"Si el enemigo fuera el mismo, las cosas serían muy fáciles"

María Albilla (SPC)
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"Si el enemigo fuera el mismo, las cosas serían muy fáciles" - Foto: JUAN LAZARO

Que se mueve con gran soltura en el thriller no es noticia, pero esta vez Eva García Saénz de Urturi va más allá y se adentra en la investigación de la muerte del duque de Aquitania en pleno siglo XII con un personaje histórico de excepción, Leonor de Aquitania, en una novela que lleva el título de la región francesa. La tensión, la intriga y la agilidad de la narración de esta historia que atrapa le ha valido en su 69º edición el Premio Planeta.


¿Cómo era la Aquitania que presenta en esta novela homónima?
Fascinante. Me encanta todo el modo de vida de los aquitanos, algo muy concreto del medievo europeo, concretamente del francés. Los duques aquitanos fueron buenísimos gestores y los hombres más ricos de toda la cristiandad. Era además una familia muy incestuosa que me atrapó. Y claro, sobresale la figura de Leonor de Aquitania como una de las protagonistas de la novela porque solo ella como personaje histórico daría para una enciclopedia.


¡Es que tuvo una vida intensísima!
Con solo 13 años se quedó huérfana y ya estaba preparada para la gobernanza de Aquitania. Se casó con el hijo de su peor enemigo, el rey de Francia (Luis VI); a los 15 años se separó y se volvió a casar con el enemigo de su peor enemigo, el rey de Inglaterra (Enrique II). Se reveló contra él por tirano y regresó con sus hijos a París al abrigo de su primer marido (Luis VII), que la acogió y la perdonó demostrando una gran bondad... y todo esto es histórico, pero vi que en toda esa trama había un factor humano muy interesante. 


¿Dónde encontró el hilo de Leonor de Aquitania?
Pues mientras me documentaba para Los señores del tiempo. Investigué muchísimo para aquella novela sobre los reyes navarros. Entonces descubrí que doña Berenguela de Navarra, la hija de Sancho El Sabio, se fue hasta Tierra Santa para casarse con un rey inglés, Ricardo Corazón de León, y Leonor de Aquitania, que era la madre de él, la acompañó hasta allí cuando tenía 70 años. ¡Se cruzó el continente a caballo para entregar una princesa navarra a su hijo, que no tenía herederos, y del que corrían rumores de bisexualidad! Ahí empecé a leer sobre ella y es que encontré anécdotas tan interesantes como que 10 años después volvió a cruzar media Francia para llegar a la corte de Burgos adonde fue para elegir entre sus dos nietas, María y Urraca, a ver quién se casa con el nieto de su primer marido. Es que es fascinante. Tuvo que tener una fortaleza impresionante.


Murió con 82 años, que eso tiene que ser como 120 de hoy en día...
Totalmente. En el siglo XII el 50 por ciento de las mujeres estaban casadas con 11 o 12 años y la mitad morían en el parto. La esperanza de vida era de unos treinta y pico y con 40 ya eras anciana. Imagínate con 82. Y cuando murió todavía se decía de ella que tenía el pelo muy blanco, sus características trenzas hasta los tobillos y que no se le habían caído los dientes. De ella decían que era perpulchra, que viene a ser un hiper guapa de hoy.


Si la Historia nos la hubieran contado las mujeres, ¿cree conoceríamos a más féminas poderosas como Leonor?
Sí, desde luego. Ahora también se está rescatando la vida de una coetánea suya y que fue amiga en la última etapa de su vida, Hildegarda de Bingen, una monja que fue muy renacentista. Dejó tratados de medicina, de filología... era una persona cultísima que fue mentora de papas y de gobernantes de la época. Tuvo muchísima influencia. 


La Edad Media está considerada como una época oscura, pero también hubo algún haces de luz, como fueron estas mujeres.
La Edad Media es uno de los períodos más largos de la Historia y no se pueden comparar los siglos oscuros de su inicio con el siglo XII. Cuando vivió Leonor no hubo ningún parón de conocimiento, los inventos seguían sus ritmos, no se abandonaron las ciudades como cuando cayó Roma... Hubo florecimiento cultural. Ahí están los trovadores, el ciclo artúrico que inició precisamente Leonor... 


¿Se podría decir que fue uno de los primeros ejemplos de empoderamiento femenino?
En realidad ella había sido educada para el poder. Con ocho años era una persona acostumbrada al mando en la Corte. Se crió con mucha seguridad en sí misma y con unos objetivos vitales para los que fue ejecutando sus estrategias para lograrlos. 


Tanto hablar de Leonor, lo que hay en Aquitania, en realidad, es una historia de intriga que engancha.
Es una trama de un asesinato en el que hay que investigar quién está detrás. Leonor se mueve por el afán de saber, de buscar al culpable de la muerte de su padre tras peregrinar a Santiago. Ella se autoinmola y se propone como esposa del hijo de su mayor enemigo porque quiere saber y porque quiere mantener intacta la cultura y la legua aquitana.


El fin justificaba los medios...
Siempre que entras en tramas de gobiernos y de cortes tienes aliados enemigos, falsos enemigos o enemigos temporales en función de los objetivos. Pasa en House of cards, Juego de tronos o The crown. Es un baile de máscaras. Si el enemigo fuera siempre el mismo las cosas serían muy fáciles y las novelas perderían mucho de impredecibilidad.


De nuevo da una lección de venenos medievales. ¿Son el aliño perfecto para una trama?
Los venenos aparecen muchísimo en la actas de los reyes. En todas las villas había quien acudía a los que sabían de venenos para eliminar a alguien. Una de las cosas que se hacía muchísimo era usarlos contra el marido maltratador para que fuera una muerte limpia. Eso es puro thriller medieval. También eran muy comunes los contravenenos. Esto te da la medida de lo cotidiano que era en aquella época matar así.


¿Por qué dice que esta novela tiene 150 libros detrás?
Porque tiene mucho trabajo detrás. A veces leo libros para documentarme de los que aparece quizás solo una línea... A Lui, por ejemplo, le asigno el oficio de iluminador porque le va bien a su carácter y para ello me leí como tres o cuatro tomos de manuscritos iluminados y hasta hice un curso de pigmentos naturales que se usaban en el medievo.


Con Aquitania demuestra que se desenvuelve en el thriller como pez en el agua.
Meterme en esta época tenía un plus de complejidad por esa carga documental. Si escribes thriller contemporáneo no tienes que explicarle tantas cosas al lector porque sabes que ya lo tiene en la mente.


¿Cómo fue recoger el Premio Planeta con mascarilla?
Fue muy atípico, la verdad. Lo normal es que para un escritor sea una noche muy social. Ves a tus colegas, a tus compañeros, con los que te encuentras no más de cuatro veces al año... Esta vez todo fue diferente. Me habían avisado el día antes y, claro, había mucha menos gente. Lo que más veía en el Palacio de la Música era periodistas tecleando y yo me decía, ¡se van a dar cuenta de que soy yo antes de que se publique el fallo! Tras del discurso de agradecimiento fue cuando empecé a disfrutar. 


¿En qué va a gastar el premio?
Pues lo gestionaré como he gestionado toda mi vida, con mucho sentido común. Eso te puedo decir.


Empalmó el confinamiento de la escritura con el confinamiento sanitario. ¿Cómo lo ha llevado?
Desde octubre del año pasado llevaba sin salir de Alicante porque quería acabar la novela. De manera sobrevenida llegó la pandemia y lo que me pasó es que me tuve que aislar de la realidad. Todos estábamos en shock, pero no me podía dejar arrastrar porque no podía cambiar el tono de la novela. Tuve que hacer un gran esfuerzo. Al acabar, ya al final del confinamiento, estaba tan agotada que, si te soy sincera, casi no me acuerdo de esas semanas.