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Seis meses de zanjas en busca de una calle más amable

Cayetano G. Lavid
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Las obras de República Argentina suponen un antes y un después para vecinos, comerciantes y clientes, que tendrán medio año para comprobar el resultado. El nuevo diseño reparte críticas y apoyos

La Avenida República Argentina se cerró al tráfico por la mañana para comenzar su reurbanización, que se prolongará por casi medio año. - Foto: Ingrid

Tras las quejas, los escritos, las reuniones informativas y hasta una manifestación, el ayuntamiento ha comenzado las obras en la avenida República Argentina y las obras para modificar su trazado se desarrollarán según lo previsto por el plan Calles Abiertas.

Se trata de una obra llena de polémica y malestar y es que, aunque desde el consistorio aseguran haber realizado múltiples modificaciones que han incrementado el presupuesto original y alterado los planes de la reforma según las propuestas de los vecinos, estos aseguran haber sido ignorados y no haber tenido voz ni voto a la hora de decidir el futuro de su calle.

Los comerciantes son los caballos en este tablero de ajedrez. Aseguran estar atrapados en un tablero donde no pueden hacer otra cosa que ver cómo sus clientes desaparecerán como peones sacrificados. La encargada de Artesanos Camiseros cuenta que algunos de sus clientes le han confesado que «ahora que no podemos aparcar ahí, tendremos que irnos a los centros comerciales». Desde Bacalao y más lamentan lo mismo, no poder hacer nada mientras sospechan que la calle «se quedará desierta durante medio año». Aunque entre trata incertidumbre, le queda un poco de ilusión: «Puede ser que nos equivoquemos y que al final resulte que todo sale bien», pero sentencia: «No estoy pagando un alquiler por una calle bonita, sino por una calle comercial».

 

Sin unanimidad.

Aunque la mayoría de estos comerciantes opinan de esta forma, algunos caballos parecen jugar más como alfiles, perfilándose sobre el tablero con otra perspectiva. Es el caso del encargado de De Torre Gourmet, que tiene asumido que la obra era necesaria, al tratarse de una de las calles principales de Logroño y tener ya «muchos años encima». Pase lo que pase, asegura, será una solución permanente. Y espera poder llegar hasta entonces sin haber tenido que cerrar de por medio, ya que apoya el temor generalizado de su gremio: «Estando la calle así, no va a venir nadie». De hecho, aunque pudiese disfrutar del resultado final, tiene un mensaje para el ayuntamiento: «No vivimos del turismo de paseo, no somos la calle Laurel».

Y es aquí donde entran los vecinos, y también los transeúntes. Algunos se suman a los comerciantes y echan en falta un segundo carril en una calle tan importante. Lamentan profundamente haber perdido su plaza de aparcamiento en la puerta. Pero cada vez son más los que, tímidamente, se atreven a imaginarse felices en una calle ancha, luminosa y tranquila: «Un paraíso para ir de compras». En seis meses se verá quién tenía razón y quien estaba equivocado.