Martín Nalda: "Mi gran lujo es trabajar con amigos"

Víctor Zurrunero
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Recuerda con cariño sus inicios en la Escuela de Teatro riojana y atesora mil anécdotas de su experiencia como actor en Madrid. Pero este logroñés sentía que su sitio estaba aquí donde fundó con dos de sus amigos Sapo Producciones

Martín Nalda es actor, director y productor teatral. - Foto: Óscar Solorzano

Martín Nalda irradia optimismo y alegría a su alrededor.  Como actor es camaleónico, capaz de hacer reír y llorar con igual maestría, disfrutando del trabajo con sus amigos. Los genes menorquinos de su madre le han transmitido su amor por el mar y el ADN riojano le vino por vía paterna. Logroñés de pura cepa, presume de una ciudad a la que volvió tras su aventura en Madrid y de la que se ha convertido en un cronista teatral de excepción.    

¿Cuándo le llega la vocación por la actuación?

Era mal estudiante y no tenía claro qué quería hacer. En el instituto D’Elhuyar, Ricardo Romanos y Estela Quintana impartían unos cursos de teatro. Allí encontré mi futuro. 

¿Qué recuerda de sus inicios?

Me gusta mucho recordar mi etapa en la Escuela de Teatro porque fue de felicidad absoluta, sintiendo que había encontrado mi sitio. Trabajábamos y estudiábamos muchísimo pero lo pasamos muy bien. Al salir fundamos la compañía Lucrecia Arana porque queríamos hacer teatro en La Rioja y estuvimos dos o tres años. Nos recorrimos todos los pueblos. De ahí, comencé otra etapa en Madrid.

¿Ha sido duro el camino?

Ha habido de todo. Dedicarte a lo que te gusta tiene sus peajes. Siempre he trabajado pero me lo he tenido que currar. He hecho de todo, desde vender bolígrafos por las puertas a repartir propaganda en el metro o fregar en cocinas por la noches.

¿Qué es lo mejor y lo peor de su profesión?

Lo peor es la incertidumbre porque siempre estás en la cuerda floja. Continuamente estás siendo juzgado, pasando un examen constante. Lo bueno es trabajar con gente que quiero. 

Me han contando que trabajando en un restaurante en Madrid usted tuvo una especie de catarsis.

¡He tenido unas cuentas! (ríe). En esa ocasión trabajaba por la mañana como figurante en la película ¡Ay Carmela! y por la noche fregaba platos en un restaurante de comida americana. Estuve como 3 días sin dormir. Así que cuando me llegaban los platos sucios, en vez de vaciarlos y fregarlos, los rompía y los tiraba a la basura. Uno detrás de otro. Hasta que mi compañero me dijo: ¡Qué haces Martín! Yo llorando diciendo que no podía más. Ahí me di cuenta de lo importante que es dormir. 

¿Prefiere hacer reír o llorar?

Generalmente he trabajado más la risa, seguramente porque la necesitaba más. Pero también tengo unas cuantas experiencias dramáticas y no se me ha dado mal.

¿Por qué le pusieron Sapo a su productora teatral?

La productora la formamos Josué, Mapi y yo y me encantaría decirte que tiene un motivo especial. Pero realmente fue porque nos sonó bien. Habíamos manejado otros nombres como La canalla o La roulotte de Barbie. En esa época estábamos como cabras (ríe).

 

¿Después de tantos años, son socios bien avenidos?

Llevamos 25 años los tres. Josué y yo discutimos a veces, pero en buen plan. Yo digo que somos como Mortadelo y Filemón. 

¿Qué manías tiene antes de salir a escena?

No soy maniático pero soy muy nervioso, especialmente si estoy dirigiendo. Antes pensaba que no lo era, pero con el tiempo me he dado cuenta que me pongo nervioso para dentro, ¡que es peor! La gente me ve tranquilo pero no es la realidad.

¿De todos los personajes cuál es el que más ha disfrutado sobre el escenario?

Te diría que un monologo de Chéjov que hice en la Escuela de Teatro. Luego con Sapo producciones he interpretado a muchísimos, pero me quedo con ese de mis comienzos.

¿Dónde va cuando quiere aislarse del mundo?

Soy muy solitario aunque no lo parezca. Necesito naturaleza y si es mar, mejor. Cuando puedo coger unos días de vacaciones, normalmente en invierno, me escapo a la playa. Fuerteventura me fascina.

 

Desde el punto de vista de una actor, ¿cómo se calificaría como director?

Me gusta conversar y fomentar un buen ambiente de trabajo. Me he permitido el lujo de trabajar con amigos. 

¿Se considera un Logroñés de pura cepa?

No me considero porque lo soy (sonríe). El primer espectáculo que hicimos en Madrid era un cabaret que se titulaba Cómo llegar a ser santa habiendo nacido en Logroño. 

¿Qué personaje histórico le habría gustado ser en la vida real?

No podría decirte ninguno en concreto. Pero admiro mucho a la gente que se moja y lucha por los derechos de los demás. Porque en eso yo me considero un poco más cobarde, así que valoro mucho esa actitud. 

Llamarle bufón, ¿es un insulto o un halago?

¡Un halago! Yo soy un bufón, un payaso. Hasta me puede llamar tonto chorra, que es una expresión muy riojana. No me voy a ofender (ríe).

¿Alguna vez se ha quedado en blanco durante una actuación?

Sí. Tenemos una que es histórica en la compañía. Hacíamos un obra en una representación privada en Haro para una familia. Se titulaba El Silano y era toda en un verso muy complicado. Yo hacía de Nerón y nada más salir a escena con un puñal en alto, me quedé en blanco. Afortunadamente conseguí retomar el texto. Pero es una anécdota que siempre recordamos los compañeros.

 

Es de los que quiere morir encima de un escenario o ¿aspira a una jubilación larga?

Si me puedo jubilar y marcharme a la playa me dará igual todo. Otra cosa es que, tal y como están las cosas, me llegué la pensión. Así que ya veremos.