scorecardresearch

El 'chupasangre' más temido del verano

SPC
-

Las salidas al campo con el buen tiempo pueden acarrear problemas como volver a casa con una garrapata adherida, un invertebrado capaz de transmitir el tifus o la enfermedad de Lyme

El 'chupasangre' más temido del verano - Foto: Imagen de Catkin en Pixabay

A veces, las garrapatas son tan minúsculas que pueden parecer un pequeño lunar, pero si esa mancha ha aparecido justo después de un paseo por el campo... se deberían encender todas las alertas, ya que estos ixodoideos se anclan a la piel y son transmisores de enfermedades infecciosas como el tifus o la enfermedad de Lyme.

Precisamente, las hospitalizaciones por la enfermedad de Lyme, que transmiten algunos tipos de estos invertebrados, han aumentado un 191,8 por ciento en España durante el período comprendido entre 2005 y 2019, según un estudio publicado por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). «Es decir, los ingresos por este motivo, prácticamente, se han multiplicado por tres en 15 años. No obstante, las cifras globales de incidencia señalan que esta sigue siendo una enfermedad infrecuente a día de hoy», resume Julio Maset, médico de Cinfa. 

Este incremento puede explicarse por una mayor presencia de garrapatas en los montes y parajes españoles, debido a los inviernos más cortos y otoños más suaves, los cambios en la distribución de las poblaciones animales y la mayor proximidad del ser humano a los hábitats rurales. Y es que las garrapatas son unos parásitos que suelen habitar en zonas boscosas o de hierbas altas, pero también en dehesas y prados, especialmente donde hay ganado, y pueden permanecer adheridas a otros animales, alimentándose. «Por tanto, el riesgo de picadura es mayor si se realizan de manera habitual actividades como jardinería, caza o senderismo, que se practican en áreas con vegetación, y si se convive con animales o mascotas», continúa el experto. 

Las picaduras de las garrapatas suelen ser indoloras y solo en un pequeño porcentaje pueden ser transmisoras de infecciones como la mencionada enfermedad de Lyme o, en menor medida, la fiebre botonosa mediterránea, la fiebre de Crimea-Congo y la tularemia. El peligro de la enfermedad de Lyme radica en que, si no se detecta y se trata en la primera fase, caracterizada por la aparición de un eritema alrededor de la picadura en forma de diana con aros rojizos concéntricos y de síntomas parecidos a los de la gripe, se da paso a fases posteriores con sintomatología más grave (similar a la de la meningitis y con alteraciones neurológicas, pérdida de memoria o artritis, entre otros problemas) o, incluso, puede llegar a cronificarse. «Dado que muchos de sus síntomas son similares a los de otras dolencias, y que pueden manifestarse incluso meses o años después de la picadura por garrapata, la enfermedad de Lyme no es fácil de detectar. De hecho, se la suele llamar «la gran imitadora», asevera Maset.

¿Y si descubro una?

Ante este escenario, resulta crucial conocer todo lo que nos sea posible acerca de las garrapatas, con el fin de prevenir su picadura y reaccionar adecuadamente si ocurre. «No todas las garrapatas pican al ser humano, ni todas transmiten enfermedades -precisa el experto-. Pero si nos pica una, es fundamental actuar con celeridad, ya que algunas enfermedades, como la de Lyme, solo pueden contraerse si el parásito permanece varias horas adherido a la piel de la persona. Por eso, lo que todos debemos recordar e incorporar como hábito tras un día de excursión es revisar nuestro cuerpo con detenimiento al volver a casa, también el de nuestros hijos e hijas, ducharnos y lavar la ropa usada a 60 grados», recomienda.

Si ya se ha producido la picadura, es necesario extraer la garrapata cuanto antes, sujetándola con unas pinzas de punta fina y roma, lo más cerca posible de la piel, y tirando de ella suavemente hacia arriba, evitando aplastarla. Posteriormente, debemos lavar la zona con agua, jabón y antiséptico e introducir el parásito en un bote cerrado con un papel húmedo, por si fuera necesario analizarlo. Si quedara alguna parte de la garrapata bajo la piel, se debe buscar atención médica, al igual que si, durante las semanas siguientes, notásemos síntomas como dolor intenso en la zona, fiebre o rigidez en el cuello. «En cualquier caso, cuando practicamos actividades al aire libre en zonas de riesgo, podemos tomar algunas precauciones que reducirán el riesgo de picadura de garrapata», concluye.