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Editorial

Sánchez cierra una crisis en el exterior y abre nuevas grietas internas

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El presidente del Gobierno pronunció sus primeras palabras sobre el histórico cambio de postura de España sobre el Sáhara, conocido el pasado viernes desde fuentes de la monarquía marroquí. Sánchez, durante una visita a Ceuta y Melilla, insistió en la urgente necesidad de cerrar una crisis con el país vecino que se mantenía ya durante diez meses y que fue auspiciada por el propio Gobierno español al autorizar la entrada de un líder del Frente Polisario para tratarse de la covid en Logroño. Indudablemente, las relaciones con Marruecos son vitales para fortalecer la seguridad y el control migratorio, además de los vínculos económicos con el país alauí, lo que no aclaró el dirigente socialista es si esta renuncia española garantiza el respeto a las fronteras de los territorios españoles en el norte de África.

Pedro Sánchez reconoció la necesidad de construir una relación «basada en el respeto mutuo y la integridad territorial de ambos países», pero no explicó cuáles serán las aportaciones de las autoridades marroquíes para alcanzar este objetivo. El presidente ha necesitado cinco días para hablar sobre un asunto capital de la política exterior española e inexplicablemente aún habrá que esperar una semana más para que comparezca en el Congreso y ofrezca explicaciones, tras su participación en un Consejo Europeo, la cumbre extraordinaria de la OTAN y la aprobación de un plan de respuesta a la guerra. Esto es algo inaudito en la Unión Europea, donde los países consensúan la política exterior y en todo caso sus mandatarios se apuran en explicar a sus ciudadanos en el Parlamento las razones y motivos que conducen a un cambio de postura que, en este caso, acaba con la postura de neutralidad mantenida durante décadas.

Torpe maniobra la del Gobierno español, o más bien la del presidente socialista, porque con el objetivo de cerrar una crisis ha abierto otras, tanto en el ámbito político, con sus socios de Podemos y el resto de las fuerzas políticas que le sustentan, como diplomático, ya que Argelia ha llamado a su embajador en España. La 'unilateralidad' de la trascendente decisión ha puesto a todo el arco parlamentario en contra, ya que denuncian el fondo y las formas empleadas por el PSOE y por Sánchez, que han actuado de espaldas a sus socios de gobierno y al resto de la sociedad española. Nadie discute la necesidad de acabar con las malas relaciones existentes con Marruecos, pero ni un solo partido ni el propio presidente del Gobierno deben actuar en solitario y sin consenso. El diálogo y el acuerdo es un valor al que Sánchez no acude demasiado, a pesar de sus palabras huecas, y solo hay que ver lo que pasa con la huelga del transporte.