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Eduardo Aisa: "La ópera ha perdido el valor del canto"

Francisco Martín Losa
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Encuentro con Eduardo Aisa Melgosa, economista, empresario, presidente fundador de la Asociación Riojana Amigos de la Ópera y de la orquesta Millenium, charlista y divulgador

Eduardo Aisa, rodeado de CD's y discos, en su casa de Logroño. - Foto: Ingrid

Entre los escasos conocimientos que regulan la existencia de uno, que modestamente poseo, figuran el no ser un experto, ni tan siquiera conocedor en profundidad del género operístico. Para los seguidores, esto de las noches del Liceo, del Abao, es realmente un espectáculo de fiesta mayor, a nivel de individuos, con un capítulo social y pomposo en toda función. Por eso, felicito a mi personaje, economista, de familia logroñesa pudiente, que ha sido testigo de esplendorosas tardes y noches de los grandes tenores y barítonos y de las grandes divas del bel canto a lo largo de años y sigue sin reducir su pasión.

Eduardo Aisa Melgosa es un melómano íntegro, de temporadas enteras organizando, trayendo y llevando hasta los teatros autobuses llenos de público. Ahora, que no anda, como en aquellas épocas, detrás de los focos mediáticos, ni roba el flash de la cámara, 74 años cumplidos, no se ha encerrado. Charlista, divulgador y presentador, le arranca a la vida momentos de felicidad y roba tiempo para dar un sorbo de su saber para que subsista la ópera y la afición, desde hace años en la Uned Senior, cursos de 24 horas, sin que se exhiba en escena un entramado de bambalinas, tan claro en el coloquio como la magia de la voz, las maravillas del canto, un mundo de pasiones o el mayor espectáculo del mundo. Eduardo mantiene, ininterrumpidamente, su abono, con otros 28 amigos, para la temporada de ópera en Bilbao, con una adecuación perfecta a la naturalidad, exento de todo divismo y petulancia. La vida se la ha planteado así.

EN CASA, PRIMABA LA ZARZUELA. La ópera no es limitante para llevar otros quereres y otras preferencias. «Lo de la ópera... bueno, yo era melómano y la ópera, para mí, era un género secundario. Mi hermano mayor empezó a traer algún disco a casa, aquellos discos grandes de microsurco y comenzó a gustarme. Luego, se disparó todo cuando conocí a un grupo de aficionados, un grupo de médicos, sobre todo. Es curioso la afición que hay a la ópera en la profesión médica. ¿Por qué ? No sé, en la mía de economistas, hay bien pocos». Puesto a darle vidilla a su existencia, Eduardo le da la vuelta a la suya. «Nacido en abril de 1948, estudio hasta 'preu' en Escolapios; remontando las generaciones, mi padre, Gabriel, proviene de Aragón y mi madre, de familia de ferroviarios, aparece en Logroño con 17 o 18 años y enseguida fue miss Casino. Siempre lo dijo hasta el último día de su vida, fumadora como un carretero, que se quedó a las puertas de los 104 años. En casa, no había tradición musical, sólo zarzuela, se oía mucho la radio y luego en Bilbao sí que hice mucha vida musical, porque, en la Facultad de Económicas siempre había invitaciones de la Filarmónica y otras sociedades» Así que se abonó, como estudiante, a la Sinfónica de Bilbao, a participar de ese ambiente y era asistente habitual de la Sociedad de Conciertos del Arriaga.

DE ARISA A LA MULTINACIONAL NIDEC. Hábito, tradición o qué, nuestro personaje estaba predestinado a acabar en la empresa familia Arisa, hoy, integrada en la multinacional japonesa Nidec. «Arisa la crearon mi padre y los hermanos Ariznavarreta, Melquiades y Anatolio, las tres familias y, como mi hermano había hecho ingeniería, me decanté por Económicas. Daba por hecho que terminaría en la empresa, cuando mi padre se retirara y pasé dos años de aventuras. Estuve en una compañía francesa, luego trabajé en Iraq, cuando comenzó la guerra con Kuwait, en el año 74, en una fábrica de tubos que necesitaba un administrador, me presenté y, por poco, dejo la vida. En aquellos países, al director técnico y al administrativo le requisaban el pasaporte por cualquier problema. En Iraq, Sadam Hussein era vicepresidente, lo controla todo, era el que cortaba el bacalao y al presidente se lo quitó de encima cuando quiso. Mi padre, ante esta situación, me llamó para que regresase o se buscaba a alguien, porque quería dejar el trabajo; y me vine para Logroño en el año 1975». El tiempo nunca vuelve y siempre avanza hacia adelante. «Los tres socios se repartieron bien los papeles: uno el técnico, otro, comercial y mi padre, en la administración y contabilidad. Entraba en la empresa la segunda generación, sin problemas y la hemos hecho crecer, aunque, en mi familia, yo era el último porque mi hijo de mi primera mujer ya planteó que, de ir a la fábrica, nada de nada». Era un buen negocio, se trabajaba mucho y, cuando nadie lo esperaba, apareció una multinacional, Nidec, muy interesada. «Fue una negociación muy larga y, al final, se llegó al acuerdo y vendimos. Uno de mis socios es un tecnológico de gran nivel y, cualquier innovación que aparecía, como novedad en nuestro mundo, ya la teníamos, adaptada y fabricada por nosotros; y ahí continúa. La empresa ha crecido un montón con todas las sinergias que arrastra una multinacional. En serio, fue la única oferta que tuvimos y conseguimos que los nuevos propietarios construyeran la fábrica nueva, precisamente, en los terrenos que compramos para un futuro traslado en Navarrete. Para ellos, éramos la referencia de Europa a la hora de constituir una división comprando compañías de maquinaría de estampación, una americana, otra en Japón, otra en China y a nosotros, en Europa, aunque la multinacional está especializada en micromotores eléctricos, de los que todos llevamos algo en los móviles o en las tabletas».

DE BÁSCULAS A PRENSAS. A veces, una vuelta de tuerca inesperada trastoca todo el tablero de una compañía que fue de acá para allá en su recorrido vital. «Mi padre y sus socios comenzaron en 1941 haciendo básculas hasta el año 1956 y fueron capaces de funcionar y de vivir en aquella época terrible de falta de suministros, de material y de todo. Estuvieal electrodoméstico, pero con China no hay quien se resista y se abandonó». El día a día va sorteando las peripecias de aquellos momentos de la transición política y económica. «Teníamos una empresa ejemplar, aunque en la crisis del petróleo del 73, yo entré en el 75, lo pasamos muy mal, cuando se creó la OPEP. En España, como siempre, se notó dos años más tarde. Aquello fue tremendo, pero tuvimos la suerte de que el delegado que había en Francia, se va a México con un contrato y, en los primeros años, el 70 por ciento de la producción se vende a ese país y luego empalmamos con la Opel de Figueruelas, que nos salvó. Era una empresa como no había otra. Y el día que cerró la fundición, los veintitantos trabajadores se quedaron con nosotros. Mi padre tenía una lista de 22 empresas que luego fue, poco a poco, menguando porque no pudieran aguantar la crisis.

PRENSAS DE 2.500 TONELADAS DE FUERZA. Y, cómo no, salió la huelga del metal, 1978, la durísima huelga que hizo trizas el sector de la maquinaria -herramienta y bienes de equipo y se llevó por delante a un buen número de negocios.»Nosotros teníamos trabajo, con más de 120 en plantilla, se cobraba por encima del convenio provincial pero, ya sabes, vinieron los piquetes, amenazas por teléfono, algún idiota, tensión en la calle, pero, bueno, aquello se pasó. Ya, a primeros de 2000, los terrenos pasaron a urbanos, con fecha límite de 2024, para salir. Queríamos permanecer en Logroño, miramos también Lardero, pero no hubo manera. Al final, compramos en Navarrete, en ron en Avenida de Colón, junto a unos garajes de la Base de Agoncillo, donde se ha levantado la parroquia de San Pablo. Aquello era todo del Obispado y cuando quisieron comprar, descubrieron que, por allí, pasaba una calle y se echaron para atrás, trasladándose a la manzana de la calle Chile con Pérez Galdós y Labradores. Poco a poco, fueron adquiriendo más terrenos y allí permaneció hasta el emplazamiento definitivo en Avenida de Burgos en 1971. Por esa fecha, se hicieron con una finca rústica en Yagüe para una fundición y hierro fundido, por si había problemas y, poco después, se cerró ante el avance de la tecnología pura». Arisa fue un referente nacional e internacional que junto a otros talleres, tenía un puesto en la Asociación Nacional de Fabricantes de Bienes de Equipo. Le pido a mi protagonista un breve apunte de la compañía. «Nosotros fabricábamos maquinaría-herramienta, prensas excéntricas para la estampación de chapa , con destino principal a la industria del automóvil mundial. Hubo un tiempo en que iban Lentiscares, y se retrasó la entrega cuatro años, Nos cogió la crisis de 2008 y pasamos la de San Quintín, así que permanecimos en Avenida de Burgos hasta que vinieron a comprarnos». La espectacularidad del producto no deja de sorprender el más neófito de los mortales.

«Nuestras prensas de gran calidad, sorprendían por sus dimensiones. La más grande que recuerdo, que fue para Alemania, obligó a excavar un foso especial, con 2.500 toneladas de fuerza que asustaba. Ahora, en la nueva factoría, han levantado techos altísimos, se construye más en superficie y es más fácil el montaje. Para su traslado, se necesitaron 18 vehículos, desmontándola en piezas porque impresionaba». No se apunta los tantos de otros y da a cada uno lo que le corresponde. «Éramos importantes en el sector y eso había sido fruto de la Maestranza de Aviación, que fue el germen de técnicos, muy buenos que, con iniciativa propia, instalaron su empresa. Hubo un sector muy potente pero, al final, nos quedamos prácticamente solos».

AMOR EN LA PATRIA DE ROMEO Y JULIETA. Y gira la rueda de la Fortuna hasta que, en un lugar y en un momento, se detiene. «En un viaje a Verona a oír ópera, en una excursión desde España, el autobús se detenía en Barcelona. Yo iba con un amigo y me acababa de separar de mi primera mujer y ella, la segunda, con unos amigos también. En el recorrido hasta Italia, bla, bla,bla y, a la vuelta, saltó la chispa en la patria de Romero y Julieta. Yo ya tenía los deberes hechos y mi mujer era la hija última de su familia, con la que tengo las tres hijas que me mantienen vivo. Aquí, en Logroño, en el trabajo, me pedían muchas horas, pero se constituía la Universidad a Distancia, me llama un amigo, Lumbreras, compañero en el colegio y entro». Los hombres tienen, a veces, un cierto vértigo, que opera como un simple principio que no te deja un momento. «Entre mi trabajo, las tutorías de la Uned, que termino siendo delegado, viajes a Madrid y así ocho años, empezaba a quitarme cosas y participo también en la SAR, ciclos de conciertos y traje a Logroño a Victoria de los Ángeles y al mejor arpista del mundo, Narciso Yepes».

CONCIERTOS DE ÓPERA EN NUEVA YORK. No son momentos de carros y carretas, no cabe hacer trampa con los proyectos sino tirar hacia adelante y encomendarse al todopoderoso. «De aquella época, conocí a gente que iba a la ópera y, de hecho, en una tienda de discos de diapasón, nos juntamos unos cuantos y creamos la Asociación Riojana de Amigos de la Ópera, con el fin inicial de conseguir mejores entradas, mejor acceso a los buenos teatros. Aquello nos reunió a 12 y en dos o tres días conseguimos 200 socios. Aquello fue una locura». Tiene Eduardo la sensación de regresar al pasado, a vivir aquello, como un regalo del destino. Un algoritmo te puede dejar afónico, silencioso, pero el siempre toquecito a los buenos recuerdos te transporta a otros tiempos, como si se hubiera detenido el reloj. «Empezamos a ir en autobús a Bilbao y a Barcelona los fines de semana; se llenaban dos autobuses y no recibimos nunca ni un solo euro de nadie. Recuerdo que fuimos a visitar al consejero de Cultura Miguel Ángel Ropero a presentarnos y, antes de saludarnos, nos adelanta que nada de subvenciones, cuando íbamos a saludarle y, si organizaba algún cosa, que contara con nosotros. Al Ayuntamiento, lo mismo. Sí que recuerdo que cuando se inauguró el Bretón nos pidieron que les asesoráramos. Organizaba los viajes a Bilbao y al principio, íbamos en el día a las funciones de la cinco de la tarde, comíamos y de vuelta, a las tantas de la madrugada. Luego, al Liceo de Barcelona el viaje en sábado con hotel incluido y también hemos estado en Cantabria o en Pamplona». Y diga lo que diga, todo lo que brilla en este mundo, es digno de ser contado, como el viaje a Nueva York. «En el año 90, el 12 de octubre, nos plantamos en Nueva York, para asistir a la temporada del Metropolitan Ópera, con un paquete de dos óperas, de maravilla, Oímos a Pavarotti y a Plácido Domingo, todo de lujo, salió todo perfecto, encima con un dólar a la baja».

 LOS QUE MANDAN AHORA. La verdad de las verdades es que aquella experiencia neoyorkina marca deja huella y hace difícil imaginar superarla. «Ahora nos hemos mayores y somos 28 socios en la Abao y hemos llegado a ser 103. A mí me gusta la ópera. ¿Elitista?, pues yo digo que no. No digo que sea barato, pero la temporada de cinco óperas en Bilbao me cuesta 900 euros. Aquí, en el Riojaforum, un concierto, te sale a unos 30 euros. El repertorio que hay es el que conocemos. Antes se esperaba un estreno de Puccini, 1924 y después, nadie ha esperado ningún estreno, ni está ni se le espera. Se va renovando, a veces, a costa de lo que, para los aficionados, es sagrado: el canto. Ahora estamos viendo que los que mandan son los directores de escena, directores de teatro o de cine que cogen una ópera, la desintegran, la sitúan fuera de época, lo cambian todo». Ese público, que hace colas de espera, que se priva de otras cosas para adquirir una entrada, es el que goza de la ópera en su estado puro. «Lo que sobrevive es hacer verdaderos disparates, hay directores que ópera que sobreviven por los escándalos que montan con sus coreografías escenográficas». La ópera en italiano ya no es problema. «Entender ayuda, importa saber un poquito porque la música está condicionada a la letra que está en italiano. Hoy no hay problema porque, en todos los teatros, hay subtítulos en español y se puede seguir a la perfección».

MÚSICA, FAMILIA Y NADAL. Hay que dotar de humanidad al trabajo y al disfrute. En este despertar de la madurez, que solo se refleja en el DNI, a Eduardo le sobra músculo y semilla para subirse a cualquier proyecto e iniciativa. En todo caso, deprisa y corriendo, hay que señalar que la segunda mujer, «la mujer de mi vida», es profesora de violín, mallorquina, la ópera no le gustaba y ahora la disfruta. Tiene tres hijas, que a una lleva todos los días al cole su padre, y dos nietos, nieta, nieto. La familia de Inma tiene unos fuertes lazos de amistad con el tenista Rafa Nadal, por parte de la madre, y Eduardo conoce y charla con el ídolo de masas, siempre que está, claro, simpatiquísimo, muy sencillo y sigue el tenis siempre que puede. Apunten: el abuelo de Nadal creó la Orquesta de Levante, en Manacor. Nuestro protagonista no ha estado ausente ni en la pandemia y se organizó, con unos amigos, un viaje a Pamplona. De puertas para casa, destaca imborrable, el homenaje en Riojaforum a Alfredo Kraus, el 28 de febrero de 1999, a las puertas de su fallecimiento. Ha sido testigo de esplendorosas tardesnoches operísticas y se deja el alma en organizar y participar, durante 17 temporadas de ópera en DVD y cada temporada presenta dos o tres óperas de octubre a abril, salvando la Navidad, sin faltar a las innumerables charlas divulgadoras y didácticas en escuelas infantiles, grupos de jubilados, Universidad de la Experiencia, cursos de ópera impartidos en la Uned y cualquier asociación que se lo pida. Tiene en su haber una vena creativa y, con el apoyo de su mujer, fundó la orquesta Millenium, de corta vida (1996-2000), cuatro años intensos de conciertos dentro y fuera de La Rioja y decenas de actuaciones para escolares con miles de asistentes, que se murió porque, cuando alguien destaca, se va fuera a un conservatorio superior y no se le puede retener. No le da el tiempo para aburrirse y no dirá que la ópera está pasada de moda, que ha quedado reducida a un espectáculo para burgueses adinerados o niños pijos. Tendríamos que hablar largamente de eso. Eduardo Aisa es capaz de hacer vivir por su tierra que está en el mapa de sus anhelos. En todo caso, doy testimonio que nuestro protagonista contribuye a hacer más grande La Rioja sin dar codazos para salir en la foto y sin ánimo para mirar atrás.