«La clave es no perder conexión con los hijos»

Mónica Burgos
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La adolescencia es la etapa de mayor vulnerabilidad del menor, cuando más irascibles se presentan ante los padres, y el momento en qué las familias más deben estar presentes

Grupo de adolescentes caminan por Logroño - Foto: Óscar Solorzano

De ser adorados a casi aborrecidos. Es uno de los cambios más drásticos que se dan en consecuencia del paso a la etapa adolescente, cuando los padres se transforman con frecuencia en una figura de rechazo para sus hijos. Esto es, sin embargo, un paso inevitable mediante el que el menor busca romper con la infancia y comenzar con ello a crear su propia identidad. 

«Lo más importante es no perder la conexión, a veces es duro porque incluso te miran mal, con desprecio, pero hay que aguantar, poniendo límites, pero tenemos que estar ahí, el primer teléfono al que tienen que poder llamar es a su madre o a su padre», señala pedagoga y orientadora familiar Martina Pérez.

Una conexión fundamental también para abordar esta etapa y evitar las consecuencias negativas derivadas de no hacerlo, «la primera causa de mortalidad joven no natural es el suicidio, y si no dotamos a los niños de suficientes habilidades cuando llegan a la adolescencia se rompen, y llegan a la edad adulta con unas huellas de dolor emocional que pasan factura en la salud mental, cada vez hay más jóvenes con ansiedad y depresión».

En cuanto a las habilidades básicas, Pérez destaca «tener un autoconcepto claro, un buen nivel de autoestima y habilidad de resolución de conflictos basado en soluciones»