El agro ecológico no termina de cuajar y aumenta un tímido 1%

R. Muro
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La superficie dedicada a agricultura natural crece a lo largo de 2023 alrededor de trescientas hectáreas con un 5% del total, muy lejos del 25% que marca Europa para 2030. Solo la producción de uva proyecta un crecimiento relevante del 25%

El agro ecológico no termina de cuajar y aumenta un tímido 1% - Foto: Ingrid

La agricultura ecológica no termina de cuajar en el ámbito de la Comunidad autónoma y eso que la superficie dedicada a viña de forma natural ha propiciado durante 2023 un salto relevante. Las previsiones que maneja el Consejo Regulador de Producción Agraria Ecológica (Cpaer) al cierre del pasado ejercicio hablan de una superficie de 6.743 hectáreas certificadas a falta siempre de que el Ministerio certifique los datos, unas trescientas hectáreas más en el año recién terminado. 

De hecho, los cálculos provisionales del Consejo Regulador indican que la agricultura ecológica supone apenas el 5% de la producción agraria total con el objetivo cada vez más próximo de alcanzar un 25% para el año 2030. 

Evidentemente, esta balance no demasiado halagüeño en lo que a la producción ecológica se refiere, cambia considerablemente si se analiza solo la evolución del viñedo. En este sentido, el Consejo Regulador de la Producción Agraria Ecológica proyecta un incremento del 25% en relación a 2022, es decir, pasa de alrededor de dos mil hectáreas dedicadas a producción ecológica a 2.500 al cierre de este 2023. Un despegue que se viene materializando a lo largo de los dos últimos ejercicios y que sitúan la viña amparada bajo este tipo de producción entorno al 5% de la producción total de uva a lo largo y ancho de la Comunidad autónoma y con un peso del 37% en el cómputo general de la producción agraria bajo cánones ecológicos teniendo en cuenta que en el año 2015 el número de hectáreas no alcanzaba ni las mil.

Tras el viñedo, la almendra y el aceite son los productos con mayor peso en la agricultura ecológico de la Comunidad autónoma riojana.

Desde el Cpaer observan varios motivos para explicar este incremento tras un periodo de crecimiento muy sostenido. Por un lado, el objetivo de Europa para 2030 pero también el hecho de que los mercados «cada vez exigen más vinos ecológicos, especialmente países del norte de Europa como Suiza, Dinamarca, Suecia o Alemania además de otros como Japón, Estados Unidos o Canadá». 

También supone un impulso la aprobación, en diciembre de 2022, del I Plan Estratégico de Producción Ecológica en La Rioja que «traza unas metas y unos objetivos que se están estimulando desde la propia consejería de Agricultura riojana». Pero sobre todo, las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) marcan «una importancia decisiva en el viñedo». Es decir, la conversión de viñedo convencional a ecológico viene de la mano de 495 euros por hectárea y su mantenimiento anual permite acceder a otros 430 euros por hectárea.

Todo ello, una vez más, con el horizonte puesto en 2030 y en alcanzar la cifra, aún lejana, del 25% de producción agraria ecológica en el ámbito de La Rioja.

Con todo, y analizando ya la agricultura ecológica en su totalidad, y no solo el viñedo, el número de operadores alcanza ya los 495 al cierre de 2023 frente a los 483 registrados en 2022, siempre bajo la provisionalidad que genera el cotejo por parte del ministerio de Agricultura. 

Así las cosas, de esos cerca de quinientos operadores dados de alta en agricultura ecológica, 384 son productores, 129 elaboradores, 8 importadores, 15 comercializadores y diez disponen de establecimientos comerciales.

Frenos a la producción. Sin embargo, más allá de estímulos y de ayudas para la conversión en ecológico, los productores se enfrenta a otro tipo de frenos que mantienen a La Rioja lejos del Pacto Verde Europeo de 2030. Juanma Gómez, responsable de Promoción y Gestión del Consejo Regulador de la Producción Ecológica de La Rioja alude «a una mayor cantidad de horas de trabajo por parte del agricultor que en la agricultura convencional». Solo con el hecho de que este tipo de producciones no se fumiga, el control para evitar plagas ya supone un esfuerzo extra. También influyen los exhaustivos controles «a los que sometemos al agricultor de producción ecológica» en aras de certificar su idoneidad y que pueda exhibir sus certificados.

A todo ello se suma también que «el producto ecológico dispone de un precio más elevado» y actualmente el consumidor «no valora ese calidad». Un consumidor que opta, además, por comprar en grandes superficie donde además de productos del campo, puede acceder a otro tipo de compras, «todo en el mismo espacio» comercial.

Inconvenientes que, desde luego, no juegan a favor del agro ecológico de la Comunidad autónoma ni de los objetivos marcados por Europa si bien, existe una pequeña porción ecológica que sobrevive entre la todopoderosa agricultura convencional.