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Editorial

El peligroso juego de Pedro Sánchez que ya no sorprende ni a los suyos

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Pedro Sánchez salvó ayer su real decreto ley de medidas urgentes para paliar los efectos económicos de la invasión de Ucrania. Lo hizo cumpliendo el guión previsto y reafirmándose en la política que viene ejecutando desde que accedió a la Presidencia gracias a su pacto de coalición con Unidas Podemos y de investidura y gobierno con las fuerzas secesionistas. Tal y como había prometido hacer, ERC se negó a apoyar al Gobierno invocando el caso del espionaje del CNI a distintos actores de la trama independentista que derivó en el referéndum ilegal y la proclamación en falso de la república catalana. Viéndose colgado de la brocha, Sánchez llegó a pedir el apoyo del PP, que a cambio de su abstención o apoyo al texto únicamente pidió que se aceptaran algunas de sus propuestas, todas rechazadas de plano por el Ejecutivo de coalición. Era el plan de Sánchez o la nada.

Finalmente fue EH Bildu, quien, como ya hiciera cuando votó a favor de los presupuestos porque, en palabras de Arnaldo Otegui, «nosotros tenemos 200 presos en la cárcel», en referencia a los condenados de la organización criminal y terrorista ETA y a la pretensión de Bildu de negociar con este Gobierno alguna forma de amnistía, salió al rescate del Ejecutivo, logrando así que se mantengan medidas como la subvención a los combustibles. Paralelamente a la polémica por el caso de espionaje y a la negociación del real decreto ley, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha decidido dar entrada a Bildu y ERC en la comisión de secretos oficiales forzando el cambio de la mayoría parlamentaria para aprobarlo, un hecho inédito hasta la fecha. En suma, Sánchez rechaza la mano de los populares para abrazar los votos de las fuerzas políticas cuya razón de existir es dinamitar los cimientos del Estado, la Constitución y la convivencia. Ninguna novedad, por tanto.

Otra cosa serán las consecuencias. La ministra de Defensa, Margarita Robles, no tragó con la sumisión del Ejecutivo ante ERC. Dijo, alto y claro, que el CNIhizo su trabajo porque está para proteger los intereses del Estado de aquellos que conculcan los más básicos principios de nuestra democracia. La grieta intestina en el bipartito es cada vez más amplia. Ya no alcanza únicamente a la división de criterio entre los ministros del PSOE y los de Unidas Podemos, afecta directamente a la cohesión del núcleo socialista. Y aleja cada vez más a quienes no alcanzan a comprender que Sánchez ponga las instituciones a su servicio personal y no tiemble a la hora de laminar a su propia guardia ministerial cuando se trata de cumplir el doble objetivo que persigue obsesivamente: mantenerse en el poder tanto como sea posible y rechazar cualquier tipo de acuerdo con el PP para empujarle al entendimiento con Vox, lo que apuntala su manoseado y maniqueo discurso sobre la amenaza de la ultraderecha.