"Vivir sin dolor no es posible, es imprescindible para la vida"

María Albilla (SPC)
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"Vivir sin dolor no es posible, es imprescindible para la vida" - Foto: LUIS DOMINGO

Unas 30 personas pasan cada día por las manos del doctor Alfonso Vidal en las Unidades del Dolor del Hospital La Luz y el Hospital Sur de Alcorcón (Madrid), un volumen importante de pacientes que tienen en común una cosa: algo tan particular y personal como el dolor. Tras toda una vida dedicado a mejorar, en la medida de lo posible, la calidad de vida de todos ellos, Vidal se ha convertido en un gran experto en esta sensación, una experiencia que vuelca ahora en el marco de su labor de divulgación en el libro Vivir sin dolor (HarperCollins). 

Pues la primera pregunta me parece hasta obvia, pero ¿se puede vivir sin dolor?
Lo que se pretende con ese mensaje es transmitir optimismo, porque la medicina tiene respuesta para muchos problemas y, por tanto, muchas cosas que antes pensábamos que  eran imposibles de abordar, actualmente sí lo son. Otras muchas desgraciadamente no… Pero la verdad de esto es que vivir sin dolor no es posible porque el dolor es imprescindible para la vida. Es una forma de entender que algo no funciona bien y que nuestro organismo nos transmite para que tomemos las medidas necesarias.

El objetivo de los médicos que trabajan en este campo no es aliviarlo sino eliminarlo. ¿Es posible? 
Esto es lo que debería ser. Como decía Zubiri, habría que curar algunas veces, mejorar una gran parte y consolar siempre. Muchas veces no tenemos la posibilidad de curar, otras solo tenemos la capacidad de facilitar un alivio incompleto, pero el acompañamiento sí que tiene que ser prioritario. Afortunadamente, sí podemos mejorar muchas cosas y hacer que algo que no es compatible con tu vida, pueda serlo en la medida de lo posible.

¿Qué sucede cuando el arsenal terapéutico no llega a más?
Se lo explicamos al paciente, le consolamos y le animamos a que siga intentándolo con nosotros, que no vamos a cejar en el empeño.

Hace unas semanas saltó a la prensa el caso de una mujer escocesa con una mutación genética que le permite vivir sin dolor, ni miedo ni ansiedad. ¿Qué puertas puede abrir conocer científicamente casos así?
Nos permitiría saber qué botones tenemos que activar o apagar. Sería como una alarma. Si somos capaces de conocer el mecanismo del dolor y apretar el botón solo cuando sea necesario nos ahorraremos muchas cosas.

Existen patologías que pueden cursar sin dolor y esto es, a la vez, un riesgo, que es lo que le podría pasar a esta mujer, ¿no?
Hay patologías silentes, como la degeneración macular. Uno se queda ciego y no le duele, pero se queda ciego. Si tenemos un mecanismo que nos advierta de alguna manera precozmente, sería una ventaja. El cáncer de páncreas, cuando debuta con síntomas, ya es lo bastante grave como para que sea incurable... Los mecanismos de alarma del organismo están pensados para los mamíferos cuadrúpedos que éramos al principio, no están pensados para lo que somos hoy. Por eso, esos mecanismos a veces son incompletos y no todas las patologías duelen.

Es mucho más importante preservar la salud con educación que tratarla con los medios más sofisticados"

¿No es absolutamente desafiante catalogar el dolor, cuantificarlo?
Como dice la Sociedad Internacional del Dolor, el dolor es una sensación sensorial y emocional subjetiva. Su medición se basa en parámetros variables en función de las características de cada uno y del momento histórico de la persona. No es lo mismo la dolencia que puede tener Rafa Nadal en un pie, que tiene que dar un rendimiento óptimo, que la que tenga yo, que soy un señor mayor. Las circunstancias personales y los momentos históricos influyen mucho en la manera de percibir, afrontar y de llevar el dolor. También va mucho en la educación.

«El dolor suele tener su origen en lesiones reales más o menos severas, pero es el cerebro el que filtra la prioridad de la atención». ¿Cuánto tiene que ver lo emocional en la percepción de lo físico?
Muchísimo. Partimos de la premisa de que la división aristotélica de cuerpo y alma no existe. El alma no tienen existencia sin el cuerpo y lo siento por las personas que son creyentes. Todo lo que percibimos tiene un soporte orgánico centralizado en un sistema de control que es el sistema nervioso central.
Las emociones matizan de una manera tan intensa nuestras vivencias que influyen decisivamente no solo en el momento sino en la huella que deja una experiencia en nosotros. Si nos acordamos del plato de lentejas de nuestra abuela, cómo no nos vamos a acordar del dolor que produjo una situación determinada. Antiguamente las mujeres hablaban de los dolores del parto como algo magnífico porque obtenían un grandísimo premio: su hijo.

¿Así que a la hora de curar un dolor físico, también es necesario tratar el emocional?
Incluso al revés. Primero lo emocional. Decía un amigo mío que una mano lava la otra y las dos lavan la cara. Y a veces incluso necesitas las manos de otro para que te ayuden. Es esto que llamamos multidisciplina. En el tratamiento del dolor también tiene un papel importante la familia, la pareja o los amigos a la hora de reestablecer la normalidad. Es muy importante la sensación de sentirse escuchado y atendido.

¿Hay algún dolor que sea peor que todos los demás?
¡El propio! Cuando comparas la experiencia personal de cada uno te das cuentas de que la gente no tiene las mismas experiencias y eso influye muchísimo. 
Cuando se habla del tipo de dolor que pudiera ser más intenso, siempre se refiere la neuralgia de trigémino, cólico nefrítico, el parto... pero claro, porque a ninguno, por ejemplo, nos han arrancado un brazo en una explosión. Tenemos la suerte de que nuestro dolor es más o menos civilizado. Cuando los pacientes vienen a consulta me dicen: 'Doctor, no se puede hacer una idea de cómo es este dolor'. Y claro, yo les digo, pues, mire, es verdad que exactamente, no, pero he visto muchos pacientes y he escuchado el relato de tantos, que creo que lo entiendo. 

Las vivencias, la formación y los momentos históricos influyen en la percepción"

¿Qué tiene de peculiar el del parto?
El parto es un proceso natural. El cuerpo está pensado para el desarrollo de un nuevo ser en el interior de la mujer y tiene sus espacios para ello que cambian de una manera bárbara. Y, además, la naturaleza cierra de manera hermética esos espacios hasta que toca salir... El parto es un proceso muy complejo que puede durar varias horas y doler muchísimo o no tanto... 
A los que no hemos sido madre les explico que es similar a cuando uno tiene unas circunstancias de extreñimiento y luego tienes que expulsar heces lo bastante grandes como para salir por un orificio estrecho y esto causa dolor, dificultades, retortijones...

También hay dolores «difíciles de entender», cuenta, como, por ejemplo, la fibromialgia. ¿Por qué?
Imagínese que yo le pregunto sobre un dolor que usted tuviera en el que no existiera un soporte orgánico. Le duele un pie, pero no es como si se hubiera torcido un pie; piense en que le duele el estómago, pero tampoco como cuando le ha sentado mal una comida... No hay una referencia que sustente ese dolor. Estas personas lo transmiten como una tremenda pérdida de energía en la que cualquier estímulo les produce dolor, escozor, quemazón... con momentos de más intensidad y mantenidos en el tiempo. Explicar eso es muy complicado porque no se conoce la lesión que causa ese efecto. Está claro que hay algún proceso interno que está funcionando mal, pero no hemos encontrado cuál es.

Unos ocho millones de personas vive con dolor crónico y precisan de medidas de control y alivio. ¿Es un desafío para el sistema sanitario?
Bueno, el caso es que el sistema sanitario no asume esto como reto. Está a otra cosa. Le pongo un ejemplo. La hipertensión arterial es hoy un reto. Es una enfermedad que no se cura, pero hay unos planes nacionales para controlarla, para prevenirla, para concienciar sobre ella... Esto no existe para el dolor, por más que afecte a un 18 por ciento de la población, en gran parte sensible y envejecida, que, en realidad, es muy parecida a la que tiene hipertensión, artrosis... Así que hoy por hoy, no es una prioridad sanitaria. No digo que no les importe, ojo, pero no es su principal preocupación. En parte, todos asumimos que el dolor es normal.

Hay quien no sea capaz de ponerse en la piel de un paciente con dolor crónico. Desde su experiencia, ¿cómo es vivir así?
Lo primero, se necesita comprensión. Todos asumimos que si alguien tiene diabetes no puede tomar en un festejo el mismo trozo de tarta que el resto. Pues aquí sucede similar, tenemos que ser capaces de explicar a la gente lo que les sienta bien y lo que no y si llevan esas pautas de una manera más o menos disciplinada, las veces que va a tener desajustes van a ser menores, pero desgraciadamente van a tener que estar toda la vida pensando en si lo que van a hacer les puede generar o no problemas. Y muchas veces, aunque lo hayan pensado, los tendrá igual. '¿Y por qué me pasa a mi esto?' Pues porque esta es tu naturaleza y es la suerte que has tenido. A cambio, igual eres una bellísima persona o rubio con ojos azules... El reparto genético y el del azar a veces perjudica en unas cosas y beneficia en otras. Encontrar el aspecto positivo es muy importante.

El sistema sanitario no asume el tratamiento del dolor como un reto"

En España hay unas 300 Unidades del Dolor. ¿Son suficientes?
Si tuviéramos que afrontar todos los casos de dolor desde estas unidades no daríamos a basto, pero donde primero se trata es en la Atención Primaria. Estos médicos sí que son unos héroes, porque ellos son los que están en el día a día.
El tratamiento del dolor es algo que compete a toda nuestra sociedad, se debería asumir como un reto colectivo. ¿Que son necesarias más Unidades? Pues sí. ¿Que las unidades que ya existen necesitarían más medios? Seguro que también. Pero hay que concienciar a la sociedad para prevenir patologías que cursan con dolor. Es mucho más fácil poner una valla al borde de un precipicio que poner un hospital abajo para la gente que se cae.

La cuarta parte de los medicamentos que se venden en España son analgésicos. ¿Los usamos bien?
No los usamos bien, pero no los usamos mal. Uno va a la farmacia y pide ibuprofeno de 600 y le contestan que solo le pueden dispensar ibuprofeno de 400. Claro que el paciente se puede tomar una pastilla y media o tres, pero las normas están para que esos medicamentos se utilicen de una manera correcta. Además, la gente no es idiota, en general, y lo que suelen hacer es usar los medicamentos de la manera que han visto o le han dicho. Si a los tres días de tomar paracetamol el dolor no cesa, entonces igual ya sí conviene ir al médico. Otro tema es que en esta sociedad lo queremos todo para ahora y nos tomemos una pastilla para dormir al momento tras una cena copiosa y otra a la mañana siguiente para despertarnos.

¿Es defensor de la acupuntura para controlar el dolor?
Bueno, yo hablo de mi experiencia. Conocí esta técnica después de haber trabajado en una unidad del dolor y de ver como gente a la que yo trataba no mejoraba e iban a acupuntura y sí lo hacían. Entonces pensé que algo habría. Revisando la literatura científica, hay un montón de trabajos que nos hablan de sus beneficios que, incluso, tienen sustrato orgánico. ¿Que si la acupuntura me parece útil? Sí. ¿Haría acupuntura en primer lugar a mis pacientes? No. Es una herramienta más.

Hablando de herramientas, ¿la neuromodulación es una de las últimas y más ambiciosas?
Hemos conseguido entender los mecanismos del dolor y ahora lo que hacemos es actuar sobre lo que los reduce. Si nosotros tenemos una instalación eléctrica en la que hay un cable que produce chispazos y hay otro que no, intentaremos evitar que la electricidad pase por el lado dañado. Esto es lo que hacemos ante el dolor neuropático. Si hay estructuras nerviosas que están alteradas, intentamos apagarlas o reducir su voltaje. En gran medida lo que hacemos es tratar, sobre todo, estructuras nerviosas y reducir el impacto que los daños en el funcionamiento normal. Digamos que filtra y depura la percepción y le quita interferencias, pero a costa de reducir parcialmente también la intensidad.

Encontrar el aspecto positivo ante el malestar es muy importante"

¿Y basta con una vez o es de por vida, como el propio dolor crónico?
Aquí trabajamos con estructuras vivas y estas evolucionan en el tiempo. Nada en esta vida es definitivo, solo la muerte. En el mejor de los casos, es permanente.

Si usted tuviera que destacar el medicamento que ha cambiado la historia del dolor sería...
Por las dimensiones del alivio, la aspirina como primer antiinflamatorio, la corteza del sauce y sus derivados. La morfina, otro producto derivado de una planta, también. Siguen siendo los dos pilares fundamentales. Pero si tuviera que cargar la suerte sobre alguna cosa, volvería a la educación. Es fundamental. Es mucho más importante preservar la salud con educación que tratarla con los medios más sofisticados.