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Los otros refugiados

Pablo Sáenz
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La actualidad de la guerra pone estos días el foco del acogimiento en los refugiados ucranianos. Otra amenaza empujó hace poco más de medio año a Mohamed y Fátima (nombres ficticios) y a otros afganos a buscar asilo en La Rioja lejos de los talibanes

Fátima y Mohamed (nombres ficticios), con personal de Cruz Roja de atención a refugiados. - Foto: Óscar Solorzano

La guerra en el este de Europa ha vuelto, tristemente, a poner el foco informativo en la situación de la población civil que se ve obligada a huir con lo puesto lejos del horror de las bombas y a buscar refugio en suelo extraño, pero seguro. Como el resto de regiones españolas, La Rioja recibe estos días un goteo de ucranianos que buscan ese espacio de paz lejos de las tropas de Putin.

La actualidad manda y Ucrania tiene y merece esa atención informativa. Pero los ucranianos no son los únicos damnificados por un conflicto cercano en el tiempo. Hace poco más de medio año, el 15 de agosto, Afganistán volvía a sufrir una nueva acometida del islamismo más radical. Las fuerzas talibanes irrumpían en el país y terminaban por dominar la capital, Kabul. A la llegada de los fundamentalistas, comenzó la persecución de colaboradores con el gobierno afgano y, con ella, el éxodo masivo de ciudadanos que tuvieron que huir de la guerra. 

Al igual que hoy hacen decenas de ucranianos, Mohamed y Fátima (nombres ficticios elegidos para este reportaje, por cuestiones de seguridad), arribaron a La Rioja para poner distancia con el régimen talibán. Son la voz de los miles de afganos que hicieron las maletas y dejaron toda una vida tras de sí y, hoy, su historia y su ejemplo aflora por la triste similitud con el éxodo ucraniano.  

 «Estamos muy felices en Logroño, pero dejamos a toda nuestra familia en Herat y allí no viven bien. Tienen miedo», lamenta esta pareja, que busca, a 7.000 kilómetros de distancia de su tierra y de su cultura, un futuro para sus dos hijos que hoy por hoy no existe en Afganistán. 

Actualmente, este matrimonio reside en La Rioja gracias al  Programa de Acogida e Integración de Personas Solicitantes de Protección Internacional, impulsado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y gestionado por Cruz Roja en la Comunidad. 

Mohamed y Fátima aterrizaron en Madrid el pasado 24 de agosto y el 25 llegaron a Logroño en coche. Desde entonces, han ido enraizando poco a poco sus vidas en la comunidad riojana, con la ayuda de Cruz Roja en la Comunidad riojana, que les acompaña en el proceso de integración con toda clase de profesionales dedicados a la atención de los refugiados que llegan desde los distintos confines del mundo, muchas veces por guerras y en otros caso por situaciones de violencia y persecución política, religiosa o de otra índole.

Entre esos profesionales está Soledad Suárez, referente de aprendizaje del idioma, que les ayuda a dominar el castellano y a relacionarse con los logroñeses; y Desirée Yanguas, educadora social, cuyo cometido consiste en enseñarles a manejarse con la administración, a formarse y a buscar trabajo.

«A fecha de hoy estas personas ya tienen concedida su concesión de estatuto de refugiado», por lo que «pueden residir y trabajar en nuestro país», apunta María Isabel Manzanos, responsable del Programa de Acogida e Integración de Personas Solicitantes de Protección Internacional de Cruz Roja en la región.

A pesar de tener estudios en abogacía, Mohamed trabajaba en su país como intérprete y traductor en distintas ONGs. Más tarde pasó a colaborar en sus funciones con laOTAN, donde le asignaron un puesto con el Ejército español. 

El intérprete explica que tras la repentina irrupción del régimen talibán, «los insurgentes tomaron el poder y buscaron casa por casa a colaboradores del antiguo gobierno (presidido por Ashraf Ghani), para matarlos». Fue entonces cuando Mohamed pidió al Ejército que le evacuasen y le sacasen del país asiático junto con su mujer y sus hijos.

Este matrimonio prefiere permanecer en el anonimato y no dar sus verdaderos nombres, así como mostrar sus rostros. Tienen miedo del peligro que puedan correr sus familias. «Si estas palabras llegan a los talibanes, podrían matarlos por ser familia de colaboradores del ejército», explica Mohamed.

Sin futuro. Los dos hijos de Mohamed y Fátima crecerán en La Rioja, sus padres lo tienen decidido. «Todo el mundo quiere a su madre y a su patria, pero en Afganistán no hay futuro», lamenta Mohamed, y añade con firmeza que él y su mujer se sacrificarán para que sus hijos «tengan una vida estable en España». Una vida con las oportunidades que su hogar no les brinda dada la inestabilidad política y el régimen talibán.

A esta familia le duele la distancia y les muerde la nostalgia. Allí sus familiares «viven mal» y ahora «no tienen remedio». El portavoz del Gobierno de los talibanes, Zabiullah Mujahid, anunció en una conferencia de prensa  que prohibirán salir de Afganistán a aquellos afganos que deseen abandonar el país sin un motivo justificado. Allí están sus padres, hermanos y sobrinos y, según advierten, «son pobres porque no hay trabajo para los afganos». 

Además, el anuncio de Mujahid se produce unas semanas después de la reapertura oficial de las universidades del país y el inicio de clases, que permanecieron cerradas desde su irrupción en el país el pasado 15 de agosto. No obstante, la educación secundaria y superior femenina sigue vetada. «Ahora mismo mi hija en Afganistán no tiene ningún futuro, no podría ni estudiar ni trabajar», denuncia Mohamed. Reflejo de la vida que le esperaría a su niña en su país natal es la situación actual que sufren sus sobrinas. Todas tienen estudios. Son psicólogas, profesoras o abogadas y «no pueden ejercer solo por ser mujeres».

Las promesas de los fundamentalistas de respetar los derechos humanos, incluidos los de las mujeres y la libertad de prensa, se han quedado en el aire. Su irrupción en Kabul supuso la ruptura de relaciones exteriores con algunos países que aportaban capital al país afgano. Además, la ONU y Estados Unidos impusieron sanciones por terrorismo al grupo armado, por lo que la economía del Gobierno provisional se ha visto afectada, algo que repercute en el bolsillo de los ciudadanos. Por todo ello, Mohamed no ve «perspectivas de mejora en los próximos 20 años» en Afganistán. 

«Hay muchos intereses por los países vecinos y grupos insurgentes. Llevamos 40 años de guerra y nos quedarán otros 20», augura con pesar. Además, el intérprete cree que «en primavera empezará una guerra civil entre militantes del gobierno anterior, talibanes y otros grupos implicados».

Así con todo y a pesar de la nostalgia por su hogar, Mohamed y Fátima no dudan: asentarán sus vidas en Logroño, donde podrán labrar un futuro más próspero y estable para sus hijos, que crecerán lejos de Afganistán mientras esté bajo el dominio de los talibanes.