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De profesión, titiritero

Ana Torrecillas
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Músicos, actores y vendedores ambulantes son los otros protagonistas de las calles de Logroño. Terminadas las fiestas, muchos de ellos retomarán sus empleos habituales

Íñigo junto a sus compañeros de la charanga Strapalucio - Foto: Ingrid

Mario Parra sujeta con fuerza un manojo de globos y lo amarra a su puesto ambulante. Muñecos de felpa, pistolas de agua y gafas de colores compiten en vistosidad con las 'pepa pig' y las princesas de Disney. Pero lo tienen difícil. «Lo que más se venden son los globos, cada uno a siete euros», afirma Parra. Son sus primeros sanmateos y Mario está contento. «Hay días y días, pero en general está yendo bien».

Como él son varios los vendedores ambulantes que ocupan cada pocos metros las calles Portales y Once de Junio. No están allí por azar, cada vendedor tiene un puesto asignado para evitar conflictos. Como asegura Parra, trabajar en la calle es duro. «Sobre todo cuando se acerca algún borracho», recuerda. Pero a este vendedor ambulante le compensa ya que en invierno, cuando las luces se apagan y cae el telón de las fiestas, puede volver a su casa en Toledo y vivir de lo que ha conseguido ganar en verano.

Vendedores como Mario forman parte del paisaje colectivo de las calles de Logroño durante las fiestas de San Mateo. Algunos de ellos repiten cada año. Llegan de diversos lugares del país en busca de una buena recaudación que les permita pasar mejor el invierno. Cuando llega el frío, es más complicado vender sus muñecos en la calle y muchos optan por otros trabajos diferentes, más seguros y confortables. 

Así lo afirma en un rudimentario castellano Slawek que rellena de agua con detergente los pequeños baldes que ha instalado en el Espolón. Con un par de palos de madera y unas cuerdas es capaz de dibujar  enormes pompas de jabón que hacen las delicias de los niños. No hay un precio fijado para el juego, sino que los padres y abuelos ofrecen la voluntad a este polaco residente en Vitoria desde hace años.

En los días que llevamos de fiestas ha conseguido una recaudación de 700 euros. No está nada mal y eso que 2019, asegura, fue un gran año. 

 Cuando terminen los 'sanmateos' volverá a Vitoria donde el resto del año realiza algún que otro espectáculo de pompas de jabón en centros educativos de la capital vasca. Allí tiene su casa a la que está deseando volver ya que allí dormirá bajo techo; pues estos días está durmiendo en la calle y la noche logroñesa es cada vez más fresca.

De feria en feria. «Mi madre me llama titiritera», asegura Rocío Mayoral, propietaria de una food truck donde vende helados artesanos. Aunque reside junto con su pareja en Astigarraga, es originaria de Logroño. Su furgoneta está aparcada en el espacio peñas de Logroño, en la plaza Ángel Bayo. Es un lugar ideal porque está justo enfrente de los hinchables infantiles. El vehículo recuerda a las furgonetas de las películas norteamericanas: formas redondeadas, bombillas al rededor del mostrador y colores pastel. 

«Es duro ir de feria en feria y de pueblo en pueblo, sobre todo por estar separada de la familia», afirma. La pareja de Rocío está elaborando helado en la localidad vasca donde residen y regresa a Logroño los fines de semana. «Lo bueno es que en los sanmateos puede estar con mi madre que vive aquí», apunta. En invierno, esta pareja de heladeros siguen trabajando en el negocio, vendiendo sus productos a restaurantes y visitando alguna feria en Navidad.

Acompañan a las peñas en sus recorridos diarios a los toros, en las degustaciones y en el día a día de los chamizos. Sin ellas no habría fiesta o, al menos, serían muy diferentes. Las charangas son a San Mateos como la pirotecnia de las Fallas de Valencia: una parte indispensable del ambiente festivo. Los músicos de la charanga Strapalucio de Aldeanueva de Ebro ya son veteranos en los 'sanmateos'. Lucen camisetas rojas y unos instrumentos lustrosos y brillantes que no sufren los rigores de tantos días de fiestas como sus propietarios. 

Uno de esos músicos, Íñigo Morea es profesor en la Escuela de Música Mutilda de Pamplona. Enseña a tocar la trompeta. El mismo instrumento con el que anima las fiestas con su charanga, Strapalucio de Aldeanueva. «A mis alumnos les animo a que participen en una charanga y toquen en fiestas», y no lo duda: «si tengo que elegir entre la escuela y charanga, me quedo con la charanga».

Martín Nalda es uno de los fundadores de Sapo Producciones, una compañía de teatro que lleva 28 años acompañado a logroñeses y riojanos por calles, plazas y monumentos y acercándoles, a través de los personajes que construyeron la Historia de La Rioja. «Hemos perdido la cuenta de cuántos 'sanmateos' llevamos», asegura Nalda, «pero es también estamos trabajando en Fontecha con nuestras rutas teatralizadas».

El núcleo duro de Sapo Producciones son tres actores, pero para los espectáculos de San Mateo cuentan hasta con 8. A todos ellos se les puede ver a partir de las siete de la tarde en la Plaza de San Bartolomé en la obra 'El hallazgo divino', un espectáculo cómico en el que el contacto con el público es importante.

«El teatro es teatro, lo hagas donde lo hagas", apunta Martín, «aunque es cierto que si has trabajado en el teatro de calle, cuando estás en un escenario, es Jauja porque te puedes concentrar mucho más». 

Nalda y su equipo llevan muchas funciones a sus espaldas. «La calle cansa, es dura, pero también nos divertimos mucho, la gente es encantadora y siempre te demuestra su cariño y afecto». Pero cuando las luces se apagan y el verano se marcha, toca reinventarse. Los de Sapo Teatro se manejan bien, a pesar de los años duros de la pandemia, han logrado resistir. «Tenemos trabajo hasta diciembre y el año que viene ya nos han salido algunas funciones», afirma Nalda.

Otros, sin embargo, recogerán sus puestos de juguetes, sus instrumentos y sus trajes de colores. Los guardarán en un cajón hasta el próximo verano. Volverán, entonces, a continuar con sus vidas, mucho más parecidas a la del resto de los demás mortales.