«No hay problema para tomar medidas sin el estado de alarma"

Ó.Gálvez - V.Zurrunero
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El director general de Salud Pública acudió al plató de Punto de Encuentro en La 7 de La Rioja donde habló sobre el nuevo escenario normativo a partir del 9 de mayo

Imagen de Pello Latasa durante su entrevista en La 7 de La Rioja. - Foto: Óscar Solorzano

A falta de pocos días para el final del estado de alarma en España, el director general de Salud Pública del Gobierno regional,  Pello Latasa, estuvo en el programa Punto de Encuentro de La 7 de La Rioja donde contestó a las preguntas sobre el marco normativo en el nuevo escenario que se abrirá  sin cierres perimetrales ni toque de queda. El alto cargo de Salud analizó asimismo, durante la entrevista, los avances en la campaña de vacunación frente a la Covid-19, entre otros asuntos de actualidad.

 ¿Qué diferencia habrá entre el sábado y el domingo en cuanto a la  incidencia del coronavirus para que un día estemos cerrados y al siguiente esté todo  abierto? 

Lo importante es tener en cuenta que estamos ante un cambio de etapa que no significa que termine la crisis sanitaria, que continúa a pesar de que decae el estado de alarma. Pero en esta nueva etapa, la ciudadanía tiene la oportunidad de poner en valor todo eso que ha aprendido durante este tiempo y llevar a la práctica toda esa capacidad de protegerse a sí mismo, al colectivo y a sus seres más cercanos para evitar la transmisión del virus. En este cambio de etapa, la principal estrategia pasa porque nuestra población dé un paso al frente y asuma la gran carga que supone evitar la transmisión del virus. Gracias a la evolución de los datos y de la campaña de vacunación, era hora de cambiar de escenario y devolver a la gente, de algún modo, lo más parecido posible a una nueva normalidad. 

Limitar la  movilidad ha sido hasta ahora una de las cuestiones que los gobiernos más han defendido. Entenderá usted que lo que ha sido una norma muy defendida hasta ahora por todos los gobiernos, deje de serlo y que a la ciudadanía le genere cierto desconcierto.

Aquí hay varias cuestiones. A pesar de que cambie el marco jurídico, las recomendaciones siguen siendo las mismas. La movilidad y la pandemia no son buenas compañeras. Pero sí que tenemos ahora mismo algo que no teníamos hace unas semanas, incluso hace unos meses, que es un porcentaje importante de la población que está inmunizado frente al virus o en proceso de tener una inmunización completa. Ante esta situación, en la cual el grupo de personas vulnerables a padecer formas graves de la enfermedad se va reduciendo, hay ciertos riesgos que se pueden empezar a asumir. Siempre con mucha precaución, porque no sabemos cómo va a evolucionar el virus. Ahora estamos en esa etapa en la que tenemos que encajar esas dos estrategias. Por un lado, las mismas medidas no farmacológicas que venimos aplicando hasta ahora en un marco jurídico diferente y la campaña de vacunación masiva que estamos llevando a cabo. 

El nuevo semáforo tendrá tres niveles más uno extra, en el que tendría que actuar la justicia porque afectaría a derechos fundamentales, como los que están ahora suspendidos por el estado de alarma. ¿Por dónde podría ir ese umbral en el que seguramente habría que pulsar el botón rojo?

Es una decisión que debe tenerse en consideración no solo basándose en los criterios de salud sino también en criterios de otras entidades y agentes. Esta crisis empezó siendo una crisis sanitaria y sigue siendo una crisis mayormente sanitaria, pero no hay que olvidar que la pandemia en sí misma afecta transversalmente a todos los elementos de la sociedad. No solamente a la salud, afecta también a la sociedad, a la economía y a otras cuestiones que es necesario tener en consideración. En cualquier caso, tanto dentro como fuera del estado de alarma, en La Rioja se han tomado las medidas que se han creído necesarias tomar. Y cuando era preciso ratificarlas, las hemos ratificado o solicitado autorización a  los jueces. No hay ningún inconveniente para plantear y adoptar esas medidas, aunque cambie el marco jurídico general y decaiga el estado de alarma. 

No sé si usted se considera político además de experto. Siendo director general tiene un puesto de responsabilidad dentro de un gobierno, aunque su profesión es la ciencia. Los políticos dicen siempre que deciden lo que les aconsejan los que saben. ¿Usted alguna vez ha propuesto algo que no se haya decidido finalmente?

No sabría decirle exactamente si mi papel es más político o más técnico, pero en cualquier caso tengo la suerte de poder participar de ambos escenarios. Considero que, no solamente mi papel como director general de Salud Pública, sino el papel de todos los agentes de salud tiene un carga política muy importante. Es la política entendida como instrumento que apuntala el futuro e intenta empujar a la población a un escenario en el que pueda vivir de una manera saludable y con unos altos niveles de bienestar. A ese respecto sí que me considero totalmente político. 

Usted decía antes que es sanitario pero que también es sensible a la parte económica. ¿Por eso es favorable a suavizar las medidas?

No es una cuestión de suavizar o no, de ser favorable o no. Mi papel consiste en poner encima de la mesa las cuestiones relacionadas con la protección de la Salud, pero esas recomendaciones hay que encajarlas con otras. No es una sensibilidad económica, es una sensibilidad sobretodo social. La gente está muy cansada y tiene un desgaste importante. Proponer esas medidas de cierre o de reducción de actividad no es fácil para nosotros como profesionales ni como personas. A veces se carga, tal vez demasiado, las decisiones en ese aspecto, porque en una mano tienes el riesgo de seguir aumentado la presión asistencial, de continuar incrementando el impacto que tiene en la sociedad la pandemia, tanto directa como indirectamente. Porque la pandemia afecta directamente a las personas que enferman pero afecta también, indirectamente, a las personas que requieren una atención sanitaria pero a las que no se les puede dar en condiciones óptimas porque el sistema puede estar enfocado a responder la patología que origina el Covid. Pero también ocasiona problemas de salud mental, de ansiedad; no solo es una cuestión de la protección de la salud desde un punto de vista de seguridad sanitaria. Habría que intentar verlo desde la perspectiva de todos los componentes que forman parte de este problema.

El nuevo semáforo tendrá tres niveles que agrupan todas las medidas y criterios que antes venían recogidos en seis. De esta manera, la horquilla va a ser mucho más amplia para recoger los mismos criterios. ¿No se corre el riesgo de que pierda efectividad al ampliar los tramos?

En principio, los umbrales de los niveles están por definir de manera definitiva. Hay varias propuestas y se valorará la más oportuna en el momento dado. Las medidas que van dentro de esos paquetes son como las que venían estando hasta ahora. Aquellas que técnicamente son las más eficaces para reducir la probabilidad de que ocurran contactos en los que haya un evento de transmisión, es decir, reducir el número de personas y de algún modo esas probabilidades y ese contacto entre personas que pueden ser  susceptibles de padecer la enfermedad. 

Mirando a un plazo de 10 o 15 días, ¿con qué perspectiva trabaja usted en cuanto a la incidencia?

Es complicado hacer una proyección más allá de la propia semana en la que estamos. Esta pandemia nos ha enseñado que en 10 días más o menos puede cambiar radicalmente la tendencia que se está observando. Ahora tenemos un elemento que antes no teníamos y es un suelo de población que ya no es susceptible. Una epidemia es muy asimilable a un fuego que va consumiendo todo aquello que puede consumir hasta que llega a algo que no puede quemar y ya no continua propagándose. Lo que hacemos de algún modo con la vacunación es una especie de cortafuegos que además se produce en la población más vulnerable y en la que más impacto puede ocasionar la pandemia, padeciendo formas graves de la enfermedad.  Además, tenemos un porcentaje muy importante con una pauta de vacunación completa y un porcentaje todavía mayor que ha recibido al menos una dosis, lo que otorga cierto grado de inmunidad. De tal manera que esperamos que esto cambie el escenario y haga que no se produzcan incrementos tan rápidos y tan elevados como hemos visto anteriormente. Dicho esto, no sabemos lo que va a ocurrir y tendremos que seguirlo de cerca como hacemos semanalmente. 

Si subieran los casos, ¿nos habríamos equivocado al anular el estado de alarma? Porque hasta los que eran más reacios hace meses, ahora se están sintiendo seguros. 

Hay que destacar que fuera del estado de alarma también hemos hecho intervenciones importantes para contener la propagación del virus. El espíritu del estado del alarma responde a un momento en el que hacen falta instrumentos adicionales para contener la propagación y hemos aprendido a utilizar este tipo de instrumentos. Ahora cambia el marco jurídico y la forma de habilitarlos, pero, lo que se ha mostrado eficaz, continuaremos proponiéndolo en la medida que la situación epidemiológica lo aconseje. 

Tener que recurrir a la Justicia significaría que vamos por mal camino. ¿Sería un responsabilidad compartida entre todos, el Gobierno por tomar la decisión de abrir, los expertos por no recomendar bien y los ciudadanos por no haber actuado de una forma consciente a partir del 9 de mayo?

Lo principal es que las decisiones se tomen con todos los elementos que tienen que tenerse en consideración para su adopción. Mi propuesta va por la parte de los criterios sanitarios, pero hay muchos más criterios que tienen que ser tenidos en cuenta. Hay una sociedad fatigada que necesita ver que estamos avanzando y es verdad que lo estamos haciendo. El número de personas susceptibles está reduciéndose y eso tiene que verse en los distintos cambios que vayamos haciendo. ¿Cuándo hacerlo? Esa es una pregunta muy difícil de responder.  Yo soy partidario de que se tengan en cuenta todos los elementos a la hora de tomar una decisión. Algo que ha hecho este gobierno, escuchando a todos los agentes y partes implicadas, haciéndoles participar del proceso.

A partir del 9 de mayo, ¿cuál será  la mejor pedagogía? 

Tenemos que poner en práctica lo que ya conocemos. Las seis emes: manos, metros, mascarillas, más ventilación, más actividades en espacios exteriores y menos contactos. Y si uno tiene síntomas, se queda en casa y contacta por teléfono con los instrumentos habilitados para  la detección precoz. No hay que olvidar que las dos líneas más eficientes para la contención de la pandemia nunca se han dejado de poner en marcha, tanto la identificación precoz y aislamiento de los casos, como el estudio y la cuarentena de los contactos estrechos. 

El objetivo de vacunación siempre se ha marcado por todas las administraciones en el 70% para el verano, pero no es lo mismo alcanzarlo al principio que al final. ¿Si se alcanzase al final, usted se sentiría decepcionado?

Se está hablando del verano porque hay muchos elementos que hacen que la predicción a futuro tenga algunas incógnitas. No sabemos las nuevas casas comerciales que van a entrar a proveernos de vacunas, tampoco si va a haber nuevos incrementos en la disponibilidad de dosis o si van a aparecer nuevos efectos secundarios. Poner una fecha fija es muy difícil en este escenario.

¿Podremos empezar el verano con un porcentaje de seguridad alto, aunque no se alcance el objetivo marcado por el Gobierno?

Independientemente del momento exacto y del porcentaje preciso, el objetivo que nosotros tenemos ahora mismo es administrar todas las vacunas que nos llegan lo antes posible y garantizando la administración de la pauta de inmunización completa. Por eso, a veces tenemos que hacer pequeños estocajes que nos permitan absorber ciertos niveles de contingencias. Esto es lo que nos ayuda a llegar a una velocidad de inmunización muy elevada junto al trabajo a destajo de todo el personal del Servicio Riojano de Salud. 

 

¿Está preparado el sistema para asumir un ritmo de vacunación mayor del actual?

Sin duda alguna. En La Rioja seremos capaces de poner más dosis de las que estamos poniendo ahora mismo. 

 

¿Teme algún problema de suministro de vacunas?

Una de las cosas que nos ha enseñado esta pandemia es a no creernos en posesión del futuro. No podemos descartar que ocurra algo que impida la llegada de vacunas tal y como estaba previsto, pero necesitamos un marco sobre el que trabajar. En cualquier caso, la estrategia de acopio de vacunas que se ha realizado utiliza las líneas de producción de varios proveedores, de tal manera que si alguno da problemas, aún quedan el resto que pueden seguir suministrando. Esto genera un escenario que facilita que el suministro de vacunas se mantenga lo más estable posible. 

 

¿La población ha perdido ese miedo, generado a raíz de las informaciones sobre AstraZeneca, y ha recuperado la confianza hacia las vacunas?

La población tiene más sentido común del que a veces creemos. Evidentemente, si hay una aluvión de noticias que van en una dirección, influirá de algún modo en su percepción de las cosas. Pero la realidad es tozuda y al final lo que sabemos es que las vacunas, tal y como las estamos pautando, son seguras y  eficaces. No hay que tener miedo a las vacunas. Además hemos visto que la efectividad real de algunas de ellas es bastante más alta que la que aparecía en los ensayos clínicos. Todas las vacunas que tenemos administradas tienen la misma eficacia absoluta para la prevención de los casos graves, las defunciones y los ingresos en cuidados críticos. 

¿Los medios de comunicación hemos contribuido a generar inquietud en la ciudadanía al destacar titulares con unas casuísticas que entran dentro de los ratios normales de una medicación?

La gente necesita y deber estar informada de lo que está pasando, sobre todo porque el acto de vacunación es voluntario. Nosotros tenemos la obligación de ofrecer esa vacunación porque creemos que es lo más adecuado, y no lo haríamos si no tuviéramos todas las garantías de seguridad y eficacia. Y es la persona, una vez solventadas las dudas, consultando las fuentes que tenga que consultar, ya sea de instituciones, medios de comunicación o preguntando a los profesionales sanitarios, pueda tomar la decisión más adecuada. Hay que tener en cuenta que la vacuna no solo protege  a la persona que se le está administrando sino también está protegiendo a las de su alrededor. La vacunación es un acto individual pero también de protección colectiva. El despliegue de la vacunación tiene, además, otros principios éticos generales que hacen que esta protección colectiva sea mayor, porque vamos primero hacia los grupos que son más vulnerables y después hacia otros colectivos de interés. 

¿Una persona ya vacunada está libre de contagiarse y de contagiar a otras?

Hay un hecho que son los fallos vacunales. Prácticamente todas las vacunas que hay en el mercado tienen fallos vacunales. Tampoco es una cuestión ajena a las vacunas frente a la Covid-19 y pueden darse por muchos motivos. Una persona vacunada sí puede padecer la enfermedad pero en un porcentaje muy bajo. 

En el momento en el que se alcance un porcentaje alto de vacunación, ¿el uso de la mascarilla podrá comenzar a relajarse?

Sí. Las medidas no farmacológicas deben ir acompasándose con la campaña de vacunación. A medida que uno avanza el otro debe retroceder o viceversa. Si apareciese una nueva variante que es resistente a la inmunidad producida por las vacunas, las medidas no farmacológicas deberían de nuevo cobrar protagonismo. En cambio, sí se ve que las vacunas son buenas, la incidencia sigue bajando y llegamos a un escenario en el que prácticamente consigamos reducir la enfermedad a su mínima expresión, probablemente muchas de esas medidas pueden ajustarse o incluso retirarse. Es un escenario al que probablemente lleguemos pero todavía no estamos ahí.