En román paladino

G.B.
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Miguel Ibáñez rememora sus orígenes próximos a San Millán como germen de su vocación por el estudio de la lengua y el vino y plantea impulsar desde La Rioja al español como idioma líder mundial en conocimiento enológico

El nuevo Riojano Ilustre agradeció el título que recibió «como en casa», ya que nació en Badarán y en Yuso desarrolló buena parte de su investigación. - Foto: Óscar Solorzano

Quiero fer una prosa en román paladino, en cual suele el pueblo fablar con so vezino; ca non so tan letrado por fer otro latino. Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino. El flamante Riojano Ilustre 2021, Miguel Ibáñez Rodríguez, cerraba este miércoles su discurso en San Millán con el famoso poema de Gonzalo Berceo, ocho siglos después de que el primer poeta en castellano lo escribiese y a un kilómetro y medio de donde vio la luz.

En un ‘román paladino’ similar al del autor sobre el que investigó para su tesis doctoral, Ibáñez rememoró en su intervención en el acto institucional del Día de La Rioja, su infancia en la cercana Badarán, y las influencias familiares y ambientales que le indujeron desde niño al estudio de la lengua y su relación con el mundo del vino, un maridaje que ha cultivado casi como un pionero en ese campo y que le ha valido la alta distinción recibida del Gobierno de La Rioja.

 Desde el estrado del patio del monasterio de Yuso, el erudito y profesor universitario tuvo palabras de agradecimiento para la presidenta Concha Andreu por la concesión del título, y apostó por impulsar desde La Rioja, con el portal científico Dialnet y la investigación vitivinícola, el liderazgo mundial del español como la lengua del conocimiento enológico.

Recibir esta distinción en San Millán de la Cogolla es para Miguel Ibáñez como recibirla «en casa» con una emoción especial. Cerca, en el otro cenobio Patrimonio de la Humanidad y monte arriba, en Suso, surgió la chispa que acabó en vocación investigadora y filológica tras escuchar las explicaciones del guía Tarsicio Lejárraga. Y en la biblioteca de Yuso ha desarrollado buena parte de su labor investigadora en torno a la lengua española y al vino, buceando en textos como el tratado de viticultura de Alonso de Herrera, en una edición de 1503 que se conserva en sus anaqueles.

Para la comunidad monástica de Yuso, los agustinos recoletos también tuvo palabras de reconocimiento, con un recuerdo especial para el desaparecido padre Olarte, de quien recordó sus momentos en su despacho en la biblioteca.

De su pueblo Badarán, con quien también compartió la distinción recibida, recordó que fue en su entorno donde surgió su otra pasión, el vino, que luego ha sabido maridar de forma magistral con el estudio de la lengua española.

En sus palabras, el doctor Ibáñez recorrió desde su niñez y sus primeras aproximaciones al estudio de la lengua a su paso por el Centro de Estudios Medievales de Poitiers, en donde amplió sus conocimientos con una beca del Gobierno regional y donde escribió su tesis doctoral sobre la obra de Gonzalo de Berceo. Más tarde llegaría a la docencia en la Universidad de Valladolid, en su sede de Soria, donde imparte su magisterio.

 

«Mi madre me inculcó el amor por el conocimiento».

Miguel Ibáñez tuvo, en su discurso, palabras muy emotivas para su familia y de forma singular para su madre, presente en el acto pese a sus 96 años, que le incitaba a la lectura desde su infancia.