«No me aburro, la traducción es un trabajo detectivesco»

El Día
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La traductora Regina López reconoce que «un mal libro es más difícil de traducir que uno bien escrito» y recuerda que la literatura universal no sería posible sin la labor de sus colegas

La traductora Regina López Muñoz, durante una pausa antes de ponerse manos a la obra con lo último de Foenkinos. - Foto: Ingrid

Lleva siete años entre nosotros para ejercer un oficio sin que el que la literatura no tendría su condición de universal. Se trata de Regina López Muñoz (Málaga, 1985), traductora de francés, inglés, portugués e italiano siendo el idioma del héxagono la lengua en la que se siente más cómoda, destacando «su ritmo y musicalidad».  

El francés, por su prestigio, y el inglés, por su alcance, son las lenguas en las que más se requieren sus servicios mientras que del portugués, pese a su cercanía, «se traduce poco» aunque Pepitas, editorial de aquí, le encomendó Arado torcido, de ItamarVieira Jr. En italiano ha acercado la obra de fumettistas como Igort o Gipi y la biografía de Hugo Pratt. Su oficio tiene poco de aventurero, está en las antípodas de Corto Maltese, pero sí tiene mucho de Maigret o Poirot. «No me aburro, la traducción es un trabajo detectivesco». Yen esta tarea de investigación, le ayudan los fondos «de la Biblioteca de La Rioja y la Rafael Azcona». «Es muy importante documentarnos, necesitamos ponernos en contexto», afirma. Aunque puede haber escritores que no sean buenos lectores, es obligación de todo traductor «ser un buen lector».

Sin su labor, no lo suficientemente bien valorada («se puede vivir, pero cada vez cuesta más»), no conoceríamos a los clásicos, modernos y de antaño. «Es rotundo, y sencillo, pero sin los traductores no habría literatura. Es una lucha que se reconozca nuestra labor», agrega.

Un adagio sobre su profesión señala que 'chi traduce, tradisce' (quien traduce, traiciona). Al respecto apunta que «es una frase muy trillada. Quiero pensar que no es así, que nuestra tarea es tratar la obra original con fidelidad». Eso sí, asegura que «un mal libro es más difícil de traducir que uno bien escrito».

Y, en los tiempos de la IA y la traducción informática, ¿corre riesgo su profesión? «Hace 5 años me parecía imposible y ahora no tanto. Quiero pensar que siempre habrá un editor primoroso que preferirá la dedicación de un profesional a una máquina, que no se quedará sin dormir por una frase o una palabra», se despide.