"A Logroño la moldean sus monumentos y lugares que no se ven"

David Hernando Rioja
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Empezó a escribir en la pandemia historias de cómo ha cambiado la ciudad porque solo había malas noticias

El divulgador riojano Bruno Calleja presenta su nuevo libro en el archivo diocesano - Foto: Ingrid

El joven divulgador de la historia logroñesa Bruno Calleja presenta su cuarto libro sobre la transformación urbana y social de Logroño, con historias de cómo surgieron lugares, calles o comercios que suelen pasar desapercibidos en el día a día. Calleja publica estas 30 historias de 400 o más palabras cada lunes en la contraportada de El Día de La Rioja. «Logroño no son solo sus monumentos, sino que también la componen y moldean otros espacios que no se ven o han desaparecido», indica. El libro ¡Cómo hemos cambiado! El Logroño de ayer y de hoy se presenta hoy, a las 19,30 horas en el Centro Cultural Ibercaja (C/Portales 48), en un acto con entrada libre.  

A Logroño -añade- se le ha circunscrito al casco antiguo como la zona más importante, pero también tiene los barrios periféricos y otras zonas «con lugares que nos permiten conocer la vida de antes en la ciudad».  Algunos de los sitios sobre los que este historiador ha hablado en su nuevo libro son el antiguo bar Gurugú, la antigua Casa de los Jesuitas, el kiosko y los reyes del Espolón, la antigua pescadería Suso, el reloj de La Redonda, el cuartel de Avenida Navarra, las casa del Pozo Cubillas, la iglesia de Yagüe, la Virgen de la Esperanza, el Café Los Leones, el parque Gallarza, la antigua escuela de Bretón de los Herreros, la Delegación de Gobierno, el palacio de Justicia, el cuartel de Artillería, Almacenes Marrodán, el Hospital Provincial, Caramelos El Avión, el convento de Madre de Dios, el Hogar Navarro, Conservas Trevijano, el Instituto Sagasta o la Casa del guarda del Seminario, entre otros.

Una de las historias que más le gustó a Calleja fue la que escribió sobre el café Gurugú. Este bar, hasta que cerró el año pasado fue el más antiguo de Logroño, con 110 años. «Aquella historia me llamó mucho la atención porque buscar documentación en el Ayuntamiento de Logroño era complicado y lo bonito fue hablar con el dueño del bar», explica. «No era uno de los fundadores, pero había estado ahí los últimos 30 años», añade.

Por otra parte, Calleja se muestra orgulloso de estar publicando su cuarto libro. «Lo que empezó como un entretenimiento en casa por la pandemia de la Covid-19 ha servido para algo, ya que las personas, aun teniendo la oferta y todo a su alcance, te sigan leyendo y demandando la publicación del libro», remarca. «Esto hace que uno se siente reconfortado, porque lo que buscaba se va consiguiendo», apunta.

La motivación para empezar esta aventura escrita fue la gran cantidad de malas noticias que se publicaban en los medios de comunicación en aquel momento. «No había ninguna noticia buena y pensé que entre todo este mal, algo bueno tenía que haber. Vi que a los lectores le gustaban mis historias y se consiguió abrir una ventana en todo ese maremágnum de negatividad», concluye este divulgador.