"Quise tener una empresa pero el cáncer me generó inseguridad"

David Hernando Rioja
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Rosa María Santamaría y Kamal Majaiti son dos personas que han sobrevivido al cáncer de colon, quienes cuentan como han sobrellevado esta enfermedad y las repercusiones que les ha provocado en su vida diaria

Rosa María Santamaría y Kamal Majaiti juntos en una plazoleta de Logroño - Foto: Óscar Solorzano

El cáncer colorrectal es el segundo con mayor incidencia, tanto en hombres como en mujeres, y el primero si se consideran los casos de ambos sexos. Así lo dicen los datos ofrecidos por la Asociación Española contra el cáncer en La Rioja.

Según las estimaciones del Observatorio del Cáncer, 40.203 personas fueron diagnosticadas en España en el 2023 con esta enfermedad, de las cuales, 350 fueron diagnosticadas en La Rioja.

Una de las personas que padeció este tipo de cáncer es Rosa María Santamaría Martínez, una mujer que actualmente ha sobrevivido a esta enfermedad pero todavía sufre algunas secuelas.

«No esperaba esa noticia y fue un mazazo porque una va con la idea de que te van a mirar algo normal pero cuando te dicen que tienes cáncer y que te tienen que operar lo antes posible, se te cae el sombrajo al suelo», cuenta Santamaría.

Recuerda que tenía tanta confianza en que no le iba a pasar nada que fue sola al médico pero «volví a casa deshecha anímicamente, sobre todo pensando en los demás». «Ese día hablé con el cirujano y me dijo que había que operarme y ponerme una bolsa definitiva», indica.

Aquello ocurrió hace 30 años, en el 1994. Relata que en el mes de marzo tuvo pérdidas de sangre anales y su médica de cabecera le mandó pastillas y otros tratamientos pero no funcionaban. Un día fue al hospital para hacer unos papeles de su marido porque estaba enfermo y el médico le preguntó por ella, momento que aprovechó para pedirle que le enviara al especialista de Digestivo. «En 8 días me diagnosticó que tenía cáncer en estadio 3 y hubo que hacer amputación total del ano y partes adyacentes», recuerda.

Esta operación, comenta, se complicó debido a que sufrió varias infecciones y estuvo un mes en el hospital. «Me operaron en octubre y salí para Navidad», apunta.

Aparte, Santamaría cuenta que sus problemas no acabaron ahí, ya que hace 10 años tuvieron que reconstruirle todo lo que habían hecho en la operación anterior. «Tenía un orificio donde me colocaba la bolsa, que estaba situado en la parte de delante de mi cuerpo, en el lado izquierdo. Llegó un momento que no alcazaba a limpiarme y cuidarme la zona afectada, por lo que hubo que cerrar el orificio que habían abierto en un principio y hacer otro nuevo más arriba. Tuvo muchas complicaciones serias», lamenta.

Pese a esto, asegura que es una persona fuerte que muchos días se animaba a ella misma diciéndose que esta enfermedad no iba a poder con ella aunque «otras veces te daba por llorar porque no siempre te pillaba con el mismo ánimo».

Otro superviviente al cáncer de colon es Kamal Majaiti, un joven de 33 años al que le diagnosticaron este tumor cuando tenía 27. Cuenta que padece Poliposis adenomatosa familiar, una enfermedad genética que le provocó este cáncer de colon, ya que «genera que se creen muchos pólipos en dicho órgano a una edad temprana».

Relata que los médicos decidieron extirparle el colon antes de que este problema creciera. «Me hicieron la cirugía, me quedé con una bolsa pegada al cuerpo durante un año, que me quitaron al año, y después, me conectaron el intestino delgado con el recto, de tal forma que me reconstruyeron la bolsa en el interior para que hiciera la función del colon con el intestino delgado», explica.

Asegura que fue una noticia que no se esperaba, sobre todo a su edad; además de que se vio obligado a cambiar sus objetivos vitales. «Quería tener una empresa propia de servicios de informática, consultoría y seguridad. Pero con la inseguridad que me generó el cáncer acabé opositando y ahora soy funcionario en el sector de la informática», indica.

Señala que otro aspecto que tuvo en cuenta fue como iba a recibir la noticia su familia. «Tuve pánico por como les podía afectar psicológicamente, por eso, a mis padres no se lo conté directamente sino muy poco a poco», comenta.

En este aspecto, afirma que el deporte le ayudó mucho a la hora de sobrellevar esa situación de manera mental. «Por suerte no me hizo falta la ayuda psicológica gracias al deporte. Jugué a fútbol hasta los 16 años, y luego me puse a hacer musculación. También hago senderismo y bici de montaña, aunque ahora con la bici no ando mucho», detalla.

Bolsa. La bolsa que usan las personas que han sufrido cáncer colorrectal es vital para ellos pero también puede provocar ciertos inconvenientes.

Rosa Santamaría explica que la bolsa donde van los excrementos consiste en un disco pegado a la carne por donde se abre el orificio, donde se coloca una bolsa con dos anillas. A través de esas anillas pasa un cinturón que rodea el cuerpo de la persona, «lo que proporciona cierta seguridad mientras se va pegando lo de dentro».

Admite que este sistema se ha ido mejorando con el paso de los años pero aun tiene algunos defectos, ya que «no se ha mejorado que tengas que evacuar por un solo orificio, lo que provoca que a lo largo de tu vida te den diarreas, y eso genera una inseguridad tremenda porque manda la bolsa en ti, no tu en la bolsa».

Cuenta que a ella le ha tocado ir desde El Espolón haciéndose un torniquete con un pañuelo en el pantalón «invadida de caca». «Eso te cambia la vida pero hay que seguir adelante», afirma resignada.

Por su parte, Kamal Majaiti relata que para acostumbrarse a vivir con una bolsa atada a su cuerpo decidió hacer «una terapia de choque». «Una de las cosas que hice para aceptar mi situación fue ir a un camping con mi hermano durante un mes. Allí me forcé a hacer una vida normal con la bolsa y  rompí todos mis miedos de esa manera», destaca.

Por otro lado, Santamaría subraya la importancia de los cribados para que haya una mayor detección precoz de este cáncer. «No cuesta nada y salva vidas porque cuando está en un grado alto provoca complicaciones», lamenta.