Los protagonistas de la COVID

Leticia Ortiz (SPC)
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Se han convertido en las caras visibles de la gestión de la pandemia, personificando con mayor o menor fortuna la toma de decisiones

Los protagonistas de la COVID - Foto: J.J. Guillén J.J. Guillén

Fernando Simón 
Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias

El hombre tranquilo

Si hubiera que nombrar un personaje revelación a lo largo de la pandemia, ese sería el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. A lo largo de los últimos meses ha pasado por ser la voz del coronavirus y un científico entrañable a un icono pop. También ha estado en la diana de los más críticos con la gestión del Gobierno en esta crisis sanitaria, ya que ha sido quien le ha puesto cara y ha informado cada día de lo que sucedía. Hacer frente, por ejemplo, al dudoso cuenteo de la víctimas mortales por el SARS-CoV-2 o facilitar cada día el dato sobre los mayores que perdían la vida en las residencias de ancianos sin que se tomaran medidas que pudieran cortar ese cólico han sido situaciones que le han puesto en un brete, por no hablar de lo sucedido con las mascarillas. Cuando todo el mundo intuía que su obligatoriedad era evidente, defendió una y otra vez que solo eran «altamente recomendables». La realidad estaba más cerca de que no lo fueran porque no había suficientes para cubrir las necesidades sanitarias y poblacionales. Pese a sus desaciertos, Simón ha capeado con valentía y ciertas dosis de un particular humor sus comparecencias en una situación sanitarias sin parangón ni precedentes en la que cada día ha sido una nueva batalla de una contienda en la que ha habido 28.441 fallecidos, según cifras oficiales.

 

Salvador Illa 
Ministro de Sanidad

Un filósofo desbordado por la crisis 

Hasta el pasado enero, Salvador Illa era secretario de Organización de la formación socialista catalana (PSC) y el día 10 de aquel mes se supo que sería el  ministro de Sanidad del nuevo Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos. En principio era una Cartera fácil, bonita, troceada para repartirla con sus socios Pablo Iglesias y Alberto Garzón y sin, aparentemente, excesivas complicaciones para una persona sin formación específica en el ramo y con la que se trataba de cubrir la cuota catalana en el recién diseñado Gabinete de Pedro Sánchez.
Poco le duró la calma a Illa. Reconocido por el propio Gobierno, en más de una ocasión se ha visto desbordado por la situación a lo largo de esta crisis sanitaria. No es para menos. La compra de material  sanitario defectuoso a China a las pocas semanas de declarase el estado de alarma supuso un escándalo por el que aún no se ha depurado responsabilidades, al igual que los EPIs defectuosos que les llegaron a cientos de médicos que se acabaron contagiando de la COVID-19.
Dicen de él que es un hombre que nunca levanta la voz, que está trabajando hasta la extenuación y que es de los que se leen los informes de los expertos de principio a fin. Su máximo apoyo ha sido y es Fernando Simón, pero es el ministro quien toma las decisiones, tal y como cuentan las personas cercanas a él.

 

Pedro Sánchez 
Presidente del Gobierno

El gran desafío para un superviviente

No cabe duda de que Pedro Sánchez es un superviviente de la política y el coronavirus está siendo una prueba de fuego para su gestión.
Lo cierto es que no anduvo vivo el recién estrenado Gobierno a la hora de anticiparse a lo que venía. Cuando el coronavirus había asolado China y golpeaba fuerte a Italia, aquí se consintió que se comparara con una gripe y el Ejecutivo perdió un valioso tiempo en el que se podía haber anticipado a las necesidades. 
 No se tomó en serio la situación hasta que el 14 de marzo se declaró el estado de alarma con el que el Gabinete y su jefe, el presidente Sánchez, se convertían en la máxima autoridad competente en todo el territorio en materia de Interior, Defensa y Sanidad.
Uno de los principales errores de Sánchez en este tiempo ha sido su falta de concreción y claridad, ya que la confusión ha reinado en los últimos meses, sobre todo una vez levantada la alarma e iniciado el desconfinamiento. Asimismo, los retrasos, las rectificaciones y las versiones han sido un habitual tanto del presidente como de su equipo durante la gestión de la crisis, dando lugar a un aumento de la incertidumbre el los peores momentos.
Su triunfo en Europa para conseguir los fondos para la reestructuación ha sido una de sus últimas victorias, pero el panorama en España con los rebrotes contados por miles y la crisis económica, es desolador.

 

Quim Torra 
Presidente de la Generalitat

Los rebrotes le ‘explotan’ al que más se quejó

A veces ese karma al que se alude utópicamente se hace presente y pone las cosas en su sitio. El problema es si quien está en el centro de esas energías cósmicas -o lo que sean- debe dirigir un Gobierno del que dependen millones de personas. Durante el estado de alarma, el líder de la Generalitat, Quim Torra, fue uno de los más beligerantes en la exigencia a Moncloa de que acabase de una vez con el mando único y devolviese su poder a las autonomías. Junto a otros políticos independentistas, se enrocó en la idea de que el Ejecutivo central había aplicado un 155 encubierto para dejar sin competencias a las regiones.
Pues bien, el estado de alarma acabó y los Gabinetes autonómicos se quedaron al frente de la gestión de la pandemia en sus territorios. Y, desde ese momento, todo empezó a ir peor (mal ya iba, claro, como en el resto del país) en Cataluña. Los focos se multiplicaron ante la inacción de un Ejecutivo que parecía seguir más preocupado por los líderes separatistas en prisión y por la mesa de diálogo con Moncloa. Torra tuvo entonces que confinar varias regiones, limitando la movilidad de los ciudadanos, algo que en su día crítico duramente del Gobierno central. Pero las cifras siguen subiendo en la región, con menos de 900 nuevos contagios al día, mientras el Govern trata de frenar los rebrotes con nuevas restricciones.