Con el quiosco a otra parte

Bruno Calleja Escalona
-

El templete llegó al Espolón en 1892 y lo abandonó en 1953 de forma enigmática, hacia paradero desconocido. En ese tiempo, albergó actos militares, conciertos y una visita real. Su sucesora, la concha, tomó el relevo en 1954

El quiosco del Espolón, en una postal. - Foto: LIBRERÍA HIJOS DE ALESÓN

La concha del Espolón es la reina de los escenarios al aire libre del centro de la ciudad. En ella da sus conciertos la Banda de Logroño y muchas otras agrupaciones, en su plataforma bailan grupos folclóricos, se desarrollan actos y homenajes y se pisan las uvas en los sanmateos. Pero no siempre estuvo ahí. Un elegante quiosco metálico de aire decimonónico fue su antepasado, presente en el céntrico paseo hasta bien entrado el siglo XX.

El Espolón logroñés hunde sus orígenes en el siglo XVIII, como lugar de esparcimiento en tiempos de paz y al que el derribo de las murallas y la ampliación de la trama urbana colocaron en el corazón de la ciudad. Uno de los elementos más característicos de su historia fue el quiosco de música, aunque su nacimiento tuvo más que ver con la demanda de un templete para actos militares que a la causa musical. En esa idea, al alcalde José Rodríguez Paterna le llegó el clamor de contar con una instalación de ese tipo. 

Las obras de construcción comenzaron en 1890, con la ejecución de la base de piedra, mientras se buscaba un diseño del gusto de la época para la estructura metálica. Luis Barrón resultó elegido en 1892 para dar forma al quiosco. Fue el Marqués de San Nicolás, alcalde de Logroño  por entonces, quien finiquitó la construcción. El 7 de agosto de 1892, tras una serie de contratiempos durante su construcción, el quiosco estaba colocado. Federico Soldevilla relata que fue la empresa de Salustiano Marrodán quien realizó la parte metálica. El quiosco podría iluminarse con lámparas de gas.

Desde su colocación, el quiosco acogió los actos militares para los que fue concebido, pero también conciertos y bailes, con gran éxito de público. Fue testigo también de visitas reales, como la de Alfonso XIII. Para estos icónicos momentos, el templete era engalanado con banderas y cañones. Desde sus barandillas se presenciaron también juras de bandera y otros actos.

Con el avance del siglo XX, la plaza cambió y en los 40 sufrió una profunda reforma para adaptarse a la nueva concepción urbana. Pese a ello, el quiosco se mantuvo firme hasta su ‘jubilación’ una década después. El viejo templete tuvo tiempo de conocer a su sucesora, la concha, cuyas obras comenzaron a finales de los 40. La concha se inauguró el día de San Mateo de 1954. Aunque escasas, se conservan imágenes de los dos edificios coexistiendo. A partir de 1953, la historia del quiosco se transforma en leyenda, al desconocerse su paradero.