Corto sin barreras

M. A. G-S.
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Intercambio, del logroñés César Rodríguez-Moroy, finalista del concurso 'confinado' Notodofilmfest que se falla estesábado

César Rodríguez-Moroy, director e intérprete de Intercambio. - Foto: Victoria Manzanares

Xavier de Maestre se pasó encerrado 42 días en la ciudadela de Turín y alumbró en 1794 como quien no quiere la cosa Voyage autour de ma chambre, obra maestra de la muy en boga literatura del confinamiento. Con la mitad de la población en arresto domiciliario (el nuestro acabará en junio pero después comenzará un restrictivo tercer grado), las propuestas culturales para sobrellevar esta forzosa e involuntaria reclusión se han multiplicado en los dos últimos meses. De las últimas en llegar ha sido la Yincana de cine confinado, apadrinada por Javier Fesser para notodofilmfest.com. 
El director madrileño algo sabe de cine de urgencia y de pequeño formato. Antes de parir Campeones, un blockbuster español en toda regla, alumbró en 1995 El secdleto de la tlompeta, corto irreverente y surrealista, heredero directo de Aquel ritmillo.
Ahora se pone delante de las cámaras para juzgar las mejores propuestas de esta yincana cinematográfica parida en plena fase 0 de la desescalada a una nueva normalidad que, de momento, promete mucha creatividad para degustar en las pequeñas pantallas.
Desde finales de abril y principios de mayo, Yincana de cine confinado ha recibido 950 cortometrajes, rodados en menos de 49 horas y cuya temática estaba sujeta a unas estrictas reglas de obligado cumplimiento: los guiones debían responder a un supuesto, contener una condición y añadir un detalle.
A estas premisas se atuvo César Rodríguez-Moroy (Logroño, 1976), arquitecto logroñés cuya propuesta Intercambio ha resultado una de las 18 finalistas para un concurso que se fallará mañana. Estar en la selección final ya es un premio, aunque dos de estos metrajes pasarán a la final del celebérrimo notodofilmfest, concurso dotado con 8.000 euros de premio.
Intercambio nació en la madrugada del sábado y se hizo carne el domingo 3 de mayo, cumpliendo sobre la bocina con el escrupuloso deadline marcado por el festival y que empezó a correr el Primero de Mayo, fecha en la que se conocieron las ‘barreras’ argumentales para la realización de dichos filmes de mínima duración.
«La idea era hacer un corto en stopmotion pero ninguna de las ideas me convencían», explica el padre de la criatura. «Pensé en abandonar pero la idea final se me ocurrió de madrugada, cogí el móvil (un Samsung Galaxy S7), lo grabé y lo mandé casi en el tiempo de descuento», rememora. El resultado no debió ser tan malo cuando se convirtió en el finalista de la segunda convocatoria.
Fueron los finalistas de la primera convocatoria (cortos rodados entre el 24 y el 26 de abril) los que impusieron las premisas temáticas que debían cumplir los nuevos aspirantes. Se propusieron tres supuestos (un viaje, nos hemos quedado sin agua y somos libres) de los que había que elegir uno. Además se establecían tres condiciones (no hay diálogos, hay un viaje y algo sucede a cámara lenta), al menos una de las cuales tenía que aparecer en una trama que debía añadir al menos uno de estos tres detalles: sale o se escucha un bebé, alguien abre y cierra un grifo tres veces seguidas o bien brilla una estrella.
Sin ánimo de spoilear, Intercambio parte de un supuesto viaje en pleno confinamiento. Este viaje es parte de una condición en la que, además, no hay diálogos y, encima, existe la amenaza latente de un inconsolable bebé. De regalo incluye un detalle extra, un grifo se abre y se cierra tres veces.
El cortometraje es, además, un do it yourself en toda regla. El arquitecto logroñés dirige, produce, guioniza e interpreta a Alberto, «que decide intercambiar su piso en pleno confinamiento». Lo único que no es suyo es la música. 
César Rodríguez-Moroy coprotagoniza Intercambio pero, atención spoiler, quien verdaderamente se come la pantallas es el céntrico piso que ocupa en Calvo Sotelo donde tiene lugar esta imaginativa comedia.
Intercambio, cortinillas incluidas, no llega a los dos minutos pero es un regalo. También lo son, en su opinión, Quarantine Melody, un divertidísimo musical que huele a premio seguro, o Casi, finalistas de la primera convocatoria. 
Los dieciocho cortometrajes con ingeniosos, frescos y actuales. Son cortos domésticos, pero no siempre precarios. Es cine contingente, cine necesario para esta eterna cuarentena. Su visionado dura menos de cuarenta minutos. Hay episodios de series rodadas con muchos más medios que no duran tanto y, por supuesto, entretienen menos. 

Planos, cómics y cortometrajes
Estudio arquitectura a caballo entre Las Palmas de Gran Canaria y Barcelona, donde vivió década y media, pero la gran vocación de César Rodríguez-Moroy (Logroño, 1976) es la creación artística.
Compaginó su vocación profesional con los cómics, su primer afición. De ahí pasó al cortometraje. Su debut llegó con La última página (2005), protagonizada por Unax Ugalde en el que, como sucediera en Kill Bill, se alternan imágenes filmadas con fotogramas dibujados. Esta obra recibió una docena de premios. Después llegó Lo mismo de siempre, corto huérfano de sucesores hasta Intercambio (2020).
En este largo entretiempo, César Rodríguez-Moroy ha tenido tiempo para filmar spots y formar parte, desde 2013, de Ipso Facto Impro, una de las compañías que se ha sumado al fértil campo de la improvisación en el teatro logroñés.
Además, el arquitecto logroñés fue el cocreador de Pompas de Papel, iniciativa empresarial que maridaba diseño y creación literaria. Texto y gráficos se daban la mano en una propuesta que tuvo continuación con el homónimo Certamen Internacional de Literatura Hiperbreve.