta teoría, cuando en 2012 un virus transmitido al ser humano a través de dromedarios avanzaba por Oriente Próximo, se trataba del MERS, causado por un coronavirus propio de los murciélagos que habitan las tumbas egipcias. De nuevo, la leyenda maldita faraónica tomaba fuerza.