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Una lucha de toda la sociedad

Ana Torrecillas
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La violencia de género ya no es doméstica sino que sobrepasa las paredes del hogar. Terminar con ella es un objetivo conjunto

Imagen de la concentración del 25-N de 2021 - Foto: Óscar Solorzano

María no es un número más de las estadísticas de violencia de género que cada 25 de noviembre llenan las páginas de periódicos y minutos televisivos. Es la prueba palpable que se puede salir de una espiral de violencia y abusos; mirar hacia adelante y vivir para contarlo. Como ella, cada vez son más las mujeres que se atreven a denunciar malos tratos tanto físicos como psicológicos. Solo de enero a septiembre de este año, se interpusieron 577 denuncias por violencia machista, 101 más que en el mismo periodo de 2021. Pero llegar hasta aquí no es fácil. El perfil de la víctima de violencia machista es el de una mujer de entre 31 y 40 años que denuncia s su ex pareja por maltrato físico. Estas denuncias representan el 58,1% 7 y vienen acompañadas por delitos contra la libertad como amenazas y coacciones.

En la Red Vecinal contra la Violencia de Género saben las dimensiones de todo ello. Nuria Lázaro, su coordinadora, trabaja para asesorar y apoyar a las víctimas de la violencia machista. Con una red de más de 90 voluntarios repartidos por los diferentes puntos de información en lugares como Logroño, Arnedo o Haro, tratan de acompañar a las víctimas. Porque de eso se trata, de un acompañamiento para salir de la espiral de temor, violencia y aislamiento que genera la violencia machista. La Red surgió hace 20 años tras detectar que un gran número de personas acudían a las asociaciones de vecinos para denunciar que escuchaban discusiones muy fuertes e incluso golpes en los pisos de sus vecinos.  Los voluntarios de la red realizan varias acciones tras realizar una serie de cursos de formación en la materia. «Acompañamos a las víctimas en el proceso de poner fin a la situación de violencia por la que atraviesa». También se hacen traslados, especialmente en las zonas rurales, donde las víctimas precisan trasladarse a municipios más grandes y no poseen vehículos propios. «Todas ellas necesitan hablar de lo que les está ocurriendo y la red es un lugar seguro, un espacio de confianza donde sentirse escuchadas desde el anonimato», recuerda Lázaro, «en la red tratamos de que sepan que no están solas». Pero en la Red sí que han percibido un cambio de pensamiento y de comportamiento en la sociedad. «Vemos como hay más conciencia, más conocimiento del problema y más rechazo. Antes se creía que la violencia machista era cosa solo de las mujeres que la padecen, y ahora somos conscientes de que es un problema de todos».
 

«Un maltratador puede dejar de serlo». Raquel Toribio es vocal de Igualdad del Colegio de Psicología de La Rioja y psicóloga del Programa de Prevención e Intervención para hombres con riesgo de violencia intrafamiliar del Gobierno de La Rioja que desde 2017  ha atendido a 74 hombres que llegan al programa de forma voluntaria o bien, derivados por el servicio de Gestión de Penas por una condena por maltrato. En el programa, Raquel les ayuda a reaprender la forma de vivir en pareja, tomar conciencia de la responsabilidad propia en los episodios de violencia, adquirir técnicas de a autocontrol de las conductas violentas y adoptar unas formas sanas de relacionarse con las mujeres. «Tratamos de que abandonen ese comportamiento violento fruto de un pensamiento machista por el que creen que la mujer es inferior», apunta la psicóloga, «cuando llegan creen que su situación es injusta, que están condenados por error e incluso responsabilizan a su pareja». Los perfiles son muy diversos y de todas las edades con un problema común: su idea de control les lleva a ser agresivos».
Cambiar esa mentalidad requiere de muchas sesiones, que aprenden que hay otros modelos de pareja y de familias más sanos». Un maltratador puede dejar de serlo, pero es necesaria una reeducación para cambiar los pensamientos machistas interiorizados». Pese en esta visión esperanzadora de la realidad, hay una cara B que Raquel ve cada vez que acude a los centros educativos a impartir charlas y talleres contra la violencia doméstica. «La actitud de los jóvenes ante las conductas machistas está en claro retroceso», lamenta.