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Un futuro verde y maduro

El Día
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El Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino aporta sustrato científico al proyecto de Enorregión y lidera investigaciones que ayudan al sector a encarar los retos del cambio climático y los requerimientos de sostenibilidad

Enrique García-Escudero, con miembros del equipo de investigación VitisGestión, en las instalaciones del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino, en el complejo de La Grajera. - Foto: Ingrid

El vino es un sector maduro, que en La Rioja marca el ritmo económico, social y hasta cultural, y verde, por su apuesta por la sostenibilidad. El juego de palabras resume la filosofía con la que la vitivinicultura encara un futuro condicionado por el cambio climático y los requerimientos medioambientales, un aspecto muy relevante en la esencia de Enorregión, uno de los cuatro proyectos tractores con los que el Gobierno de La Rioja quiere impulsar el desarrollo de la Comunidad, en el contexto de los Next Generation EU.

La Rioja se postula, con Enorregión, como referente mundial en el mundo del vino, líder en producción vitivinícola de calidad , polo de generación de conocimiento y reclamo nacional e internacional de enoturistas. En este proyecto, el cometido de investigación, innovación y adaptación a los cambios, y la transferencia de ese conocimiento a agricultores y bodegas tiene como uno de sus principales agentes al Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV), un puntero centro de generación de conocimiento que ha cumplido ya una década de vida, apadrinado por el Gobierno de La Rioja, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de La Rioja.

«En todos nuestros trabajos de investigación, tanto en viticultura como en enología, la sostenibilidad tiene un componente muy importante», comenta el vicedirector del ICVV y jefe del Servicio de Investigación Agraria y Sanidad Vegetal de la Consejería de Agricultura, Enrique García-Escudero, que aclara que este enfoque se aplica de forma transversal, tanto en la parte de viticultura como en la de gestión de técnicas de cultivo. En esa nueva visión que tienen investigadores y productores, la búsqueda de la calidad en la uva y el vino ya no se limita solo a parámetros como la madurez o la sanidad del fruto, sino que se buscan también el respeto al medio ambiente, la tipicidad y los productos saludables y seguros.

El catálogo de proyectos de investigación que ocupa al centenar de profesionales que trabajan en el ICVV es amplio, con líneas que abarcan desde el impacto del cambio climático en el viñedo, a la mejora de variedades, las prácticas de cultivo sostenible, la elaboración de vinos ecológicos, la biotecnología, la viticultura de precisión o la nutrición, entre otras.

 

Alternativas a herbicidas. Desde el grupo VitisGestión, que coordina la doctora Alicia Pou, por ejemplo, se buscan alternativas a los trabajos tradicionales de laboreo y al uso de herbicidas para el mantenimiento de las viñas a base de cubiertas orgánicas, para las que se utiliza paja o sustrato postcultivo de champiñón, aunque también los arados intercepas.

Como explica García-Escudero, además de prescindir de herbicidas y del laboreo clásico, las cubiertas orgánicas actúan como sumidero de carbono, mejoran el aporte de agua al suelo y a la vid y ayudan a la biodiversidad, al favorecer la microfauna y microflora. Otro aspecto sobre el que investigan en el ICVV es el material vegetal, con varios equipos que estudian las particularidades de la genética de la vid. El objetivo es analizar los genes y sacarle partido a las diferencias de variedades y clones en aspectos como la maduración o la tolerancia a enfermedades.

Las variedades se comportan de manera diferente, pero los investigadores del instituto, que asienta su sede en el paraje logroñés de La Grajera, junto a la Bodega Institucional del Gobierno regional, también encuentran particularidades en la diversidad intravarietal. Aunque la uva reina en Rioja es el tempranillo, hay 30 clones diferentes de esa variedad que maduran con una diferencia de tres semanas entre la más precoz y la más tardía, una constatación que resulta muy útil al afrontar las consecuencias del cambio climático, detalla Enrique García-Escudero.

En ese horizonte, distintos equipos abordan cuestiones como la gestión integrada de plagas, con bioherramientas y modelos de predicción, entre otras del oidio de la vid. O la viticultura de precisión, que permite aplicar herramientas para generar datos que ayudan al tratamiento selectivo de las viñas, y que tiene su propio grupo, Televitis, dirigido por el doctor Javier Tardáguila. Hay investigaciones que se centran en el análisis foliar, para valorar el nivel nutricional del viñedo y diseñar planes de abonado, y otras que se enmarcan en un proyecto de ámbito europeo, como es Poctefa, en el que están implicados España, Francia y Andorra, y que incide en propuestas de adaptación al cambio climático. Los estudios han permitido, por ejemplo, demostrar la eficiencia del uso de mallas de sombreo sobre todo en racimos de la variedad graciano, muy sensible a los golpes de calor, un ensayo con el que colaboran cinco bodegas. Esta labor investigadora, junto con la desarrollada de forma paralela por otros agentes destacados, como la Universidad de La Rioja y la Estación Enológica de Haro, constituye un sustrato científico y de sostenibilidad clave en el proyecto de Enorregión.

 

Transferir conocimiento. Más allá de publicaciones científicas y congresos, los investigadores del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino tienen claro que sus trabajos deben tener una aplicación directa en el campo y en las bodegas. Ese trasvase del conocimiento al sector productor y elaborador privado se verá reforzado con la puesta en marcha de una oficina de transferencia de resultados de investigación (OTRI) en enología y viticultura, que empezará a funcionar el 1 de enero de 2022, con tres personas al frente. Esa Unidad dependerá de la Consejería de Agricultura y Ganadería del Gobierno de La Rioja, aunque en gran parte se nutrirá de la transferencia de conocimiento generado por el ICVV.

 

En busca de los mejores genes. La búsqueda de las diferencias genéticas de las distintas variedades de vid tiene una herramienta fundamental, que es el banco de germoplasma, uno de los 'tesoros' del ICVV, que guarda 1.700 biotipos de variedades de uva que se cultivan en la Denominación Rioja, algunos procedentes de viñas ya desaparecidas. El material conservado procede originalmente de 162 parcelas de 52 municipios de la DOCa Rioja. Los trabajos de prospección comenzaron en 1999 y el material vegetal recogido se plantó en la finca institucional de La Grajera entre 2001 y 2008. Con el mismo fin de preservar el patrimonio genético de la vid, el ICVV dispone de una Colección de Variedades, con más de 500 muestras.