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Encuentro con Dimas Mato: "Ningún peluquero se ha hecho rico"

Francisco Martín Losa
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Mato, con 50 años de profesión, fue un riojano avanzado en el mundo de la peluquería, recorrió medio mundo y participó en numerosos programas de televisión

Encuentro con Dimas Mato: "Ningún peluquero se ha hecho rico" - Foto: Ingrid Fernández

Las preguntas del millón de quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos quedan postergadas y arrinconadas por mi personaje,a quien le van más las interrogantes del tipo ¿ha sido un artista, se considera un artesano o se define como un peluquero de primera fila? Si ustedes, lectoras y lectores me lo permiten y, siempre que no me mal entiendan, yo diría que ha sido un enamorado de su trabajo, currante e innovador, un anticipador de muchas cosas que expresaba la moda a través del cabello, que es lo que buscaba su clientela.

Dimas Mato Laspeñas, 69 años en el último enero, se ha ganado el derecho a subirse a esta bancada periodística de personajes que ya no andan detrás de los focos mediáticos, ni están en la carrera de arrebatar un flash a la cámara, pero que han arrimado el hombro para hacer más próspera La Rioja. Ha sido andarín llevando ilusiones y felicidad a tanta gente que confiaron su imagen personal en sus manos y en sus habilidades artísticas.

Probablemente tenga más de artesano que de otra cosa aunque, como bien dice ese dicho tan redicho, su vida ha estado llena de peldaños, que ha ido subiendo en pequeñas y grandes emociones al mismo ritmo que su actividad hasta el momento de la  jubilación.

Encuentro con Dimas Mato: Encuentro con Dimas Mato: "Ningún peluquero se ha hecho rico" - Foto: Ingrid FernándezCincuenta años a diez cortes por día.  Vengan algunos hechos y fechas para dar entrada a nuestro protagonista. «Tenía dos hermanos mayores que se iniciaron en el negocio de la peluquería y alguna influencia debieron tener. Nací el 20 de enero de 1953 en Arrecife de Lanzarote, a los cinco meses mi familia se vino a Logroño y hasta ahora. Mi padre era militar, capitán de Infantería, lo habían destinado a las Canarias, después lo trasladaron a esta tierra y terminó en la Delegación del Gobierno Civil. Era muy mal estudiante en el colegio de Escolapios y en el instituto y en tercero de bachiller cuelgo los libros».

Es decir que, puesto a valerse, la derecha es un buen aprendizaje. «Me fui a Barcelona, trabajando con trece años en grandes peluquerías. Hacíamos actuaciones por toda España y fuera de España. A la vuelta a casa, me puse con mi hermano Andrés, que regentaba un establecimiento, justo encima del que hoy todavía funciona en Avenida Portugal, y luego por mi cuenta en Bretón de los Herreros, en una entreplanta, la mítica que todo el mundo conoce donde paso quince años. Los últimos seis me instalo en Avenida de Portugal y cuando dije que me jubilaba, traslado el fondo de negocio a dos colaboradas mías. ¿Qué cuántos cortes de pelo me han tocado? Pues miles y miles. En cincuenta años de profesión, a una media de diez diarios, calcula».

El cambio y la democracia. De muy joven le toca sentar plaza o es que fue la suerte que pasaba por allí y aterrizó en Cataluña. «El mundo de la peluquería de Barcelona está por encima de Madrid; hacíamos  colecciones para la gente guapa, en  El Corte Inglés, teníamos moda en el Salón Gaudí, como peluqueros oficiales, en la televisión catalana y éramos habituales en el programa Cosas, de Joaquín Prat, en Televisión España. Incluso, aquí, como Peluquería Dimas, ha venido expresamente un par de veces Ainhoa Arteta».

El estilo y la innovación también tienen su expresión y el talento en una persona que Dimas apunta con certeza: Vidal Sassoon. «Los peluqueros cortábamos el pelo por higiene pero sin generar formas. Lo hacíamos con rulos, con cepillo y secador y, desde entonces, pasamos a cortar con tijera y con navaja. Dio un cambio de 360 grados y la peluquería no se entiende sin este mago inglés».                     

Este oficio, como otros, requiere de humanidad y de intuición. Tiene su haber en lo que le va a cada cliente. «El peluquero tiene que saber lo que mejor le va por su tipo de cabello, por el nacimiento del pelo. Piensa que unos tienen remolinos, otros la nunca muy alta, tienes que contar con conocimientos fundamentales para adaptar la moda a cada persona. Los hombres se dejan llevar más, pero las mujeres son especiales y hay que aportar diseño, calidad, técnica y estar continuamente a lo que es moda para que sean fieles a tu negocio».

La política se mete por cualquier rendija y no deja acción, actividad, opinión o lo que se sea, que se le escape. «La democracia trajo consigo cabellos desenfadados, muy naturales,  más estructurados y técnicas con líneas atrevidas. Era la propia manera de la gente de expresarse en libertad. La moda, de cuando eran rulos, era más rígida, quietos y se incorporó una moda muy abierta. La evolución de la peluquería es constante y el ritmo que llevamos no nos permite pausas, acuciados por la propia competencia que te hace dar lo mejor de ti mismo».

20220518_IF_0377.JPG20220518_IF_0377.JPG - Foto: Ingrid FernándezUna obra efímera. Era muy detallista Dimas y ha dado a su trabajo una ubicación en su propio territorio. «Entonces, había menos peluquerías, tres o cuatro estaban en planta baja, Cuando abro en Bretón de los Herreros, me daba pánico. Aquí no me peines, estamos como en la calle y no me gusta que la gente me vea», aunque no se daba esa circunstancia por el escaparate. «En aquella época, había una peluquería muy de élite, muy alta, y, a otro nivel, el negocio de barrio, no existía el término medio y ahora todas se han igualado en la técnica. Ya, en los 80, surgieron las unixes, precursoras de los salones barbers, con mucha clientela masculina. Los hombres se acercaban a nuestra peluquería, atraídos por la técnica. En este trabajo hay que tener una quinta esencia y un gusto para crear, pero tenemos mala suerte. Un escultor crea una obra y queda ahí pero lo nuestro es efímero. He hecho, y no es porque lo diga yo, un trabajo de 'diez' y a los pocos días o al mes, se va. Es lo más triste de esta profesión. La moda era esencial. Ponías una foto en el escaparate del corte de Lady Di o de la rubia de Los Ángeles de Charly ese corte de pelo se imponía. Hoy vuelve con fuerza lo natural, los cabellos sueltos y en movimiento. Los colores crecidos de raíz, con sensación de descuido, los colores en puntas, las canas, las ondulaciones naturales marcan la pauta sobre los colores agresivos y la rigidez en las líneas. Es decir, la creatividad y la calidad imperan sobre la mediocridad».

No es por nada, es decir, que todo cuenta pero a Dimas le gustaba trabajar con la mujer. «Mi gran diferencia, como peluquero, ha sido el corte de pelo y eso lo apreciaban las mujeres. Hay todavía clientelas que me preguntan por qué me he jubilado, cuando va para cuatro años que lo dejé».

Su colección de fotos. Los cincuenta años de curro dan para atesorar una experiencia aquí y en otros lugares, como, por ejemplo, Londres. «Tengo a mi hermano Fernando que ha estado muchos años en Londres, y juega al golf todos los días en Málaga; y he viajado a la capital londinense más de catorce veces, a París unas cinco, por lo menos, pero lo más grande es que he recorrido todas las zonas españolas, con Dimas como marca, que te llamaban por la calidad y prestigio y eso arrastraba. He empleado mucho tiempo en las sesiones de fotos. Después del cierre, quedaba con Vicente Peiró y pasaba cinco o seis horas, porque no era llegar y disparar, íbamos a las seis de la tarde y nos daban las cinco de la madrugada en el estudio. Había que buscar el lado más fotográfico, la postura o la mirada de la modelo y eso no era cosa de llegar y plis plas. Un catálogo de fotos es fundamental y mis peinados han salido en numerosas revistas nacionales y en México. Este es un negocio para trabajar y ganar bien, aunque no conozco a nadie de la profesión que se haya hecho rico».

20220518_IF_0337.JPG20220518_IF_0337.JPG - Foto: Ingrid FernándezComo la cara es el espejo del alma, para Dimas, su interminable colección fotográfica es su mejor arma de presentación. «Estas fotos, con diversos cortes y técnica, te abren camino para que te llamen las casas comerciales, te buscan y te pagan por cada actuación. Humildemente, estaba bien cotizado tanto en España como en el extranjero, si no el más caro, sí en el nivel alto. Hoy en día hay peluqueros que cobran verdaderos dinerales. En Logroño hay quien, por unos brillos y un corte de brillos, te pide 120, 130 euros y por ahí, se van a los 200 y 300 euros».

Una curiosidad malsana. Salimos de dudas. «Dimas nunca ha cobrado los desplazamientos a la casa de una novia para dar el último toque, la mayoría eran buenas clientas, de buenos amigos y siempre era el último en salir hasta que no veía meterse a la novia en el coche».

La clientela, como de casa.  Su historia tiene suficiente carrete. Ha visto mundo y ha viajado mucho, pero en Logroño ha vivido sus mejores años. «Logré establecer una relación cliente-peluquero muy bonita. Es una cercanía y mis clientes me adoraban, hay peluqueros muy alejados, yo he sido muy cercano y esa cercanía facilita el aprecio mutuo, aunque en el salón no permití nunca chismes, ni política ni habladurías. Si alguna vez se le ocurría a alguno, levantaba la cabeza y se cortaba en seco. Ya tenían revistas de cotilleo, de moda y de política, de todo para entretenerse en la espera».

20220518_IF_0332.JPG20220518_IF_0332.JPG - Foto: Ingrid FernándezEl trabajo es un equipo y estar al loro de los cambios y las transformaciones. «El equipo es fundamental, porque tú solo abarcas lo que puedes y el equipo te triplica la tarea. He llegado a tener cinco peluqueras y una esteticien, lo mismo que contar con buenos productos. Me he vanagloriado de ofrecer las mejores casas nacionales y extranjeras, algunas en exclusiva. Si quieres dar calidad, hay que disponer de calidad y la técnica se complementa con buenos productos. En Barcelona todavía mi nombre se respeta y suena, porque estuve, desde los catorce años, como director en el Salón Bellver. Mi hermano Fernando no se cansaba de insistir en que fuera a Londres y me quedé a gusto en Logroño. Fue un mundo increíble de pasarelas, no dábamos abasto con las colecciones de El Corte Ingles y hasta inauguré la discoteca Pachá con una colección de moda».

Buen maestro, claro, porque, además, dicen todos que, aparte de su trabajo, ha sabido transmitir sus conocimientos. «Muchos compañeros han salido aprendidos y bien aprendidos, con mis enseñanzas, y es una ilusión que mi experiencia haya sido fructífera. Por cierto, estando en Bretón de los Herreros, un empresario logroñés me propuso montar cinco peluquerías, yo llevaría la parte artística y la gestión caería en sus manos y dije que no. Tú sabes, Paco, que arrancar un negocio es complicado y para abrir cinco, no me digas, y para cosas mediocres no he valido nunca. Me he rodeado de equipos eficaces y leales y en el corte de pelo he marcado tendencia».

La otra vida, que también cuenta. A nuestro personaje le va la vida, pero su secreto, me lo parece, es ganar en madurez y no perder el ritmo de adaptarse a lo que viene después. «Me gusta el golf y he jugado en muchos sitios; era malo, aunque mis amigos me consolaban diciendo que no tanto, pero mi hija Isabel sí que es una buena jugadora, es azafata en Ryanair. Lo he dejado porque tengo la espalda fastidiada, jugaba los domingos, un dominguero y, en ese plan, no puedes alcanzar un gran hándicap. Soy socio del Logroñés desde los catorce años y también he sido del Ciudad de Logroño de balonmano y aquí me tienes en mi tercer año de la Universidad de la Experiencia. Yo que he sido muy mal estudiante, que dejé el bachillerato en tercero por las matemáticas de segundo suspendidas y ahora saco un nueve.  Me apetece saber, adquirir conocimientos y disfruto ayudando a la gente».

En su trabajo, las tendencias han merecido siempre una atención sustantiva y está convencido de que Vidal Sassoon, Trevor Sorbie o Jacques Dessange, entre otros, han revolucionado el mundo de la peluquería, lo mismo que en nuestro país Bellver, Cebado y Llongueras, y no le pidieran que hiciera, tres copias de pelo seguidos porque no lo ha sabido hacer nunca. En Logroño, Masip, ha sido una permanente referencia.

 «Dan ganas de llorar». El arte no está reñido con las siglas de los partidos y ha cortado el pelo a la popular Cuca Gamarra y contaba con un montón de clientas, caso de la socialista Victoria de Pablo, en el bando socialista. Por dotar de humanidad a este relato, recuerda a su padre Andrés, regordete, entrañable, gran persona donde los haya y a sus hermanos Pablo y Teresa, ya fallecidos también. Dimas está en el Consejo Social de la Ciudad y reconoce que hay un momento en que las cosas dejan de ser grises para ser negras y por eso, sin pelos en la lengua, lamenta que «Logroño está horrorosamente feo y sucio y lo están transformando a peor. No digo esas líneas amarillas y de otros colores que pintan en la calle, sino que hacen y deshacen sin consultar a nadie. Apuesto por lo mejor para mi ciudad, moderna, libre y divertida, pero que consulten. He vivido en Duquesa de la Victoria y, lo que están haciendo, dan ganas de llorar. Hay que vivir en los nuevos tiempos pero con otros modos y maneras».

Es de tortilla de patatas y le va el Rioja del año más que otros. Afiliado al PP hace cuarenta años, ocupó el puesto catorce en las últimas municipales donde el 'corte' de los concejales elegidos se quedó en el número nueve. Como muchos mortales, es propietario de un apartamento en Pineda, al que va con su mujer Rosalba dos veces al año, y viaja a Marbella para ver a su hermano, sus hijos y nietos. Después de este encuentro, me da en la nariz que posiblemente Dimas haya sido más artista que otra cosa. Una persona que cree que un peinado es una obra de arte, merece un respeto. El mío, por supuesto.