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"Mi cinta es como las de los 80, trata al niño con profundidad"

Juana Samanes
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Nostálgico. Con este filme, el cineasta recuerda su infancia en Algeciras, donde se producían los mismos conflictos xenófobos que hay en la actualidad

"Mi cinta es como las de los 80, trata al niño con profundidad"

El objetivo profesional de Alexis Morante fue siempre hacer películas de ficción pero, sin embargo, empezó en un mundo que le encanta; el de la música, donde ha firmado interesantes documentales. Con El universo de Oliver cumple su sueño, inspirándose en su infancia en Algeciras y en la figura de su abuelo. 

Ha precisado que la película es en parte autobiográfica adaptando una novela de un amigo suyo, Miguel Ángel González ¿El personaje de Oliver es un alter ego o se parece más a alguno de sus amigos?
Es un personaje inventado, escrito por mi amigo Miguel Ángel, pero lo he ido acercando a mí en el transcurso de la escritura de guion. En la historia no hay nada autobiográfico que me pasara personalmente.

Su filme es muy nostálgico, habla de paso de la infancia a la madurez. ¿Por qué cree que el cine suele edulcorar esa etapa?
Una de las cosas que tenía claras es que mi película no debía hacerlo, porque teníamos el riesgo de caer en un largometraje infantil de los que se hacen ahora mucho y son para niños poco inteligentes, no se le trata al menor como se hacía en las películas de los 80 como La historia interminable o Laberinto, que, como se miraba al niño con mayor profundidad, podían verlas personas de cualquier edad. Esta cinta, por los impedimentos que encuentra en su vida Oliver, se me ha ido más a un film de contenido social, además de ese realismo mágico.

La ha dedicado a su abuelo. ¿Era aficionado a la astrología o es un elemento de la novela?
Es una mezcla entre el abuelo de Miguel Ángel y el mío, aunque la afición por la astrología no era tanto de su abuelo como de Miguel Ángel, pero le acompañaba su abuelo a ver las estrellas. Pero la relación que tiene y el fuerte carácter son del mío. A mí me gustaba que le increpara, que tuviera sus prontos, para dejar claro que era una persona difícil de tratar, imitando a mi abuelo que era asocial pero que, sin embargo, con sus nietos tenía un corazón enorme. 

¿Fue difícil trabajar con niños?
Acabamos medio locos porque hicimos un casting entre más de 1.000 niños. La encargada de ello se recorrió todos los colegios de Campo de Gibraltar. Yo tenía claro que teníamos que encontrar a algunos de allí, que tuvieran el acento, el desparpajo y los encontramos. Y los gitanos son del barrio del Saladillo, un territorio por excelencia de Algeciras. Además, encontramos a la joya de la corona que es Rubén Fulgencio, porque sin el niño adecuado que encarnara bien a Oliver era imposible hacer la película. Porque Rubén posee mucho mundo anterior.

En esta película los antagonistas son los chicos gitanos. ¿Cree que la xenofobia está presente siempre en la sociedad y, simplemente, van cambiando los actores, por decirlo de alguna manera?
La película increíblemente está de actualidad, porque se están dando los mismos discursos, que la gente de barrios pobres tiene xenofobia hacia otros más pobres que ellos mismos. La miseria está en todos. En esta película no se sabe quien son los buenos y quien los malos y eso me gusta. El pueblo gitano y su problemática en los años 80 la conocía bien por una película anterior mía, la de Camarón. Flamenco y Revolución, donde lo tratamos mucho.