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Chucky regresa una vez más

Ramiro González
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El muñeco diabólico más famoso de la historia del cine vuelve, pero a la pequeña pantalla, para denunciar el 'bullying' y otras problemáticas

Chucky regresa una vez más

¡Ha ganado el premio a la mejor serie de televisión de terror este año. Sin duda, lo tiene muy merecido. Personalmente, iría un poco más allá: es una de las grandes producciones de 2022. Alguno pensará que tratándose de un producto de terror será violento, dará mucho miedo. 

Por eso mismo les invito a que presten atención a Chucky una vez más, porque detrás de su festival de muertes, hay un fondo muy importante acerca de los tiempos en los que vivimos. Sin más preámbulos, entremos en materia para analizar esta más que original propuesta de Movistar +.

El relato nos lleva al bonito pueblo de Hackensack, en Nueva Jersey. Uno de esos lugares que se anuncian en la carretera como la plaza ideal para educar a tus hijos. La cámara nos lleva directamente a un mercadillo municipal, donde encontramos al protagonista de este cuento perverso, un chico de 14 años llamado Jake Wheeler (Zachary Arthur) que sueña con ser artista, como lo fue su madre largo tiempo atrás. 

Huérfano de progenitora, vive solo con su padre, un alcohólico que no ha superado la pérdida de su esposa, y que culpa a su hijo del fallecimiento. Pero la guinda de este pastel no es eso, sino el secreto que Jake esconde. 

Bueno, más bien dos secretos. Uno de ellos es que ha encontrado algo muy especial en ese mercadillo: un antiguo muñeco Good Guy en perfecto estado. En casa, el juguete no duda en presentarse: «Hola, soy Chucky ¿Quieres jugar?».

A partir de este momento, comienza una auténtica pesadilla para Jake y para su círculo de amigos. Porque el diabólico personaje regresa para que los buenos se quiten la máscara de una vez. El relato que nos propone Don Mancini, que vuelve a su creación original de los años 80 como director y guionista, ahonda en un elemento cada vez más común en las sociedades modernas: la hipocresía. 

Claramente, Chucky es el villano de la función. De eso no hay ninguna duda. Sigue siendo ese muñeco poseído por el alma del psicópata Charles Lee Ray, pero ahora le damos una pequeña vuelta de tuerca al asunto porque nos va a dar una lección de sociología realmente magistral. Jake es víctima de bullying en el colegio, pero también es víctima en su propia casa.

 No tiene un lugar seguro en el que estar y mostrarse. Es alguien puro que, cuando descubre la verdadera personalidad de su amigo se asusta... pero, al mismo tiempo, en su fuero interno, siente alivio.

Desgarradora confesión

Esta serie nos pone delante del espejo para mostrar nuestras contradicciones, para hacernos ver que nuestro reflejo no es tan puro como pensamos. En un momento dado, el adolescente le recrimina a Chucky lo que hace, a lo que este le responde: «En el fondo querías que sucediera, Jake. La verdad, chico, es que hay personas en este mundo que solo se merecen morir». 

La polémica, ciertamente, está servida. El muñeco sigue siendo políticamente incorrecto, y al mismo tiempo, muestra más empatía que la mayor parte de los humanos considerados normales. Chucky es un gran ejercicio metanarrativo, un espectáculo para los sentidos, una diversión creciente que deja ganas de mucho más y que provoca añoranza de propuestas tan atrevidas en el séptimo arte.