"Lo más cómodo hubiera sido cerrar las puertas"

Javier Herrero (efe)
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El coliseo madrileño ha sido el primero de todo el mundo en reabrir sus puertas y continuar con su actividad artística manteniendo la seguridad, pese a unas circunstancias muy difíciles marcadas por la expansión del coronavirus en la capital

"Lo más cómodo hubiera sido cerrar las puertas" - Foto: JUAN CARLOS HIDALGO

Cualquiera podría pensar que ante la pandemia que estamos sufriendo en España no es tiempo de músicas ni de teatros y, sin embargo, para Ignacio García-Belenguer, director general del Teatro Real de Madrid, supone un gran desafío en una de las temporadas probablemente más complicadas en sus más de 200 años de historia a causa de la COVID-19 que ha de servir para infundir ánimo y confianza a otros sectores.


¿Diría que esta podría ser la temporada más convulsa del Real?
Cada temporada tiene su dificultad y eso forma parte de la vida del teatro, que es movimiento, cambio y adaptación a las circunstancias, aunque éste es un cambio mucho más drástico que no teníamos previsto y exige algo más de tiempo, interés, incertidumbre y desconcierto.


¿Por qué el Metropolitan de Nueva York cierra sus puertas y el Teatro Real las abre de par en par?
El Real siempre ha entendido que tiene que ejercer labor de ejemplaridad. La cultura necesita estar viva y pensamos que había que hacer el esfuerzo necesario por garantizarla de manera segura, que pudiésemos seguir siendo punto de encuentro y de referencia. Entendíamos también que el hecho de que abriéramos nosotros, llevaría a hacer lo mismo a otros muchos y que si había uno que podía hacerlo por medios, capacidad, liderazgo y proyecto era este.


Cuatro meses después, ¿qué piensa de esa decisión?
Fue una apuesta de la que el Teatro Real se siente plenamente satisfecho al haber sido el primer teatro del mundo que en reabrir sus puertas.


Con la reducción de aforos y el costo de las producciones operísticas, ¿le va a salir a cuenta?
Depende. Los números ahora son mucho más tozudos y difíciles. Estábamos acostumbrados a llenos del 90-95 por ciento y cambiar a aforos del 65, 75 o 50 por ciento, como se llegó en algún momento, es duro y genera un poco de tristeza. Lo más cómodo hubiera sido cerrar las puertas y esperar a que la tormenta escampara. Pero ha merecido la pena, sin duda. Hay una apuesta artística, hay un elenco, un proyecto, una realización personal de los cantantes, músicos, coro y orquesta.


Uno de los episodios más  controvertidos de esta etapa fue la suspensión del pasado 20 de septiembre de Un Ballo In Maschera por las protestas de parte del público por la distribución de butacas. El presidente del Patronato del Teatro Real, Gregorio Marañón, dijo que había sido algo «organizado». ¿Piensa igual?
En las protestas de septiembre hubo una disfunción entre la realidad social y la jurídica. Esta última entendía que era más relevante el uso de mascarilla que la distancia social, pero la realidad social era otra: el espectador se sentía más cómodo si no tenía a nadie al lado. 


Pero no se entiende por qué, de la misma manera que de origen y por iniciativa propia redujeron aún más el aforo respecto a la norma (de un 75 a un 65 por ciento), no se pensó en aplicarla por igual a todas las zonas del teatro, como se ha terminado haciendo tras las protestas.
Había que hacer una apuesta por la cultura que, a veces, demanda el mismo trato igualitario que otros sectores económicos más potentes. 


¿Y por qué no funcionó?
Lo cierto es que el espectador, cuando va a un teatro, al cine o a una actividad de ocio, demanda condiciones que no exige en otras actividades cotidianas. El Teatro Real ha querido ser permeable porque, al final, a lo que se viene es a crecer y, si no hay comodidad en el proceso, el espectador dejaría de venir.


Los dirigentes, especialmente el Ministerio de Cultura, ¿han estado a la altura de la proyección de esa imagen de que la cultura es segura?
Por supuesto. El Teatro Real tiene un patronato en el que están representadas las tres administraciones públicas (el Ministerio, la Comunidad y el Ayuntamiento). Esto es una fundación pública presidida por los Reyes y todos han sido cómplices y así lo han entendido, como muchas otras instituciones culturales.


¿Fue complicado diseñar esta temporada?
Las temporadas de ópera se diseñan con dos o tres años de anticipación. Lo que ha sido complicado ha sido el acomodo, cómo haríamos La Traviata manteniendo la distancia de seguridad o cómo en Un Ballo In Maschera se podía mover el coro, cuándo los bailarines tenían que llevar mascarilla y cuándo no...


¿Ha habido muchas modificaciones estructurales?
Ha habido que pensar qué elementos quitar del escenario para que hubiese más holgura y, por ejemplo, se han retirado las dos primeras filas de butacas para la orquesta. Ha habido que pensar, además, cómo ubicarla para que siguiese sonando bien, qué altura tenían que tener los instrumentos para la expulsión del aire... Ha sido apasionante, a veces también muy complicado.


Dejando el coronavirus, ¿qué posición diría que ocupa actualmente el Real en el circuito internacional?
Es la primera institución de las artes escénicas en España y está entre los cuatro o cinco primeros teatros de Europa.