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Las restricciones y el miedo asfixian a las academias

Víctor Zurrunero
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El sector se ha organizado en una plataforma para solicitar al Gobierno un protocolo específico

Un grupo de alumnos recibe una clase de danza con las medidas sanitarias y de distancia de seguridad. - Foto: Clara Larrea

El mes de octubre supone para muchas familias el comienzo de un encaje de bolillos con el horario y las diferentes actividades extraescolares. Apoyo educativo, música, danza o clases de idiomas llenaban las tardes entre semana. Eso era así hasta que llegó el coronavirus para cambiar la realidad y la vida ordinaria. Una cotidianidad que no se ha podido recuperar por completo con la entrada en la llamada ‘nueva normalidad’.


El sector de las enseñanzas no regladas, que agrupa academias de diferentes disciplinas, está sufriendo los efectos de la crisis derivada de la Covid-19. Por un lado, se han visto obligadas, al igual que la mayoría de negocios, a adecuar sus instalaciones a las medidas de seguridad establecidas por las autoridades sanitarias. Unos protocolos que entre otras directrices marcan la distancia de seguridad, la obligatoriedad de llevar mascarilla, así como el incremento de las medidas de higiene, limpieza y desinfección constante. 


Una serie de actuaciones cuya primera repercusión es la reducción de la capacidad de los centros  para asumir el mismo número de alumnos que tenía en la ‘antigua normalidad’.  En los centros escolares estas medidas han obligado a desdoblar aulas o a utilizar instalaciones destinadas a otro uso para alojar grupos de alumnos. Una opción a la que las academias no pueden recurrir porque su instalaciones son mucho más reducidas. 


Por tanto, el único recurso que tienen a su disposición es la limitación de aforo, lo que en la práctica supone reducir el número de alumnos a los que poder impartir las distintas enseñanzas.


Esto, unido al temor de las familias a los contagios, ha reducido su alumnado entre «el 50 y el 80 por ciento, dependiendo del tipo de actividad», explica el portavoz de la Plataforma de Academias de La Rioja, Juan Núñez. 


La asociación se ha creado recientemente con el objetivo de defender los intereses del sector y poner voz al colectivo de academias de enseñanzas no regladas enla región. De momento, se han adherido 24 empresas y han hecho publico un manifiesto en el que reivindican un protocolo específico, que se adapte a las particularidades de su sector, y medidas de apoyo para afrontar una situación económica muy complicada. 


«Decidimos montar la plataforma porque no vimos ningún interés desde la Administración para legislar de manera específica para nosotros como han hecho con otros sectores», denuncia Núñez.


Durante el estado de alarma algunas de estas escuelas se acogieron a los ERTE. Aunque consideran positiva su prórroga hasta enero, solicitan que se les incluya dentro del apartado de empresas especialmente vulnerables (como las que dependen del turismo) las cuales pueden acogerse a una exoneración de hasta el 100% de las cotizaciones empresariales.


En la actualidad, las academias se rigen por la limitación de aforo que conlleva mantener la distancia de seguridad de 1,5 metros. «Si se endurecen las restricciones supondrá la ruina del sector», advierte Núñez.  Desde la plataforma solicitan también a las autoridades sanitarias el establecimiento de un protocolo de actuación similar al de los centros escolares, «queremos saber cómo actuar si se detecta un positivo en una clase o si un profesor tiene que estar en cuarentena», detalla su portavoz.  


Un sector muy heterogéneo.

Dentro del ámbito de las enseñanzas no regladas se agrupan academias de diferentes disciplinas, cuyas características y perfil de alumnado, hace que sean muy distintas entre ellas. «Es un sector muy heterogéneo, a unas les perjudica más la reducción de aforo y a otras la supresión de las actividades extraescolares», detalla Núñez.


Cada negocio ha ido aplicando las medidas sanitarias y de seguridad en función del tipo de alumnado y su método de enseñanza. Así, se han distanciado las mesas, delimitado los espacios, establecido diferentes accesos o ampliado los horario, sin olvidar la inversión que han tenido que realizar en mamparas o hidrogeles.

 

«Es complicado porque los ingresos son menores, pero seguimos luchando»

Bailar de lejos no es bailar...pero el coronavirus ha obligado a ello. Esther Alcalá dirige una escuela de danza que ha permanecido cerrada desde marzo hasta este mes de septiembre. Para adaptarse a las medidas sanitarias y de seguridad, en su centro han tenido que dividir las aulas en segmentos para mantener la distancia, «el aforo de las clases se ha reducido casi a la mitad, los alumnos viene vestidos de casa, se les toma la temperatura y se cambian las zapatillas». En su caso han tomado todas las precauciones posibles para mantener la actividad presencial, pero reconoce que tienen menos alumnos debido, también, al miedo de muchos padres ante la evolución de la epidemia. Al igual que otras empresas, ellos han hecho un esfuerzo por mantener a todo el personal. «El número de profesores es el mismo y es complicado porque los ingresos son menores, pero seguimos luchando» afirma Alcalá, quien denuncia que se sienten un «poco abandonados».

 

«Ofrecemos clases presenciales y desde casa, por si tienen que hacer cuarentena»

Las escuelas de idiomas, así como las academias de apoyo escolar también han experimentado una reducción de su alumnado. Aunque en su caso, han echado mano de las posibilidades tecnológicas para adaptar sus clases al modo telemático. Es el caso de Teacher School, que durante el confinamiento pudieron mantener las clases de manera online. «Ahora también ofrecemos clases combinadas entre presencial y desde casa, para adaptarnos a las necesidades de los alumnos y por si tienen que hacer cuarentena», explican desde el centro. En su caso, han reforzado las medidas de seguridad con mamparas entre las mesas, separadas entre sí por el metro y medio de rigor; han establecido entradas y salidas separadas y han adoptado el protocolo de la toma de temperatura. «El futuro lo vemos incierto, hay muchas dudas. Estamos haciendo un gran esfuerzo, pero es una ruina».  Piden a las autoridades un protocolo específico para su tipo de actividad.

 

«Las matriculaciones han bajado un 60% respecto a la cifra del año pasado»

Las mamparas se han convertido ya en una parte más del mobiliario de la academia Musicalia, «las usamos en las clases de canto y con los instrumentos de viento, además, los profesores llevan pantallas protectoras junto a las mascarillas», explica Rafael Ibarrula, responsable del centro. Ellos han recurrido a una empresa de riesgos laborales para elaborar un plan de contingencia y se han adaptado también al protocolo de Educación. Al igual que muchas academias, han tenido que hacer una inversión importante para adaptar las instalaciones. Entre sus alumnos perciben ilusión y ganas por recuperar cierta normalidad pero también miedo e incertidumbre ante la situación. «Las matriculaciones han bajado un 60% respecto a la cifra del año pasado», explica Ibarrula.  Junto a las ayudas económicas para al sector, Rafael solicita a la Administración un mayor apoyo a la cultura. «Queremos volver a realizar conciertos, para nosotros es muy importante».