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Fran Sota derrota a la melancolía

M. A. G-S.
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La SDL, con cinco minutos milagrosos, da la vuelta a un partido que estuvo cerca de perder (3-2)

La SDL se llevó tres puntos muy sufridos. - Foto: Óscar Solorzano

Ficha técnica:

SDL: Jero Lario; Paredes (Manny Rodríguez, 65), Caneda, Víctor Ruiz, Monroy (Gexan, 63); Borja Martínez, Alain Ribeiro (Fran Sota, 58), Diego Esteban; Madrazo(Cherno, 58), Unzueta y Samames (Silvente, 70).

La Nucía: Jaime Valens, Romera, Ángel López, Álex Salto (Marcos Bustillo, 24), Dasquet, Moisés García, Fer Pina, Isma Gutiérrez, Javi Martín (Isaac Aketxe, 74), Borja Calvo (Cabezas, 74) y Buenacasa (Jorge García, 63).

Árbitro: Aimar Velasco (colegio vasco). Amonesó a Paredes y Caneda así como a Jaime Valens, Ángel López, Moisés García e Ima Gutiérrez. 

Goles: 0-1,  M. 45: Buenacasa; 1-1,  M. 45+: Moisés García, en propia puerta; 1-2,  M. 46: Borja Calvo; 2-2,  M. 85: Fran Sota, de disparo ajustado; 3-2,  M. 88: Unzueta, de penalti

Incidencias: cerca de mil espectadores en Las Gaunas.

m. a. g-s. / logroño

La Sociedad Deportiva Logroñés sonríe después de, al tercer intento, estrenar su casillero de victorias en un encuentro loco que La Nucía todavía no sabe cómo se le escapó. Los alicantinos festejaron un triunfo que, en cinco minutos milagrosos de los riojanos, se les escapó. Ni los levantinos merecieron el éxito ni los logroñeses la derrota pero el conjunto de Raúl Llona, que cambió el encuentro desde la rueda de cambios, tuvo más fe que los visitantes y se acabó llevando una victoria que sabe a tres unidades y a punto de inflexión.

El hombre del partido fue FranSota que, junto con Cherno Arévalo, revolucionó un encuentro que enfilaba la senda de la tragedia. Su zarpazo, el primero a puerta en el segundo acto, echó por tierra el trabajo especulativo de los alicantinos que, sin apenas poder reponerse, cometieron un penalti de libro que Unzueta no perdonó. Estos dos chispazos cambiaron una contienda que olía a sainete para los blanquirrojos y que acabó como una corte de los milagros. Un éxtasis con el que nadie contaba en el 85, una bocanada de oxígeno y viento en las velas en vísperas de derbi.

Pese a la epifanía final, los logroñeses tienen mucho que mejorar porque nuevamente dos errores, groseros y ostentóreos, pusieron en entredicho el trabajo de toda la semana. Sin embargo, al contrario de lo que sucediera con el Alcoyano y el Amore, la fortuna no volvió a regatear a los riojanos que hacen muchas cosas bien. No en defensa, obviamente.

El encuentro arrancó con ritmo porque esa es la seña de identidad de los blanquirrojos que calcaron los buenos minutos ofrecidos en su debut como locales. La Nucía dejó hacer a los riojanos que acumularon muchas llegadas pero sin concretar remates entre los tres palos.

Unzueta, el 'nueve' indiscutible, se ganó un buen balón pero se equivocó en el control, desbaratando una gran llegada mientras que poco después no acertó a conectar un buen centro de Diego Esteban, libérrimo e indetectable en los tres cuartos de campo. Todo esto en cinco minutos ante un nuevo rico obligado a mostrar su perfil más conservador y que, en el 24, recibió el primer contratiempo a modo lesión de Álex Salto, damnificado en su intento de repeler la enésima llegada local.

Los de César Ferrando solo habían mostrado un perfil pero, a la media hora, golpearon como solo lo hacen los grandes. Balón a la espalda de Caneda, Buenacasa se planta solo ante Jero y, de vaselina quirúrgica, echa por tierra la óptima puesta de largo blanquirrojo.

La desesperación se apoderó de la grada. El guion sonaba a repetido. Mientras el pesimismo invadía Las Gaunas, a los riojanos les dio por jugar. Sin prisa, sin pausa, pero todo muy vertical y cerebral. A riesgo, eso sí, de condenarse en defensa.

Solo existía un equipo sobre el césped y ese era el de Llona, que inclinó el partido a su favor aunque sin concretar remates de verdad. Las llegadas fueron innumerables, con Samames y Madrazo como agitadores. No obstante, la más clara la tuvo Caneda que, elevándose en una acción de estrategia, salvó la salida del portero. Su cabezazo se topó con el poste derecho de Jaime Valens.

Fue el último coletazo de mala suerte de los blanquirrojos que, a continuación, se encontraron con el empate. La última embestida en banda derecha acabó con un centro insidioso al corazón del área. Alain Ribeiro, desubicado durante todo el primer acto, no atacó la pelota pero lo hizo por él el central  Moisés García que, en su intento por despejar, firmó el empate.

Fue la última acción de la primera parte. En la siguiente, la Sociedad Deportiva Logroñés se entregó por su mansedumbre defensiva. La Nucía atacó en oleadas, nadie salió a por el balón y Borja Calvo, desde la frontal y al primer torque, la alejó pegada al poste izquierdo de Jero. Fue un golazo aliñado con un ejercicio de pasividad intolerable.

Este segundo zarpazo derrumbó a la grada, no a los jugadores. Llona no se lo pensó y se la jugó con Cherno y FranSota, dejando fuera a AlainRibeiro y Madrazo. Fue un movimiento ganador aunque tardó media hora en confirmarse.

Los blanquirrojos inclinaron el duelo hacia la banda derecha, con Cherno, un extremo de la vieja escuela que percutió una y otra vez contra la defensa alicantino. Su desequilibrio no encontró cómplices. El acoso y derribo había comenzado.

Poco después, el técnico logroñés volvió a echar más árnica con Manny Rodríguez y Gexan Elosegi. La Nucía desapareció y se la fio a la contra. Y, cuando los alicantinos se negaban a inclinarse, la baza final fue poner a Silvente. No quedaban más recursos ofensivos.

Todas las cargas, de profundidad, acabaron lejos de su objetivo. Los riojanos llegaban mucho aunque disparaban poco entre palos hasta que Fran Sota, a la salida del enésimo córner, la bajo al piso, se buscó un hueco y la puso lejos del alcance de Jaime Valens. Fue en el 85 y fue un acto de justicia. La epifanía llegó dos minutos después cuando Unzueta acabó desplomado en el centro del área en un rondo perfecto de los riojanos. El vasco no se lo pensó y, de penalti, firmó su tercera diana del curso para sellar un triunfo impensable aunque harto merecido. Si La Nucía remató dos veces a puerta, los riojanos solo necesitaron un disparo más (tres goles y un palo) para desterrar la melancolía, dejar de mirar al pasado y comenzar a vislumbrar un futuro no tan pesimista como se preveía en los primeros 265 minutos de liga.