El puente que nació de un drama

El Día
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Seña de identidad de Logroño y monumento a la ingeniería de finales del XIX, el puente de hierro es además el recuerdo de una catástrofe. Su construcción se decidió tras el ahogamiento de 90 soldados al volcar una barcaza

Imagen actual del puente, cuya estructura es básicamente la misma que cuando se construyó en tiempos de Sagasta. Eso sí, las riberas tienen mucha más vegetación. - Foto: Clara Larrea

El río Ebro ha sido compañero inseparable de Logroño a lo largo de la historia. La posibilidad de cruzarlo abrió las puertas a los vecinos del norte. Desde sus orígenes, la ciudad contó con el puente de piedra. El fluir del tiempo y las sucesivas riadas, debilitaron y destruyeron en muchas ocasiones los 16 arcos del puente medieval.


En 1775, una riada había dejado inutilizado el viejo puente pétreo. A esta calamidad natural, hubo que sumarle el impacto de las guerras de principios del siglo XIX. Tras estos hechos, se procedió a su restauración. Mientras duraron las obras, se colocó un paso de madera, que no sobrevivió más allá del 9 de agosto de 1880. Tras su derrumbe, se optó por puesta en servicio de una barcaza que navegaba entre las dos orillas del río, transportando a los logroñeses y demás viajeros. 


El 1 de septiembre de 1881 resultó una jornada trágica en la historia de la ciudad. El Regimiento de Infantería Valencia 23 necesitaba cruzar el río, por lo que los soldados se montaron en la embarcación de madera para cubrir el trayecto entre las dos orillas. A mitad de recorrido, la corriente del río y el peso de la barcaza le hicieron volcar, con el dramático resultado de 90 soldados muertos. La noticia tuvo eco nacional e internacional. 


Tras el accidente, el Gobierno tomó medidas de urgencia. La primera fue la construcción urgente de un puente de madera y la anulación del servicio de barcaza.

 

La intercesión de Sagasta.

Tan solo un año más tarde, el torrecillano Práxedes Mateo Sagasta, entonces presidente del Gobierno, propuso construir un puente de hierro más robusto, que permitiese el acceso a la ciudad. Al mismo tiempo se remodeló el de piedra, para evitar su derrumbe con las riadas. El 18 de diciembre de 1882 se inauguró el puente de hierro y dos años más tarde, el 11 de junio de 1884, la reforma en profundidad del de piedra.


Desde entonces, los dos puentes ha seguido dando servicio a ciudad. En los últimos años, el puente de hierro ha sido reformado y recientemente se mejoró sus sistema de alumbrado. Y en estos momentos, el de piedra está siendo rehabilitado. Afortunadamente, cruzar el Ebro ya no entraña el peligro de antaño, aunque en la memoria de la ciudad siempre permanecerá indeleble aquel funesto primero de septiembre de 1881.