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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Normalidades anormales

18/05/2022

Confluyen en estos días tres asuntos que en su día transcurrían con una cierta normalidad, porque los comportamientos privados de Juan Carlos I no se conocían o se ocultaban; porque las relaciones con Marruecos transcurrían con los altibajos propios de las relaciones de unos vecinos que a ratos se levaban bien y a ratos mal; y porque se había resuelto por la vía de los hechos el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Los tres asuntos entraron en barrena de dos años a esta parte y ahora se trata de que vuelvan a transitar unos caminos de cierta naturalidad.   

La ley del aborto de 2010 cambió los supuestos por los plazos, pero desde los debates de 1985 y el desarrollo posterior de la ley, la sociedad española admitió la nueva situación con normalidad sin dejar de reconocer las consecuencias personales para quien tiene que interrumpir un embarazo por las causas que las impulsen. La ley Aído fue recurrida por el PP ante el Tribunal Constitucional sin que a su regreso al Gobierno en 2012 la derogara, e incluso dejara por el camino a un ministro de Justicia que intentó cambiarla. También el TC se lo ha tomado con calma y no ha resuelto el recurso de inconstitucionalidad, aunque ahora parece que le han entrado las prisas y hay informaciones contradictorias sobre cuál podría ser el sentido de su fallo. La nueva Ley Montero de seguridad sexual y reproductiva, que en su caso vendría a resolver una resolución en contra de la ley actual del TC tiene también un punto de inflexión importante, regular la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios para que el aborto pueda realizarse fundamentalmente en los hospitales públicos y no en clínicas privadas –otra anormalidad si existe el derecho- como ocurre en la actualidad, además de otra serie de cuestiones, como la protección a la mujeres trabajadoras con reglas incapacitantes, una iniciativa singular en nuestro entorno. El debate sobre el aborto que había dejado de estar presente en la vida pública volverá a estarlo para establecer una nueva normalidad que estará rodeada de reticencias por muchos sectores sociales. Interesante la reflexión de Irene Montero sobre el hecho de que la prohibición o limitación del aborto no ha frenado su realización.  

La prevista presencia del rey emérito Juan Carlos I en España a partir de esta semana, como está anunciado, supondrá la recuperación de otra cierta normalidad, la vuelta su exilio sugerido por la conducta personal impropia de quien fue uno de los artífices de la Transición que permitió la reconciliación de los españoles. Una contribución histórica que por mucho que se empeñen sus defensores en ensalzarla y sus detractores en minusvalorarla, está ya en la historia de España como un momento culminante. Pero no es eso de lo que se trata, sino de que sus comportamientos irregulares, que han sido sobreseídos judicialmente, le han dejado estigmatizado. Tras esta primera visita se normalizará su presencia en España cuando viaje desde su residencia habitual en Abu Dabi.  

Vuelta a la normalidad con una cierta anormalidad en la reapertura de las fronteras entre Ceuta y Melilla y Marruecos. por la causas que las mantuvieran cerradas y ahora de su reapertura. ¿Hasta cuándo durará la normalidad? Esa es la pregunta normal.  

Y una última anormalidad normal, las noticias sobre la corrupción pasada en el PP.