«Por desgracia, no me queda otro remedio que jubilarme»

El Día
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Su padre fue guarnicionero y Juan José Barbero ha sido botero artesanal y corambrero «aunque el 80% del tiempo me dedico a lijar y pulir cuernos para venderlos en las ferias medievales»

Juan José Barbero, en su taller queleño. - Foto: Óscar Solorzano

Cuando estas líneas salgan a imprenta, JuanJosé Barbero (Quel, 1961) puede estar tramitando su retirada del mundo activo. «No me queda otro remedio que jubilarme», lamenta en su taller, rodeado de botas de vino, cuero, cencerros y cuernos. Tiene claro que hasta los 67 no va a seguir en un oficio herido de muerte. «Cuando me diga el gestor, lo dejo. No me sala nada», se desespera.

Nos recibe con una lezna en la mano y con la tabla de guarnicionero entre las rodillas. Nos invita a que recorramos, con la mirada, su taller.«¿Quién va a querer esto?», se resigna. Su padre fue guarnicionero (persona que trabaja o hace objetos de cuero) y él heredó su oficio. Como las caballerías es algo tan ajado como las pieles que tiene entre las manos, las únicas alforjas que hace «son para motos».

También ha sido corambrero, tratante de corambres (conjunto de cueros o pieles), y por supuesto, botero. «Soy el único botero del mundo que hace las botas a mano», se ufana consciente del castigo al que ha sometido sus herramientas. Para dar fe de esta artesana profesión, nos enseña sus manos, cansadas de tanto enhebrar y castigadas después de domesticar tanta piel. 

Como la profesión no da, se dedica a «elaborar cinturones, collares y arreglar todo lo que me piden». Su abuelo, tratante de vino, dejó atrás Belorado y se instaló en Tudelilla. Uno de sus hijos, Juan José, se dedicó a la botería. El nieto lleva desde los doce en esto «porque cuando acababa la escuela me escapaba al taller de mi padre».

En el pasado se acostumbró a dar forma al cuero entre sus manos y ahora «dedico el ohenta por cierto de mi tiempo a los cuernos». No a ponerlos, a hacerlos. Recibe cuernos de cebú y vaca que «lijo a máquina y a mano». Luego los pule y les ajusta una correa.Sirven para ornamentación, para llamar a rebato y para beber. Su destino son «las ferias medievales» aunque éstas hace tiempo que dejaron de ser rentables.

ARCHIVADO EN: Quel, Belorado