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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Los ecos se apagan

28/12/2021

El eco de las recomendaciones y preocupaciones que el Rey Felipe VI envía en su mensaje de Nochebuena se diluyen y se olvidan apenas ha terminado de reaccionar el último portavoz parlamentario. Mientras unos alaban aquellas partes del menaje que conviene a sus intereses políticos y otros denuncian las lagunas del discurso, el fondo de su alocución se pierde hasta la del próximo año que, al margen de las cuestiones coyunturales a las que necesariamente tendrá que hacer mención, seguirán el mismo guion de siempre, con apelaciones a la responsabilidad, a la reivindicación de la Constitución como la norma que ha permitido la mayor estabilidad del país en todos los tiempos, y con una apelación nostálgica a la necesidad del consenso para afrontar los retos que el país tiene por delante.  

Había en el mensaje del Rey de este año un comedido optimismo, porque transmitía la esperanza de que el próximo año la pandemia y la reactivación económica puede mejorar. Su diagnóstico de la situación satisfizo por completo a La Moncloa, encargada de dar el visto bueno al discurso más personal del Rey, mientras que, para el PP, lo más relevante fueron las apelaciones a la Constitución. Sin embargo, no parece que nadie se dé por aludido cuando el rey afirma que es preciso 'respetar y cumplir las leyes', cuando el Consejo General del Poder Judicial lleva ya más de tres años sin ser renovado. Tampoco le escuchan cuando afirma que las diferencias de opinión no deben impedir que se alcancen consensos. Ni tan siquiera en la más trágica de las situaciones vividas en los últimos cuarenta años eso ha sido posible, ni que los dos principales partidos ser hayan puesto de acuerdo en asuntos que mejoran la vida de los ciudadanos y los trabajadores.  

Había quien, ingenuamente, esperaba que Felipe VI realizara tanto una mención explícita a la situación de su padre, el rey emérito, 'exiliado' temporalmente en Abu Dabi, como a sus planes sobre la modernización de la institución a la que representa.  Esos han sido los aspectos en los que se han centrado los partidos a la izquierda del PSOE y nacionalista e independentistas con los mismos argumentos repetidos años tras año en ejercicio de su republicanismo, a los que les contesta la mayoría social que sigue considerando la Corona como una fórmula que da estabilidad al país.  

La mención de Felipe VI a la situación del rey emérito no fue nada críptica y todo el mundo entendió que se refería a él cuando afirmó que "las instituciones debemos ser ejemplo de integridad pública y moral", y por supuesto que quedaron decepcionados los que pretendían que diera alguna pista sobre el futuro de Juan Carlos I, pero no era el momento ni la ocasión, de la misma forma que tampoco lo era para que explicara cuáles son sus planes de futuro para prestigiar la Corona, si renunciará a la inviolabilidad para los asuntos que no estén relacionados con el ejercicio de su función, junto a otras modificaciones que pudieran incluirse en una ley de la Corona, que no aparece en la agenda de ninguno de los dos principales partidos nacionales.   

Quienes dicen defender al Rey harían bien en interiorizar sus palabras, acordes con su función de mediación, y prestarse al consenso que tanto dicen añorar