Esperanza se escribe con X

Ana Rodrigo (EFE)
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El gesto de marcar la casilla 106 de Actividades de interés Social de la declaración de la Renta cambia miles de vidas cada año en España

Esperanza se escribe con X

Julia es una mujer nueva a los 79 años tras divorciarse de su marido, que la maltrataba; María, una niña sorda, acude al colegio con normalidad gracias a la rehabilitación que recibe; Diego Armando recoge comida en un comedor social; a los hijos de Ana, víctima de violencia de género, les ayudan con las tareas escolares; y Álvaro, un joven con autismo, puede salir de excursión con sus amigos. Todo esto es posible gracias a un simple gesto: elegir la X Solidaria. Marcar la casilla 106 de Actividades de interés Social del IRPF, que no implica coste para el contribuyente, algo para lo que aún hay tiempo hasta el 30 de junio, cuando finaliza el plazo para presentar la declaración de la Renta.

«Que nadie tenga ninguna duda, porque llega a la gente que lo necesita», asegura Carmen Blázquez, madre de un joven con trastorno del espectro del autismo (TEA) beneficiaria del programa Respiro Familiar de la Fundación Antares.

En Sevilla, Diego Armando, de nacionalidad nicaragüense, acude al Comedor Social San Juan de Dios. Trabajaba en el campo y se quedó en paro al paralizarse la actividad; ahora están empezando a llamar a algunos de sus compañeros, pero él no tiene los papeles en regla. Vive con su mujer y dos hijos en una casa de alquiler en un pueblo próximo a la capital hispalense. «Desesperado» llegó hace unas semanas a este centro, donde recoge la cesta mensual de alimentos: unos 70 kilos de productos para que las familias puedan cocinarlos en sus casas, además de productos de limpieza y aseo personal.

«Estamos viendo un nuevo perfil de personas que nos piden comida, esos trabajadores en paro recientes; en la mayoría de los casos tienen el rostro de mujeres de Suramérica que eran cuidadoras o limpiadoras, se han quedado sin empleo y tienen hijos a su cargo», explica Ignacio Romero, de Servicios Sociales San Juan de Dios.

Entre los usuarios de ese programa de garantía alimentaria -que se cubre con la aportación de los contribuyentes- hay también mucha gente «sin hogar, o que viven en infraviviendas y en coches», a los que entregan menús ya cocinados, además de facilitarles servicios de duchas o de peluquería.

Begoña Serrano, es la coordinadora del área de Mujer de Movimiento por la Paz, que financia con la X Solidaria el Punto de Atención a la Mujer, situado en Puente de Vallecas (Madrid). A ese centro personas como Julia, que acudió a preguntar cómo podía divorciarse porque su marido «no le trataba bien».

«Julia es una señora del barrio, que llevaba más de 40 años con su esposo, no tenía amigas, ni redes sociales y apenas sabe leer y escribir: Prácticamente él la había educado como quiso», cuenta.

Tras hablar con una trabajadora social y una psicóloga, la mujer relató situaciones de maltrato, principalmente psicológico, y aunque al principio fue reacia a denunciar porque no tenía confianza en sí misma, finalmente lo hizo tras un intento de agresión.

«Le acompañamos a las visitas a juzgados y acude al centro a hacer actividades; ahora Julia tiene amigas de su edad y cobra una renta activa de inserción; en dos años le ha cambiado la vida», afirma.

Educación. En la Federación de Mujeres Progresistas han puesto en marcha, con la financiación de esta casilla, un programa de apoyo escolar a hijos de mujeres vulnerables víctimas de maltrato. «Intentamos ayudar a esas familias monomarentales que sufren la brecha digital educativa», apunta Carolina Ortega, responsable del proyecto.

Voluntarios del programa Empodérate, como Luis, un profesor de matemáticas de 53 años, se conectan dos veces en semana para dar clases de refuerzo y resolver dudas a los niños de estas mujeres. 

Carmen y su familia pueden disfrutar de estancias de respiro gracias a otro de los proyectos a los que les llega la generosidad de los españoles. «Álvaro (con TEA) viaja con chicos de su edad y eso nos deja a nosotros hacer tareas cotidianas y salir de casa; descansar de esa vigilancia continua de 24 horas que tenemos sobre él, que nos agota».

También Teresa, madre de María, una niña que nació sorda y que acude al programa de Logopedia de ASPAS-Valencia. Actualmente está en Tercero de Primaria y todas las semanas recibe una sesión donde hace dictados. «Esta rehabilitación es vital para ella, le ha permitido adquirir una expresión oral similar a la de los niños de su edad y sacar unas buenas notas», relata.