Antonio Casado

CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Candidato Puigdemont

23/03/2024

Candidato del pasado, editorializa El País. Bien visto. Escuchar a Carles Puigdemont el otro día fue como el retorno de una pesadilla, el revival del tsunami secesionista. Hagamos memoria. Se desató con el clarinazo de Artur Mas en 2012, tuvo su punto culminante en el referéndum ilegal de 2017 y, después de los indultos concedidos a sus principales responsables (condenados por el Tribunal Supremo en 2019), se ha ido desinflando en el ecosistema político y social de Cataluña.

Si el Estado frenó en nombre de la legislación vigente aquel movimiento colectivo, cuando en 2015 hasta un 17% de los catalanes reclamaban una república independiente, ¿cómo no lo iba a frenar ahora que esa reclamación está en el 5%? (Encuesta del Instituto de Ciencias Políticas y Sociales de la Diputación de Barcelona).

El prófugo de Waterloo tiene razón en una cosa. Los tiempos han cambiado. El contexto es otro. Lo que no ha cambiado es la rocosa vigencia del Estado de Derecho. Y, en cuanto a los planes del autodesterrado en Waterloo cuando dice que se dispone a "terminar el trabajo", no conviene confundir con las necesidades de Pedro Sánchez, con la esperanza de que la ley de amnistía sea una fuente de prodigios para convertir a Cataluña en un modelo de reconciliación ciudadana.

Pero volvamos a Puigdemont. Conviene dedicar un turno a su propia talla moral. Candidato, sí, pero en la distancia, no sea que la Junta Electoral, el Tribunal Supremo y el Tribunal de Luxemburgo (TJUE), le bajen los humos en cualquier momento. Si tan seguro está como dice al presumir de que el Estado no ha conseguido desactivarle ¿por qué no vuelve a explotar presencialmente el éxito de su estrategia para poner de rodillas al Gobierno?

Sin exponerse en la arena electoral real, no virtual o telemática, me parece que va a tener muy difícil eso de que ha sido llamado por la historia a terminar el trabajo que interrumpieron los enemigos de Cataluña hace seis años y medio. Tal y como le ha dicho el candidato del PP, Alejandro Fernández (denlo ustedes por hecho), Puigdemont se ha venido muy arriba antes de tiempo. La eventual amnistía no da para justificar el subidón del personaje.

No hay muchas razones para creer que los catalanes le van a hacer la ola a este gran enredador de la política catalana y nacional que, entre otras cosas, no tiene la gallardía de someterse a la Justicia. La teme, por mucho que lo disimule envolviéndose en la estelada.

Los estudios demoscópicos coinciden en detectar un retroceso en la fantasía separatista en favor de asuntos del día a día. Pero Puigdemont no ha venido a competir con dioses menores como Illa y Aragonés, porque su reino no es de ese mundo.