El otro milagro de los peces

Bruno Calleja Escalona
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El reparto del pan y el pez simboliza desde hace 70 años el aguante de los logroñeses ante el cerco francés. El recuerdo de aquella proeza, más mito que hecho real, no podrá escenificarse por segundo año por la pandemia

Preparación de los peces en la calle Ruavieja, en una imagen de los años 40. - Foto: Foto cedida por la Cofradía del Pez

Si hay un símbolo de las fiestas de San Bernabé, ese es el reparto del pan y el pez en la puerta del Revellín. No se trata de una tradición que se hunda en la noche de los tiempos, ya que la entrega de alevines de trucha comenzó hace siete décadas, pero sí concita entre las gentes de Logroño una especie de sentimiento de unión frente a la adversidad, de conciencia colectiva, que por segundo año consecutivo no podrá escenificarse por culpa de otro asedio, en este caso no francés, sino en forma de virus, en un momento especial, porque la ciudad rememora el V Aniversario de aquel episodio. Los historiadores saben que la proeza de 1521 es más legendaria que real, algo que no menoscaba ni la alegría festiva ni la atmósfera de camaradería que genera. 

 Los sucesos acontecidos en Logroño en 1521 no fueron un hecho aislado, sino que se encuadran en un movimiento de ámbito nacional, como fue la conquista del Reino de Navarra y sus posteriores intentos de reconquista. El viejo reino cayó en 1512 en manos de las tropas de Fernando el Católico y del Duque de Alba, dividiendo a la nobleza entre Agramonteses y Beamonteses.

Una de las revueltas más importantes por tomar Navarra tuvo lugar en 1521. El día 10 de mayo, una expedición liderada por André de Foix, hermano de la amante del Rey de Francia, salía en dirección al antiguo reino de Navarra. Rápidamente tomó importantes plazas, como Roncesvalles o San Juan de Pie de Puerto. Desde Los Arcos, las tropas decidieron sitiar Logroño el 5 de junio. 

Desde que se cerró el cerco solo por el norte, los reyes de Castilla acordaron contratacar al señor de Asparrot, que mantuvo el sitio unos días. La liberación por el duque de Nájera tuvo lugar el 11 de junio, aunque no fue un hecho rápido, pues los franceses levantaron el campamento y se trasladaron al Soto del Rey.

Ese día, Logroño hizo un voto a San Bernabé, patrón de la ciudad. Durante el sitio, se cuenta que los logroñeses bajaban al Ebro por los calados para pescar truchas y así aguantar. De esa leyenda, que no tiene base histórica pues el avituallamiento no faltó en la ciudad, surgió el tradicional reparto de peces, que todos los 11 de junio atrae a la muchedumbre en la puerta de Castilla o del Revellín. De ello se encarga la Cofradía del Pez, de la que hay referencias en la década de 1930, aunque no será hasta 1948 cuando la entidad reparta el pan y el pez de forma institucional y gratuita. 

El primer reparto del que se tienen noticias gracias a Jerónimo Jiménez tuvo lugar en 1932 entre las calles Mayor y Cuatro Cantones, actual Mercaderes. La Guerra Civil acabará con los actos de la Cofradía hasta 1941. Sin embargo, el reparto del pez no volverá hasta 1948, en un ambiente festivo. No será hasta 1965 cuando el acto se incluya en el programa festivo. Ese cambio también afectó a la ubicación, pues el reparto se traslada a los muros de las escuelas Juanita Madroñero, en la calle Comandancia. Los peces eran pescados en el Ebro hasta 2005, momento a partir del cual se suministran desde una piscifactoría.

Tres interrupciones.  La tradición solo se ha roto en tres ocasiones. La primera, bajo el mandato del alcalde Fernando Trevijano, por no llegar a tiempo la autorización para pescar los peces en el Ebro. En 1990, la entrega se suspendió por una gran tormenta y de 600 kilos de peces solo se repartieron 100. La tercera (2020 y 2021) es reciente y tiene nombre de virus: SARS-CoV-2.