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"Entiendo poco de vino; el mejor es el que te gusta"

Francisco Martín Losa
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Gran Maestre de la Cofradía del Vino de Rioja, responsabilidad que está a punto de dejar, peregrino, hospitalero y bancario, Javier Gracia relata en la sección Encuentro, de El Día de La Rioja, aspectos de su polifacética andadura vital

Javier Gracia, con su atuendo de Gran Maestre, junto al botellero de la sede de la Cofradía. - Foto: Óscar Solorzano

Hay algo de asalto a la intimidad de nuestros personajes en estos diálogos. Uno se fija en un personaje, le echa una mirada con el rabillo del ojo y quiero advertir que, en el orden en que se relatan las cosas, es fácil pasar de la física a la metafísica, de la realidad a su historia, casi siempre pasada, con la aspiración de remontar el vuelo. Es gente que no anda detrás de los focos mediáticos, ni están en la carrera de arrebatar un flash a la cámara, pero han tenido y han participado, desde su parcela, en la historia de La Rioja, sobre todo, contribuyendo a ser más grande, admirada y bonita.
Javier Gracia Lería parece de la edad que dice tener, 72 años, nacido en Logroño, de la excepcional cosecha del 52. Este es un riojano de dinamita, apasionado por la tierra y por sus vinos, con más títulos de cofrade, otorgados en España y en Francia que una simple enumeración ocuparían un Espasa Calpe. Empezó con devoción en la Cofradía del Vino de Rioja en 1986 y se va desde la máxima canonjía de la asociación, para ser un miembro de a pie, seguramente hasta la muerte. Y confiesa que, de vinos, entiende muy poquito.

 

1.000 botellas enterradas bajo tierra. Es difícil, así de primeras, intentar la entrada en un mundo tan complejo como el del vino, después de 14 años en la Presidencia de la Cofradía, otros 2 de 'vice' y 7 en el Camino de Santiago y todos los que estuvo en la Obra Social de Ibercaja: «Es que he estado en tantos sitios por una cosa o por otra, aparte de 36 en Ibercaja, entonces Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja. En la Cofradía, me admitieron casi al año de fundarse, en 1984 en el monasterio de San Millán de la Cogolla, 30 de junio. Recuerdo haber leído en la prensa que se constituyó por un grupo de personas y, en seguida por el compañero del trabajo, ya había ingresado».
Estoy acostumbrado a creer que todo puede explicarse, que todo puede estar al alcance de cualquiera, reducirse y entenderse con mucho, mucho humor y tragaderas. «El vino es algo de lo que siempre me ha gustado saber, siempre me ha chocado y siempre he tenido interés. Recuerdo que, cuando entré en la Cofradía empiezo una colección de vinos, hasta 1.000 botellas o así. Las deposité en una bodega, que tenía mi suegra en Entrena con la mala suerte que la calle de arriba se vino abajo y todas las botellas quedaron enterradas y perdidas y hoy valdrían un pastón, con más de 40 años. Siempre me ha interesado el mundo del vino y eso que mi familia no era ni había nadie profesional; sí en la de mi mujer, que su padre, su hermana y una sobrina trabajan en el sector del vino».

 

De las primeras Cofradías. Es de cortesía y en vivo, relatar los inicios de la Asociación. «En principio, la Cofradía nace del Consejo Regulador, de Bodegueros, dispuestos a fomentar y difundir la cultura del Rioja y en vino en general, muchos enólogos, amantes del vino. Con el paso del tiempo, ha ido evolucionando y se ha abierto a toda persona que le gusta el vino, catarlo, comunicarlo y difundirlo. De los socios que somos ahora, unos 250, a lo mejor no llega el veinte por ciento que están en el sector. Los demás somos ajenos pero nos gusta difundir y promocionar el vino de Rioja». 
Uno, que no es de natural preguntar, aunque lo sea por profesión, no le tiene que violentar a nuestro protagonista, saber por qué entran tan pocas mujeres y responde con naturalidad y sin enfado: «De siempre, ha habido mujeres, a lo mejor menos de las que hubiéramos querido. Aquí nunca ha habido un coto cerrado y nos han comparado con otras entidades pero admitimos a todo el mundo que le guste el vino y su promoción, que lo presenten dos cofrades y no se necesita ningún otro requisito. Les ha costado entrar mucho pero ahora hay un número considerable y tienen un sentido mejor para catar vinos que los hombres. La mujer sabe».


Tres categorías. Estoy de acuerdo y vamos a seguir con el relato histórico: «Nosotros somos de las primeras cofradías gastronómicas y vinícolas de España; posiblemente, la que nos gane sea la de Albariño en Cambados. Hay algunas portuguesas, sobre todo, en Oporto que se distinguen por su atuendo y han crecido cofradías por doquier por toda España y cada una está orgullosa de su indumentaria muy selecta».
No es cuestión de marearlo, pero también tiene su aquel la de Rioja. «La muestra es la clásica capa y boina muy bonita y elegante, vino Rioja, naturalmente. Después de 36 años, me he acostumbrado y me gusta. Cuando se crea la cofradía no era obligatorio usarla y uno de los primeros acuerdos, al acceder a la presidencia, fue que todos los cofrades tuvieran su vestimenta y la exhibieran en los actos más representativos porque nos identifica. Es como si sales en una procesión de la Semana Santa donde las hermandades van con el distintivo. Así se ve que es del vino de Rioja».


Estrellas por sus méritos. Con Javier Gracia, puede uno callarse y no sentirse molesto. «En el seno de la organización, hay tres categorías: miembro de número, que son los que sostenemos la Cofradía; luego de Mérito, personalidades mediáticas que nosotros buscamos y te pueden dar un titular por su relación con los medios. La relación es muy numerosa y de gran caché, como nuestro paisano Javier Cámara, los toreros Diego Urdiales, Roca Rey o Enrique Ponce, la ciclista Sheila Gutiérrez, que nos gustó mucho en su acceso; periodistas como Pepa Fernández, Luis del Olmo o Carlos Latre, un gran entendido en vinos. Hace años, hicimos al presidente del Real Madrid Ramón Mendoza y a su vicepresidente Vicente Boluda, uno de los armadores más  importantes de España. Por último, están los cofrades de Honor, unos diez o doce, reservado a instituciones de gran prestigio, como la Estación Enológica de Haro, el Parlamento de La Rioja, el Museo Vivanco, las Bodegas Lope de Heredia, el Centro Riojano de Madrid, las Bodegas Riojanas, el velero Rioja de España, Casa de La Rioja en Guipúzcoa o la ONCE. Es premiar su prestigio y reconocimiento social y profesional en el desarrollo de su actividad».

 

Cuentas sanas. Hay que sustentar la Asociación, sus actividades, porque mantener la entidad tiene sus gastos y costes, como la luz o el agua y la basura. «Todo corre a cargo de las cuotas de sus miembros, 100 euros al año, todos por igual y un convenio con el Gobierno de La Rioja y hay que resaltar que es el único que, a las duras y a las maduras, no ha dejado de corresponder con la Cofradía desde su fundación, siempre mucho o poco. También está el Consejo Regulador que, en estos dos últimos año, no lo hemos suscrito por incapacidad para desarrollar los actos que obliga el convenio por la pandemia. En algunas ocasiones, hemos pedido subvención a Turismo. Con el Ayuntamiento de Logroño, se dio un período de ocho años que no conseguimos hilar nuestros compromisos con los de ellos y también hemos logrado ayudas para uno de los actos que celebrábamos en el Ayuntamiento, con el hermanamiento de productos de calidad. Estamos en conversaciones con el Consistorio, porque yo entiendo que la disposición del alcalde es buenísima, quiere levantar la Enópolis, la Ciudad del Vino y ahí puede estar la Cofradía. Tenemos nuestra sede en el calle La Brava número 1, en pleno Casco Antiguo, en el cogollito del futuro proyecto de la Villanueva».

La sede ha ido de acá para allá: «La primera estuvo en Avenida de la Paz, en un piso y luego ya llevamos unos 25 años en la actual. Cuando asumo la Presidencia en 2007, se compra la casa y se hace la ampliación hasta los tres pisos, que nos ha costado pagarla. Buscamos un lugar emblemático en el Casco Antiguo, con una sala espectacular que nos da una gran proyección: catas, tertulias, conciertos y alguna actividad que esté relacionada con el vino. Luego hay otros despachos y salas y hasta una cocina».

 

¿Quién sabe de vino? La pregunta del millón tenía que caer y, sin titubeos ni falsa compostura, nuestro personaje no se ruboriza para contestar. «Yo entiendo muy poco y, a lo mejor, no entiende nadie de vino porque el mejor vino es el que te gusta. Ya te pueden decir que es un tempranillo, un graciano o un maturana. Por descontado, los enólogos entienden de vino y están preparados. Para eso, se hacen las catas y seguro que hay personas que tienen más desarrollado el sentido del olfato y pueden sacar olores al vino más que otras. Es como todo: si haces muchas catas y te lo tomas con interés, acabarás sabiendo de vinos. De esto, no se nace y se va aprendiendo».

 

Captar a los jóvenes. Tiene mala prensa entre los jóvenes y es difícil, así de golpe, atraer a la juventud. «No hemos sabido llegar a la gente joven. Ahora, que me voy, es una de las asignaturas pendientes. No hemos sabido atraer e impregnar a este consumidor. Vas a un establecimiento y te ponen un vino no se sabe de dónde y lo rechazas, ya me dirás cuántas veces ese joven va a repetirlo. Luego, un vaso de buen vino te puede costar más en proporción que lo que este público acostumbra a beber, una cerveza o algo parecido. Encima, con una caña, te da para estar sentado en una terraza un par de horas y si embargo un vaso de vino te lo bebes en un segundo».
Deberes, ahí a la vista, paciencia y lo que venga. «Esta es nuestra labor con los jóvenes: enseñar a catar, a degustar toda clase de variedad de vinos: a uno, le gusta un blanco, a otro que tenga más madera o que sea un reserva. Como no hagamos algo, irá descendiendo el consumo a pasos agigantados. La campaña última del Consejo Regulador está muy bien, dirigida a os jóvenes. A mí, me gusta ir por las terrazas de Logroño, que están llenas y no ves a nadie joven o mayor con un vino. Sin embargo, vas a otros y te piden una botella de vino y se comparte con los amigos», comenta Javier durante la charla.
Hay otras parcelas, que están al alcance y se pasa de largo o sin muchas ganas: « Teníamos que entrar en la Universidad, que es un aliciente para los alumnos que están elaborando su propio vino. Es una buena  que están haciendo su propio vino en el último año de carrera, que se lo trasmitan al resto de compañeros y ese podía ser un filón de aficionados al vino. Siempre he dicho y propuesto en el Consejo Regulador que se debía ir a las escuelas de hostelería, que hay muchas en España, como la de Santo Domingo de la Calzada donde les enseñan las calidades y características de los vinos porque, al final, van a ser ellos los que colocan una botella cuando estén de sumiller, en un restaurante o en un bar quienes pongan el vino que el cliente va a degustar».

 

Cofradías y con productos de calidad. Le entusiasma la vida y habla con pasión de lo que sea. Por ejemplo de las cofradías, que las hay de todo los colores. «Hay cofradías gastronómicas de cualquier producto y en cualquier rincón de España: en Asturias, recuerdo que hay 15: en Cantabria, no sé cuántas; en Villaviciosa, con las fabes y la sidra, preparan un fin de semana que lleva a más de 200 personas. Es una inversión, reclamo turístico y un beneficio para el pueblo y el Ayuntamiento la cuida que no veas. Aquí, en Logroño, siempre ha venido cantidad de gente, cofradías gastronómicas y vinícolas de toda España, Francia y Portugal».
Javier tiene a flor de piel ese don riojano de la hospitalidad. Por eso, todo lo hace más fácil y más a gusto. «Estamos hermanados con muchas cofradías, desde la creación hasta 2008, en que el Ayuntamiento cortó la celebración que veníamos haciendo, siempre Rioja con productos de calidad, de cualquier lugar, de Alemania, de Francia, con los quesos suizos, con el salmón de Noruega y, por descontado, hermanamiento con todos los productos de calidad de La Rioja y con cofradías de Ribera del Duero, de Albariño, con los vinos de Cangas de Narcea. El que una cofradía esté hermanada con el vino de Rioja, a todos nos viene bien. Es lo más bonito que me llevo: haber recorrido España de cabo a rabo y te quedan unas relaciones, un contacto y una verdadera amistad, como de familia».

 

Con el Consejo...¡ay! Sin querer forzar las cosas, me ha parecido oírlo y sin ninguna retranca. «A veces, hay entidades y asociaciones que no valoran, como debieran lo que hace la Cofradía; te voy a decir que muchas lo estiman y lo valoran pero no todas y te voy a ser sincero. Lo dije una vez y lo voy a repetir: quien no ha sabido valorarnos en nuestras actividades es el Consejo Regulador ni ha entendido nunca la labor desinteresada que hace la Cofradía por la promoción y difusión del Vino de Rioja».
Ni envidia, ni celos, por supuesto, pero le quede un puntito por dentro a nuestro protagonista: «De siempre, hemos tenido su apoyo, desde los tiempos de Santiago Coello, que somos casi vecinos, Ángel Jaime Baró, Víctor Pascual, Fernando Salamero, Luis Lecea, en fin, con todos ha habido una buena amistad, pero hemos notado que no valoran lo que hacemos y, con el potencial que tiene la Denominación, ni te cuento lo que podíamos haber hecho. Nos piden que hagamos una serie de actividades y las hacemos, que es lo que consta en el convenio, pero con un poco más de atención... Como a todos, a nosotros nos gusta que nos den una palmadita en la espalda».
Todo el dinero que reciben, lo reinvierten en más viajes, fuera de la Comunidad Autónoma, para promocionar el vino de Rioja.  «Salimos a hermanarnos con todos los productos. Es necesaria y muy bonita la exportación, pero no todas las bodegas pueden exportar y necesitan que se las conozca y en todas partes se están haciendo buenos vinos aunque hemos fallado en los blancos. Pides un blanco de Rioja y casi se te ríen, te ponen un Verdejo y ni saben que criamos unos blancos extraordinarios, como la Maturana Blanca, variedad en Rioja».


Peregrino y hospitalero del Camino. Hay hombres que puede hacer de todo y, encima bien. Hay que echarle mucho hilo a la birlocha para no quedarse atrás con nuestro personaje. «El Camino de Santiago es lo de lo más bonito que me ha ocurrido en la vida. En el año 93, un grupo de compañeros de Ibercaja, de una manera informal, iniciamos el Camino, toda la parte de Rioja, de Navarra y luego nos fuimos a Galicia a recorrer los últimos tramos, ciento y pico kilómetros y llegamos solos a Santiago, no había nadie y eso que en 1992, empezó a coger su apogeo y hemos tenido siempre Clavijo».
Y por algo se empieza. Javier Gracia fue peregrino, luego hospitalero en el Albergue de Logroño y en el 2000, presidente y vicepresidente de la Federación Española del Camino de Santiago; y, metido en harina, y mientras pasaban los peregrinos, la Asociación Riojana del Camino que presidía Javier, gestionó los Albergues de Logroño y de Navarrete. Hoy se lleva con un convenio con el Ayuntamiento de Logroño, porque el edificio es municipal. Y ¿qué pasa? Que no se ha vuelto a traer un congreso internacional de asociaciones del Camino de Santiago;el año 2002, creo, que no se ha vuelto a repetir: «La avalancha se produjo a raíz del libro de Pablo Coelho y el Camino tomó lo que es hoy, el Camino de Europa. «Lo he pasado muy bien, como en la Cofradía, y he conocido a mucha gente y una gran relación con los presidentes del Camino Francés, cercano a La Rioja. Cuando me voy, estaba de vicepresidente de la Cofradía del Vino y no me encontraba a gusto. En aquellas fechas, había empezado la iniciativa privada, a crear albergues. En Logroño ya no nos cabían todos los peregrinos en época de verano y los metíamos en San Francisco para darles una cama después de 30 kilómetros de caminata. Se ha ido evolucionando y la empresa privada ha hecho más albergues, apartamentos turísticos y hay peregrinos que van a hoteles y sin mochila».


La llamada del Camino. Hacer el Camino es una machada de andarín y, sobre todo, por algo interior. «El último que he hecho fue en 2002. El Camino te tiene que llamar y, en un determinado momento, me gustó hacer el Camino y, es más, si lo he hecho, tres o cuatro veces más, siempre he ido solo porque me parecía, como decíamos en aquellos. Es un viaje al interior de uno mismo. Y luego no me lo ha pedido el cuerpo. Sé que tengo que volver y me apetecía volver este año jacobeo, pero no he podido. Para los interesados, la Iglesia ha prorrogado el Año Jacobeo durante 2022».
Santo Domingo y nada más, lo piensa con fe y convicción.  Lo que hizo entonces, le ha quedado para el resto de su vida. «Lo he defendido siempre: el punto más estratégico y con más sentido jacobeo que hay en el Camino es Santo Domingo de la Calzada. No hay ciudad a lo largo del Camino que tenga más simbología y tradiciones que Santo Domingo de la Calzada y se eso les queda a los peregrinos. No digo que no les quede Logroño, Nájera y Navarrete, pero el peregrino que ha pasado por Santo Domingo, que son todos, lo lleva en su corazón, porque ahí está el milagro mas famoso de la Edad Media y la calzada que el santo construye para que pasen los peregrinos».
No sé si sería un designio del Señor pero el primer destino profesional de Javier Gracia, estando ya en Ibercaja, fue Santo Domingo de la Calzada y eso imprime carácter.

 

De Gran Canciller a miembro de base. Es el fin. Se ha hecho público hace unos días en el Cabildo 60, para conocimiento de todos. «Considero que 16 años es tiempo para que entre gente fresca, con ideas renovadas. Primero, desde el 2007 hasta 2016 y luego este último mandato de 2018 hasta ahora, está más que demostrado mi afecto y cariño a la Cofradía, que me ha dado media vida. La Cofradía requiere mucha dedicación, hay 250 miembros detrás, mantenimiento del edificio, programa de actividades, invitaciones y todo lo que conlleva; me dice el corazón que es el adiós, con agradecimiento a mis compañeros por su confianza en mi persona y su apoyo. Sigo como cofrade, por descontado, y estoy a disposición de la Junta entrante. Lo que cuentan son las instituciones y las personas pasamos. Hemos celebrado el 60 Capítulo  y en la próxima asamblea se hará el cambio con naturalidad, distinción y emoción, como sabemos hacerlo en la Cofradía del Vino de Rioja».
Bueno para todos. No se queda en esa especie de tierra de nadie porque se ha ganado la otra orilla. Javier Gracia, profesor mercantil, jubilado de Ibercaja, andarín de tres y cuatro horas diarias, sin faltar, ni por olvido a pilates, miembro de algunas de las más reconocidas y nobles cofradías gastronómicas y vinícolas, no ha sido difícil romper el hielo en este largo relato. Esposa, dos hijos y cinco nietos, le entusiasma la vida y hay que darle hasta siete veces para echar la cuenta a los molinos de viento que ha puesto en marcha. Abanderado de muchas cosas perdidas, cosas olvidadas, de sus amistades y amigos, ha sido uno de los primeros en descubrir la alegría y el misterio significante de promocionar el vino de Rioja por todos los mundos de Dios.
Damos un salto en el mapa de su vida: del continente del vino de Rioja al contenido del Camino de Santiago. Valen las dos propuestas para cerrar este encuentro.