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Urdiales: "Mientras tenga ilusión no dejaré de torear"

Bárbara Moreno
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El diestro llega a Logroño en uno de sus momentos más importantes, aunque esto no le exime de pasar días de nervios por la responsabilidad de torear en su casa. El torero más puro y clásico del momento se sincera en una entrevista tan pura como él

Diego Urdiales en su plaza de toros de Arnedo. - Foto: Ingrid


Un solo pase, si es bueno, puede estremecer, erizar el vello, e incluso emocionar. El arte no se puede medir, asegura el diestro arnedano Diego Urdiales, el que hoy es imprescindible en las mejores ferias, porque el aficionado ya demanda su anuncio en los carteles, porque el público quiere sentir con él. Este es hoy el maestro, según los más expertos críticos taurinos, que lleva hasta el punto más álgido la pureza del toreo, esa que hacía épocas que no se dejaba ver en las plazas. Con Diego el tendido se queda mudo, espera paciente por ver aunque sea ese pase del que todo el mundo habla, ese momento que acaba siendo inenarrable, y que las mejores plumas no pueden igualar en sentimientos, porque sencillamente es imposible, y como dice el diestro arnedano, «siempre citaré la frase del maestro Curro Romero, el arte es algo que no tiene explicación». Y ciertamente es así la sensación con la que salen los aficionados urdialistas de las plazas aunque no haya habido trofeo para su torero, sin poder explicar la emoción vivida. Y mientras esto dure, el diestro promete que no se cortará la coleta.


Siempre dice que el mayor reto como diestro es seguir creciendo, pero, ¿hasta dónde quiere crecer?
Quiero crecer hasta que me aburra. Eso es lo primero que he pensado ahora mismo. Pero seguro que suena más romántico decir que, mientras tenga ilusión no dejaré de torear. Cuando muere la ilusión nace el miedo. Y es que es eso lo que ocurre, cuando acaba la ilusión, llegan las dudas de todo, entonces empieza el miedo a todo.


Tiene mal acostumbrada a la afición al regalarle faenas inenarrables muchas veces, ¿cuál sería una mala tarde para usted?

La tarde en la que no sienta nada. Mientras lo sienta, aunque sea en un  pase, ya es buena.


¿Qué se le pasa por la mente cuando ha hecho una faena impresionante y tiene que entrar a matar? 
Es secundario, no cabe duda de que si todo se redondea, la literatura es otra. Yo voy a la plaza a sentir y a hacer sentir a la gente. La suerte de matar se puede sentir también. Forma parte de la lidia. Y lo que intento es poder sentirla.


Entonces, ¿qué importancia tiene para usted el trofeo que normalmente se pierde cuando se falla en la espada?
Es una vulgaridad pensar en que si mato el toro o no, me voy a llevar más trofeo o no. En ocasiones he sentido tanto en la faena que no puedo ni pensar en el final.


Esta temporada quizás haya sido la que más ha toreado,  ¿no?
Pues ciertamente no las he contado, pero podría ser una de las que más.


¿Con qué faena se queda de la temporada?
Me quedo con muchas, afortunadamente, porque he sentido cosas muy bonitas. Si me pongo a pensar ahora en lo que he hecho cada tarde, no podría recordar lo que sentí en cada una. Cada faena es diferente, porque a lo mejor hay algo muy fuerte que te llena durante un minuto y en otra ese sentimiento ha durado siete minutos. ¿Como mides eso? En el invierno intento mejorar conocimientos. Intento evitar cosas que considero que no me gustan. Y hago hincapié en mejorarlas. Intento darle  un más allá a mi toreo.


¿Un más allá? ¿Hasta dónde?
(Ríe). Siempre hay cosas que mejorar, siempre. Y hay que mejorar siempre, hay que pensar en hacerlo cada día mejor. 

 

Entonces no le pregunto por la faena de su carrera...
Imposible elegir. Algunas te han abierto muchas puertas, pero con otras he sentido tanto...


Sigue sin ver las repeticiones de sus tardes en la tele o vídeos, ¿no?
(Ríe). Algo veo, cosas puntuales que me mandan al móvil. Pero no me pongo la faena de tal día para ver cómo la hice.


¿Cuál es su toro ideal?
El que te hace sentir durante más tiempo. 


¿Yel más bonito? ¿Qué tipo de complexión prefiere?
 Armónico, proporcionado, que en conjunto veas que el movimiento es acorde, así como su hechura y cornamenta que no haya nada desproporcionado. Que haya equilibrio.


¿Y el compañero de terna ideal?
He tenido la suerte a lo largo de mi vida de torear con todas las grandes figuras que ha habido en el momento. Y con todos, o casi todos, he tenido un trato cordial. Es cierto que hay compañeros con los que tienes más trato. Pero claro, lo primero, nosotros también somos aficionados y nos gustan unos toreros más que otros, y nos gusta torear con unos más que con otros. 

 

Pero no me va a decir nombres, ¿no? 
(Ríe). Si no lo publicas te lo digo...

 

¿Se lee las crónicas? Hay algunos críticos que realmente hacen poesía de sus lidias. ¿Siente que los críticos taurinos le ponderan y le quieren?
Sí las leo. Ciertamente hay algunas que hasta me emocionan. Y entiendo que tiene que ser difícil escribirlas, porque, ¿cómo lo narras? Como dice Curro Romero, el arte es algo que no tiene explicación.

 

¿Por qué gusta tanto el toreo clásico  y esos naturales que erizan el vello? 
 Porque es arte, y es lo único que te emociona de verdad. Sin arte no se podría vivir, sería todo una monotonía. Nos suicidaríamos sin el arte. 

 

¿Y por qué gusta tanto Diego Urdiales?
No lo sé. Igual hay que preguntarle a los aficionados. Transmitiré algo, no sé. Volvemos a lo mismo, supongo que emocionaré.

 

¿Se podría decir que usted está de moda?
No, porque soy clásico. (ríe)

 

Este año la afición ha echado mucho  de menos Bilbao, ¿es una de sus plazas favoritas, no?

Bilbao es mucho. Bilbao es el silencio, la comprensión. Es una de las plazas en la que más a a gusto estoy porque va a compás con lo que yo siento. Porque hay plazas que ven unas cosas, y el de Bilbao es un tipo de público que tiene paciencia. Esta plaza es el equilibrio, la espera, cuando tu sientes algo, ellos también, lo que más siento es la reacción que tienen.

 

Llega a Logroño en una de las temporadas más importantes de su carrera, ¿está más tranquilo por ello?
Para nada. Estoy más nervioso. Tengo un compromiso muy fuerte en Logroño, son dos tardes, es mi tierra. Hay algo que sientes diferente. Tienes una responsabilidad diferente, es tu casa, es un peso que no te puedes quitar.

 

A final de temporada le quedan las citas más importantes como Logroño, Madrid o Sevilla... ¿cómo está anímicamente?
Estoy bien, la verdad. Cierto es que duermo poco por la responsabilidad que queda en tan pocos días. Esta temporada ciertamente ha sido diferente. Al principio de la misma se suspendió Sevilla y Madrid donde ya estaba anunciado, y bueno, la temporada ha dado una vuelta por las circunstancias. 

 

¿Qué le pone por tanto más nervioso, las grandes plazas, o Logroño porque es su casa? 
 Es diferente. En cada una de las plazas a las que voy tengo una responsabilidad diferente. Pero como te decía antes, torear en tu casa es algo especial y una responsabilidad.

 

¿Eso de que uno no es profeta es su tierra se da en usted?
Se da en todos los casos. Nadie es profeta en su tierra por lo general. Pero claro, hay que determinar a qué época nos referimos. ¿Cuándo podría ser profeta en mi tierra?, ¿ahora, antes? ¿Cuando me dejaban sentado en el tendido? ¿Ahora que estoy toreando?

 

Lleva años diciendo que las plazas tienen más público joven que nunca, pero algunos creen que estos chicos siguen una ideología de derechas, una moda, que no es una afición real. 
El toreo no tiene ideología. No ha sido ni de derechas ni de izquierdas. Y quien lo use para  conseguir votos, mal. Y sí, cierto es que ahora hay más gente joven en las plazas que en otras épocas.

 

¿Cree por tanto que estos son los aficionados del futuro?
Así es. Está claro que la gente joven va a los toros, y de muchas ideologías y no va más porque cuesta un dinero.

 

Su niña, Claudia, de 13 años, nunca va a las plazas a verle, ¿le gustaría que lo hiciera?
No. No me ve ni en las repeticiones, aunque sí vemos toros juntos en la televisión o en las plazas. Pero prefiero que no me vea torear, porque al final, ojos que no ven, corazón que no siente. 

 

¿Y su madre? ¿Le ha preguntado alguna vez qué siente cuando ve a su hijo que se juega la vida cada tarde?
Mi padre viene conmigo desde que empecé. Y mi madre al principio iba a las plazas, pero cuando me cogió el toro de novillero, en varias ocasiones, se le quitó el valor. No pregunté. Cogió miedo, pero entiendo que tiene que ser difícil.


2021 ha sido un año difícil por la pandemia, sin hablar del 2020, ¿compañeros, e incluso usted mismo, han tenido que ‘tragar’ con contratos que en otros casos no hubieran aceptado?
Ciertamente todos hemos tenido que adaptarnos. Todos. 


Pero alguno incluso ha estado trabajando por debajo de precio...
Siempre ha habido toreros que no se han hecho respetar, han cobrado por debajo y han cortado el paso a gente con más categoría. 


Y al ganado también le ha afectado la pandemia...
Si, para los ganaderos ha sido muy complicado. Y el ganado es hoy en las plazas ‘digamos’ que más complicado. Hay muchos toros con cinco años. Y es que también ha ocurrido que a ganaderías no les ha dado tiempo a preparar a los toros. Pero, a partir de ahora se va a empezar a notar que se llega a la normalidad en las fincas y en las plazas. 


¿Conoce a compañeros de profesión que hayan tenido serios problemas económicos? 
Sí. Es que el año pasado se facturó cero. Pero poco a poco tendremos que llegar a la normalidad también en este sector.