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De la peste al coronavirus

Bruno Calleja Escalona
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El Hospital de La Rioja cuida de la salud de los riojanos desde hace siglos, fue correccional, acogió a huérfanos y tuvo hasta una granja

Imagen del antiguo Hospital Provincial, en una estampa de finales del siglo XIX. - Foto: Colección Taquio Uzqueda

El mundo se recupera de la pandemia más dañina de la era reciente, pero la historia está salpicada de pestes que sembraron terror y diezmaron poblaciones. De unos cuántos de esos males sanitarios acaecidos desde hace más de cuatro siglos ha sido testigo el Hospital de La Rioja, o sus antepasados, porque en el mismo lugar donde hoy sigue prestando servicios a la ciudad, con su silueta imponente a la vista desde el puente de piedra, hubo un sanatorio que en 1599 atendía a enfermos de la peste bubónica y hacía frente a las oleadas del cólera.

El edificio actual no oculta su edad, pero no solo no agoniza, sino que se prepara para una amplia reforma como centro de enfermos crónicos.

Pero en la larga trayectoria del todavía conocido por muchos como Hospital Provincial hay multitud de vicisitudes. Aquel edificio asistencial del siglo XVI fue transformado en prisión correccional para delitos menores y finalmente derribado. De su estructura solo se conservó la puerta y una ventana.

El Hospital de La Rioja se transformará en los próximos meses en un centro de atención a enfermos crónicos. El Hospital de La Rioja se transformará en los próximos meses en un centro de atención a enfermos crónicos. - Foto: Óscar SolorzanoEl hospital actual lo proyectó en 1866 Jacinto de Arregui. En 1868, una ampliación convirtió su estructura en una planta en forma de hache. Las obras se alargaron hasta el 29 de septiembre de 1871, cuando lo inauguró el rey Amadeo I de Saboya. Fue una de las primeras construcciones en la zona tras el derribo de las murallas, sobre las cuales apoya sus cimientos. En aquella época practicaba medicina civil y militar, con un ala de hospital castrense, el primero de este tipo en Logroño. También acogía a niños huérfanos, herencia de una casa de pósitos anterior, y contó con su propia granja, como narra Jerónimo Jiménez.

Su arquitectura responde al estilo neomedieval, con decoración austera. En sus primeros años, el equipamiento era escaso, aunque practicaba cirugía con éxito.

En el complejo había espacios para enfermedades infecciosas y tuberculosis. Las hermanas de San Vicente de Paúl lo atendían y contó con un área para 'pacientes distinguidos', como rezaba un cartel. 

En 1918 atendió a los pacientes de la gripe española. A mediados del siglo XX, el centro hospitalario contaba con dos consultas de otorrino y oftalmología. En la década de los 60 se dividió en alas de hombres y mujeres. A finales del siglo hubo rumores de cierre, algo que nunca se produjo.