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La plaza mayor que no pudo ser

Bruno Calleja Escalona
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La historia de la Plaza del Mercado está ligada al palacio del obispo, que ocupó un espacio preeminente en el lugar. Este céntrico rincón logroñés fue plaza de la verdura y aspiró, sin éxito, a albergar la casa consistorial

El paso del tiempo se nota en la Plaza del Mercado, aunque hay muchos edificios que se mantienen en pie. En la imagen, la plaza en 1910. - Foto: Fondo fotográfico del IER

Es el epicentro del Logroño castizo. Al hilo de la calle Portales y puerta de entrada a La Redonda, la Plaza del Mercado es punto de ebullición de la vida social logroñesa, lugar de paso obligado en muchas de sus rutas, parada de turistas y escenario de actos festivos, manifestaciones, mercadillos y demás eventos. Pero no siempre fue ese entorno espacioso, que hoy conocemos. En este rincón de la ciudad levantaban en su momento el palacio del obispo, una fuente y varias viviendas. 

Los orígenes de la actual plaza, se remontan al 22 de diciembre de 1573, cuando el Ayuntamiento consideró necesario crear una nueva plaza, que entre otros nombres recibió los de Plaza de San Bernabé y Plaza de la Herventia. Por entonces, las casas que había eran propiedad de la Iglesia. La más señera fue el palacio del obispo, del que hay noticias desde 1224. Por su cronología, puede pensarse en él como un edificio románico, realizado con piedra de sillería, con un fin residencial junto a la iglesia de Santa María de La Redonda, por entonces, con una composición muy distinta a la actual. 

En 1510, el obispo recibió unos terrenos por parte del Consistorio para ampliar el edificio. En el siglo XVI, las fuentes informan de que el edificio contaba con un jardín y con un balón voladizo en su fachada sur, denominado corredor del sol, que queda documentado el día 21 de enero de 1572. Igualmente, el edificio contaba con agua corriente. 

El 16 de mayo de 1818, el edificio había quedado muy dañado por el paso de las tropas francesas, por lo que el Ayuntamiento se decidió a derribarlo. Las quejas del obispo y sus privilegios, generaron roces con el Ayuntamiento, que, tras problemas por su propiedad, anula su propuesta inicial, dejando en pie el edificio. 

Desde 1808, inicio de la Guerra de la Independencia, el obispo ya no vivía en el edificio, pues había sido reconvertido en cuartel general del ejército francés. En 1833, en el contexto de la I Guerra Carlista, los restos del palacio son usados de nuevo como cuartel, sirviendo la parte inferior como caballeriza. Tras el final del conflicto, el edificio quedó aún más ruinoso, siendo ya un peligro para los ciudadanos. La Ley de Desamortización del año 1842 afectó al edificio, que fue subastado. El Ayuntamiento en ese momento empieza a reclamar los terrenos cedidos. Las ruinas de edificio fueron reutilizadas como mercado, creando en él la plaza de la verdura.

La ciudad tuvo en algún momento dado aspiraciones de convertir este espacio en una plaza mayor, al estilo de las de otras urbes. De aquella pretensión, únicamente se materializó la construcción de los soportales en 1845. En 1850, se pensó emplazar en el lugar la casa consistorial, reconstruyendo el palacio obispal, proyecto que nunca se hará. El 17 de febrero de 1855, los restos del edificio son derribados, mientras se plantea la construcción de una plaza, dedicada a San Bernabé. La nueva plaza se realiza en 35 días, colocando jardines y arbolado. En 1845, se empezaron a construir los portales del muro norte.

La plaza acompañó a la historia del palacio del obispo, siendo un lugar dónde se realizaban intercambios comerciales francos, es decir sin impuestos. En 1521, se construye en este lugar una fuente, que tomaba el agua de los jardines del palacio. Un siglo después, conocemos que las filtraciones habían afectado al edificio, por lo que se colocó la fuente en el centro de la plaza, donde permanecerá hasta el año 1845, cuando se rehace, colocando en ella una decoración triangular, con un jarrón. Posteriormente fue cambiado por un farol, que permaneció en este lugar hasta la desaparición de la fuente en el año 1889. En el lugar dejado por la fuente, se colocó un gran estanque, con un gran chorro de agua que llegaba canalizada desde el Iregua. El estanque permaneció en esta ubicación hasta 1933, cuando se sustituyó por una fuente. 

Un cedro, testigo mudo. En 1980, la plaza era de nuevo reformada. Se reinauguró el 11 de septiembre de 1986 en un ambiente festivo. Se mantuvo el arbolado, los bancos y las farolas. De nuevo, a finales del siglo XX, la plaza fue reurbanizada, suprimiendo los jardines, fuentes y arbolado, del que únicamente pervive un árbol centenario en la zona central. El nombre definitivo de Plaza del Mercado llegó en 1979.

Desde hace unos años, la plaza del mercado acoge todos los domingos un mercado de coleccionismo en el que se venden e intercambian multitud de objetos. En el centro, un cedro libanés, de una partida de estos árboles de enorme porte que un jefe de jardinería repartió también por otros puntos de la ciudad, como el Espolón o la Escuela de Diseño, es testigo vivo de la historia de la plaza.