"Los músicos debemos trabajar ahora en humanizar este mundo"

Feli Agustín
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Entrevista con el guitarrista clásico riojano Pablo Sáinz-Villegas

“Los músicos debemos trabajar ahora en humanizar este mundo“ - Foto: Ingrid Fernández

Es difícil saber si es por su suave acento mejicano, su tono alejado de la crispación o la profundidad de sus pensamientos, lo cierto es que es calma lo que queda tras una conversación con Pablo Sáinz-Villegas (Logroño, 1977), el, tal vez, mejor intérprete de guitarra clásica española, de la que se precia de ser un abanderado en todo el mundo. De la misma manera, es embajador de La Rioja, una tierra que es parte de su esencia y a la que se vanagloria en pertenecer. Ese amor al terruño es, aunque parezca paradójico, lo que  convierte a este artista en un ciudadano del mundo, que recorre durante 10 meses al año, con su casa en Nueva York y a quien le hace las guitarras un luthier alemán. La suspensión de su gira le sorprendió en el aeropuerto de Atlanta y guardó confinamiento en La Jolla, California, lo que no fue óbice para que cada domingo ofreciera un concierto a través de sus redes sociales a ese mundo que le espera. La crisis sanitaria, en la que alaba la respuesta de todos que la han peleado, le ha servido para acometer un proceso de introspección personal del que ha salido fortalecido y en el que, además, ha logrado componer su propia música, superado uno de esos límites invisibles que dice que todos nos marcamos. Es, además, este año, lleno de días extraños, en el que cumplirá uno de sus sueños: tocar el Concierto de Aranjuez, la obra que le identifica, con la Filarmónica de Berlín y, si todo va bien, reanudar su gira el próximo septiembre, precisamente con esta obra, en Aranjuez, donde nunca la ha tocado.


Ha pasado el confinamiento en California. ¿Ha tenido morriña?
Llevo más de 20 años viviendo fuera de España y viajando por todo el mundo y lo cierto es que La Rioja, mi familia y amigos son los que soy, es lo que me acompaña donde quiera que voy y lo que comparto como músico; es mi esencia como ser humano, lo que comparto cuando estoy sobre el escenario. Son mi voz y verdad. Sí que es cierto que han sido circunstancias extraordinarias, el confinamiento y el hecho de que el mundo se paró, esas circunstancias tan extraordinarias han hecho que sean dos meses diferentes. Si que es cierto  que uno echa de menos estar más cerca de los que uno quiere; he estado bien, en casa de unos amigos, pero en cuanto abrieron el espacio aéreo, el 8 de mayo, cogí un avión, y aquí he estado desde entonces.

 

Está pasando en La Rioja la desescalada. ¿Ha notado cambios producidos por la pandemia? ¿Se siente usted distinto?
Yo sí. Y espero y deseo que, a nivel global, la sociedad en la que vivimos se haya planteado muchas cosas que hace unos meses no pasaban por la cabeza de ningún ser humano. Desde un punto de vista personal, ha sido un tiempo para la introspección, la reflexión, para ver con perspectiva lo que es importante en la vida, priorizar y darse cuenta de que los pequeños detalles, esos que dábamos por sentado y los entendíamos como si tuviéramos derecho a ellos, son preciosos regalos que apreciamos más.


Y en este viaje a su interior, ¿se ha sentido satisfecho con lo que es usted?
He puesto en perspectiva y priorizado lo personal; al final, estamos en esta vida el tiempo que estamos, y hay que aprovecharla, dar lo mejor de nosotros mismos, inspirar a nuestro entorno y cambiar la realidad del mundo, que no es cambiar algo que esté sucediendo en Afganistán o Mozambique, sino algo que está en nuestro entorno. Este entorno lo componen mi familia y amigos, pero el objetivo es dar lo mejor de ti mismo allí donde estés. Así, nos inspiramos unos a otros y cambiamos el mundo. Para mí, este tiempo de confinamiento ha sido un periodo para poner en perspectiva todos estos valores.


Y con esta perspectiva de inspirar al entorno ¿es donde se encuadra su profusa actividad en redes sociales, a través de las que, entre otras acciones, ha dado conciertos?
Forma parte de mi esencia como ser humano, de los valores que mi familia me regaló y de la función que yo entiendo que debe desempeñar un músico en el siglo XXI, humanizar este mundo, compartir una experiencia a través del arte, que es diferente, pues supone la expresión de las emociones; es esa la función que músicos y artistas tenemos la obligación de desempeñar para inspirar. Y, en la pandemia, más que nunca, porque ha habido un movimiento natural, social, de querer aliviar la presión que cada uno lleva en su corazón. Y por eso, se han producido tantos gestos maravillosos de solidaridad, aplaudir en los balcones, poner música … Y entre unos y otros, saludándose desde los balcones, se ha producido una gran oportunidad para que la gente esté unida. Es, a través de la unidad, como superamos los retos, individuales y colectivos. Haber participado tan asiduamente en las redes sociales ha sido parte de mi obligación como músico.


Participó, precisamente, en una maratón musical online. ¿Qué tal la experiencia?
Fue una iniciativa muy bonita, he participado en muchas acciones solidarias con organizaciones que han contactado conmigo, desde la Asociación del Cáncer en Estados Unidos, como esta iniciativa, Music never sleeps, en Nueva York. La música y el arte son actos de generosidad, una entrega al público, y es el público el que da sentido a nuestra realidad. Todo lo que hago se dirige hacia el público.


De la misma manera, participó en la grabación colectiva del tema ‘A tu lado’, de Los Secretos. ¿Ha sido su primera vez?.
Me invitaron a participar y el proyecto, más el elenco de artistas más vinculados al pop, que introducía una perspectiva diferente, me parecieron interesantes. He estado abierto a todas las iniciativas de este tipo. Hemos visto muchos actos generosos y yo he sido uno más,  he querido entregarme en cada nota que podía compartir con el mundo para poner mi granito de arena a lo que aún estamos viviendo. Es una canción preciosa, que refleja lo que hemos vivido: una parte que se nos muere y otra que renace en nosotros, una metáfora que invita a mirar el mundo desde otra perspectiva y con otros ojos y, a partir de ahí, ser conscientes del regalo que es la vida.


¿Y cómo se ha sentido con sus conciertos de los domingos, transmitidos vía Facebook?
Muy inspirado. He recibido mucho amor, lo que me ha hecho sentirme acompañado en un momento en el que estaba solo. Conectarme cada domingo, las miles de visualizaciones y comentarios me han emocionado. Además, las redes sociales tienen el aspecto positivo de que unen al mundo, gente de multitud de países latiendo en un mismo corazón. Creo que el hecho de tener una conciencia global de humanidad, manteniendo nuestra identidad cultural y nuestra voz, lo que nos hace diferentes, es lo que enriquece este mundo: un mundo multicolor que forma parte de un gran cuadro. ¿Qué sería un cuadro de Monet con un solo color? Al final, es la celebración multicolor de lo que significamos como individuos hacia  la colectividad.


Ha debido suspender la gira seis meses, en principio hasta septiembre.
El mundo del entretenimiento ha sufrido muchísimo y estoy con la esperanza y propósito de que poco a poco se vuelva a regularizar. El primer concierto será en septiembre, tocando con la Orquesta de RTVE El concierto de Aranjuez, en Aranjuez. Esperemos que la actividad se vaya reanudando, pero lo más importante es encontrar una vacuna o unos medicamentos que nos permitan salir a la calle con confianza y acudir a las celebraciones culturales.

 

Si todo va bien, cumplirá uno de sus grandes sueños los últimos días de diciembre, tocar El concierto de Aranjuez, su gran obra, con la Filarmónica de Berlín.
Ya se ha cumplido. El hecho de estar programado era el sueño que tenía desde los 20 años, desde que llegué a Alemania a estudiar. Y los sueños están para cumplirse, esa es su esencia. Y yo soy buen ejemplo de ello. Los sueños han sido parte de la vida de las personas y este es uno cumplido.


¿Cómo aprovecha estos tiempos de parón?
Es también momento para la reinvención. Si algo nos diferencia a los seres humanos es que somos seres creadores de la realidad en la que vivimos. Y con esa capacidad, es posible explorar más allá de nuestros propios límites, porque los límites son un concepto mental; no existen. Y esta ha sido una de mis enseñanzas. Yo tenía el límite, el miedo de componer y, en San Diego conocí al director de una televisión, KTBS, a quien le gustó la idea de los conciertos semanales en Facebook. Elaboraba un documental sobre un desierto que se llama Anza-Borrego, con nombre español, y me propuso que compusiera la banda sonora. Nunca lo había hecho, pero pensé que era el momento de superar esos límites, esos miedos y reinventarme y dar lo mejor de mi mismo. Han sido dos meses muy intensos para, con 13 temas, poner música a un documental sin voz; ha sido un proyecto muy bonito, siendo consciente de que esa barrera que estaba en mi mente era una ilusión; te acercas a ese límite y no hay un precipicio, tan solo es dar un paso más.


¿Y qué ha sentido al superar este límite?
Ha sido maravilloso. Pero en el camino tienes que confrontar tus dudas y miedos; eso forma parte del ser humano porque son inherentes a cada uno de nosotros, y en ese camino hay que ser conscientes de que nuestro poder va más allá de esas dudas. En cualquier cosa que hagas en esta vida, cuando esa acción tiene una intención va a ser mucho más poderosa y su efecto va a ser mayor. Cada nota que toco yo le pongo una intención; si no lo hiciera, serían burbujas,  bellas pero vacías.


Le definen como sucesor de Andrés Segovia. ¿Se siente así?
Me siento un continuador de una tradición completamente vinculada a España. La guitarra es uno de los pocos instrumentos que está vinculado a un país y una cultura y, al mismo tiempo, es el instrumento más universal que existe y el más versátil; aparece en el rock, en la clásica y el heavy, en el blues y jazz. Tiene un aspecto de local y autóctono, y al mismo tiempo, universal. Ese el poder que tiene la guitarra, es el instrumento de la gente en una dimensión amplia y global. El hecho de mantener viva una tradición, de la guitarra clásica, que es puramente española, es para mi una responsabilidad. Que me comparen con el maestro Andrés Segovia es un halago.


¿Es usted el mejor?

No soy yo quien puede opinar de eso. Al final es el público el que decide; la música le pertenece a la gente, todo lo que hago es por ellos. El arte no son matemáticas, no es ciencia, representa al corazón y en este ecosistema del corazón no hay blanco ni negro. Ser el mejor o el segundo mejor es algo muy subjetivo. Mi intención es dar lo mejor de mi y en eso si que hay una aspiración y una determinación de excelencia. 

 

Hablando de lo español, no hay nada más español que el flamenco. ¿Ha tocado alguna vez con algún guitarrista de este arte?
Me encanta el flamenco; el gran Paco de Lucía ha inspirado más allá del flamenco y me inspira mucho a mí. Son primos hermanos y mucho repertorio de la guitarra clásica española está inspirado en la esencia de la tradición flamenca, pero es otro ecosistema, con otros recursos expresivos. Son totalmente diferentes, una se basa en la improvisación y la otra en la música compuesta, de tal manera que el intérprete forma parte del proceso creativo de diferente manera. 


Usted es Embajador de La Rioja. ¿Qué campaña turística se le ocurre?
En los momentos que hemos vivido, hay todavía una cierta precaución en viajar. Pues con prudencia, siguiendo las normas de las autoridades competentes, pues seamos responsables de cada paso. Cuando las cosas se vayan normalizando, pues La Rioja lo tiene todo, lo he dicho allá donde voy y a los cuatro vientos. La Rioja tiene todos los ingredientes para ser un destino turístico de alta calidad; tiene mucho potencial de crecimiento y ofrece mucha calidad. Me siento muy orgulloso de ser el altavoz de La Rioja en el mundo.


Desarrolla una importante labor solidaria, como El legado de la música sin fronteras. ¿Le produce muchas satisfacciones?
Cuando era niño iba por centros de mayores y residencias de ancianos de Logroño tocando para ellos. Todavía recuerdo sus expresiones de agradecimiento y felicidad. Ahora, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que esas experiencias han sido semillas transformadoras en mi vida que luego han florecido en El legado de la música sin fronteras, que es una expresión de lo que soy, de lo que es ser músico, compartir mensajes e inspiración y darte a los demás. Es una oportunidad y una responsabilidad. Todos podemos realizar aportaciones para hacer este mundo mejor y más humano; en mi caso, con la guitarra. Para los niños de Tijuana, que muchos de ellos no habían tenido ningún contacto con la música clásica, era un tsunami de emociones al que reaccionaban con mucha espontaneidad. 


Son cosas como de estrellas. ¿Es usted una?
Todos lo somos. A veces, hay nubes y tormentas, pero siempre está ahí, reluciente. Hay que tener paciencia, ser consciente de que esa estrella está dentro, y de que todas las tormentas pasan. Honrar esa estrella es amarase a uno mismo y eso se refleja en tu entorno, tus seres queridos, tu familia. Yo he aprendido mucho de este proyecto y lo que yo les he dado lo he visto devuelto en expresiones de cariño.


Cuando comenzó la pandemia, su intención con la música era unir almas y corazones. ¿Lo logró?
Con que se hayan unido dos almas ya se ha cumplido el objetivo. 


Ha tocado en grandes escenarios y en aforos reducidos. ¿Tuvo miedo escénico en el Bernabéu?
Cuando entiendes que tu música es para compartir, que el escenario es tu hogar, que es para ese rato que estás sobre las tablas cuando todas las horas que pasas en casa o viajando tienen sentido, y que el público es tu amigo, porque quiere compartir contigo, que les abras el corazón y le lleves a un viaje de emociones, un viaje mágico, una realidad emocional que no vemos ni tocamos, cuando entiendes eso, te das cuenta que el miedo escénico es incompatible con ese propósito, porque va en contra de esa experiencia mágica de vulnerabilidad. Una vez, antes de salir al escenario en Chile, Plácido Domingo me dijo que nos debemos entregar al público en cuerpo y alma, incluso en el error, y ese error significa nuestros miedos o imperfecciones, porque somos humanos y es ahí donde la gente se siente identificada. Si un día no me siento bien, pues da igual, hay que salir a dar lo mejor de uno mismo, y esa intención es la que cuenta. Es como en los dibujos animados, cuando te habla el ángel y el diablo, pero la realidad estás más allá de esas dos vocecitas. Esa certeza radica en conectar contigo mismo, entender quien eres, tu propósito, fundirte y entregarte a él. Ser artista es un ejercicio de vulnerabilidad como ser humano y, precisamente, en esa vulnerabilidad reside tu poder, y el de cualquier persona: quitarnos los escudos de nuestro corazón, las caretas que nos ponemos todos los días y darnos cuenta de que lo que queda detrás es algo tan poderoso y bello que puede iluminar a todas las personas que están a nuestro alrededor.

 

Ha actuado para reyes y paisanos. ¿Se ha sentido igual?
Es una pregunta que me hacen mucho los niños de los colegios de Tijuana y yo les digo que la gente es igual de importante, todos somos seres humanos. Me siento muy honrado al poder haber tocado para estas personalidades; hay alguna, como el Dalai Lama, que con solo mirarme y darme sus bendiciones me inspiró mucho, es un recuerdo que atesoro. Pero, al final, todos somos seres humanos y ¿cuál es el propósito de la música? Pues compartir. Da igual que sea una u 85.000. La experiencia y la adrenalina te cambian un poco, pero la experiencia es siempre la misma. Cada vez que salgo a un escenario, tengo la capacidad de mirar en una o en miles de almas a través de la música. Y ese es un regalo que ofrece el público. En el hecho de que sean niños de un colegio de Tijuana o personalidades en el Carnegie Hall, que vayan con zapatillas o esmoquin, lo que cambia el envoltorio, pero la esencia es la misma

 

Ha dado conciertos en muchos países. ¿En alguno se siente mejor tratado? ¿Y en España? ¿Es usted profeta en su tierra?
Profeta en La Rioja me siento, y eso es algo precioso, recibo mucho cariño y mucho amor. Es uno de mis propósitos que estemos orgullosos de la guitarra clásica española, porque hay un desconocimiento en muchos sectores de este instrumento que es tan nuestro, que es parte de nuestro patrimonio, patrimonio de nuestra historia y cultura. Una de mis motivaciones es que la guitarra sea considerada en España, pero mi carrera es internacional, y cada país tiene su idiosincrasia y reacciona a la música de manera diferente. Hay países y culturas introvertidas, otros son más extrovertidos, pero al final es la misma esencia y eso es lo que hace que el mundo sea también muy rico, que haya diferentes expresiones, culturas y colores. Me encanta lo que hago y me siento un embajador de la cultura española en el mundo. Cada vez que toco en nuestro país también disfruto muchísimo.

 

¿Se siente más cerca de usted mismo tocando en solitario que con una orquesta?
Me apasionan ambas, son diferentes ecosistemas musicales, uno es más introvertido, además, me gusta hablar en los recitales, con lo que hay esa comunicación verbal. Con la orquesta es esa explosión de colores y es una guitarra más extrovertida y la personalidad, cuando sales, también debe estar ahí fuera para llenar el teatro en el que hay 2.000 o 3.000 personas, con el sonido, tu personalidad, tu presencia. Bueno, cada vez que estoy en el escenario, disfruto todo.