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Dulces, juegos y 'matones' en la escuela de la Antigua Roma

Marina Segura (EFE)
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De divertirse con nueces a leer los clásicos o aprender matemáticas aplicadas al mercado, los niños del Imperio recibían una educación que, vista con distancia, tiene puntos comunes con la actualidad

Dulces, juegos y ‘matones’ en la escuela de la Antigua Roma

Los niños del Imperio Romano sufrían acoso escolar y una severa disciplina en las aulas que incluía el castigo físico, una infancia en la que la miel era su golosina y las nueces suponían el recurso más básico para jugar junto a muñecos articulados o fijos de soldaditos y gladiadores.

La edad de las nueces: Los niños en el Imperio Romano recrea las texturas, sonidos, olores y matices de la Roma clásica y descubre paralelismos sorprendentes con la infancia actual, afirma su autor, José María Sánchez Galera.

El título de la obra hace alusión a la expresión «dejar las nueces», que significaba llegar al final de la niñez, añade Sánchez Galera, quien ha observado durante años papiros, muñecos, frescos, relieves y variados objetos en yacimientos, museos y archivos y, sobre todo, ha recurrido a los textos clásicos para escribir este libro divulgativo.

Los tiempos no son los mismos, pero «nuestra infancia se parece bastante a la de los niños romanos. El punto de conexión es la importancia de la imaginación y fantasía en los juegos, hoy más atenuadas porque los niños están más encerrados en casa y les damos herramientas tecnológicas que les instalan en una vida muy nueva, que es la virtual, no es la natural».

En tablillas enceradas y sin pupitres, los niños romanos se conocían «al dedillo» los textos clásicos, en especial la Odisea y La Ilíada de Homero, unas lecturas que les servían como base para aprender a leer, escribir, hablar en público o adentrarse en disciplinas como la geografía.

«Un aspecto muy positivo que podríamos imitar hoy es la relevancia de los clásicos. Es evidente que nuestra escuela ha perdido mucho interés por la literatura clásica que hoy podría incluir desde Delibes a la Isla del Tesoro (Stevenson), añade el autor del libro de divulgación histórica Vamos a contar mentiras.

Las matemáticas las tenían «muy bien integradas y eran tremendamente prácticas. Hay que tener en cuenta que la mayoría de la población era muy rudimentaria y las matemáticas estaban muy orientadas a cuestiones como comprar o negociar en el mercado».

La mayoría de los niños del Imperio acudían entre los siete y los 12 años a primaria, pero pocos continuaban después los estudios porque los padres los ponían a trabajar en el campo, sobre todo en tareas de pastoreo, a lo que se dedicaba buena parte de la población.

Los más afortunados seguían en una especie de Bachillerato o estudiaban un oficio, nuestra Formación Profesional de hoy.

La disciplina, explica Sánchez Galera, era férrea y se abusaba del castigo físico en las escuelas, donde también se daba el acoso -Horacio habla de los hijos «grandotes» de los centuriones-; y no se hacían exámenes sino concursos que solo premiaban a los ganadores.

Los profesores carecen de buena consideración social durante bastantes siglos, lo que explica sus bajos sueldos y el rango de esclavo o liberto en muchos casos. En general se le pedía más maña con los niños y decencia personal que grandes conocimientos.

Los maestros cobraban de los padres, y el Estado, en ocasiones, cedía espacios públicos o establecía rebajas fiscales. Así, ciertos emperadores -como Augusto-, magnates y mecenas demostraban su interés por el cuidado de la infancia, a través de la exención de impuestos y la creación y manutención de aquellas escuelas.

Según se desprende de los textos clásicos, la educación estaba «más centrada en los varones y en las clases acomodadas, pero también incluía a las mujeres, lo que explica que en general supieran leer y que algunas se dedicaran a las letras», añade el autor de La edad de las nueces.

Miel para las golosinas

Se conocen de la Roma antigua sonajeros, amuletos infantiles y silbatos y en la literatura y en el arte hay buen número de escenas de juegos con canicas, pelotas, tabas o nueces. Como dice Ovidio, también se entretenían con juegos de mesa: damas, «tres en raya», quizá el actual parchís y una versión primitiva del ajedrez. Existían también aros, carritos con ruedas, muñecos fijos o articulados de soldados o gladiadores, figuritas de animales y mascotas de verdad.

La casi total ausencia de azúcar implicaba que la miel aparezca en la literatura antigua como único elemento utilizado para los dulces y las golosinas.

Los dulces y pasteles dejan huella en varios autores clásicos, y por lo general se asocian con lo infantil. Por ejemplo Lucrecio habla de la miel que usa el médico con los niños para administrarles «la amarga medicina». Igualmente habla de los pastelitos que los maestros condescendientes daban a los pequeños y Marcial cuenta que los escolares, de camino a la escuela, compraban en las tahonas unas tortas o pasteles rellenos.