Marivi Ibarrola: «Una foto sin pie de foto no tiene sentido»

El Día
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La najerina fue la fotógrafa de la Movida y acaba de ser galardonada por la Asociación Vasca de Periodistas

Marivi Ibarrola, retratada por su hermana, durante un paseo por Nájera. - Foto: Yolanda Ibárrula Castillejo

Se mueve a caballo de Nájera, su localidad natal, San Sebastián, la ciudad de su crianza, y Madrid, donde estudió Periodismo y fue testigo de la Movida madrileña. Se trata de María Victoria Ibárrula Castillejo(Nájera, 1956), que a la posteridad pasará como Marivi Ibarrola, fotoperiodista que acaba de ser premiada por la Asociación Vasca de Periodistas.

Fue prácticamente de las primeras en inaugurar la Facultad de Ciencias de la Información, uno de los ejemplos más claros del brutalismo. Se licenció en cinco años pero su relación con la fotografía se forjó más allá de las aulas y, como casi todo en esa época, «de prestado, porque nadie tenía equipo propio y todo se compartía». Sintió un flechazo aunque esta najerina militante siempre ha tenido «inclinación por el arte». No le importa ser considerada como la fotógrafa de la brutal Movida. «Aunque no me la invento yo», apostilla.

Si musicalmente los ochenta están denostados, ella es firme partidaria de esta década. En su opinión no tiene nada de ominosa. «Es cierto que sí que me caractericé por la fotografía musical aunque mi campo», recuerda, «era más amplio y abarcaba los movimientos juveniles, lo underground al que, por aquel entonces, no se le daba importancia».

Su paso por la facultad no fue baldío. «Creo que es una carrera apasionante. Me sirvió para conocer muchas cosas. Recuerdo, por ejemplo, las clases de Semiótica de Jorge Lozano, un gran profesor aunque estoy seguro que su hermana Lydia es mucho más conocida por todos», bromea. Su vocación la volcó en el fotoperiodismo, pergeñando sus propias fotos y textos. Su primer trabajo publicado fue «en La Voz de Euskadi, una entrevista al rockabilly J. M. El Magnífico». La pieza se tituló «El rock peatonal», porque «en aquella época éramos de andar», rememora una fotógrafa que, en aquellos años, deambuló mucho «por Madrid, Granada, País Vasco y también LaRioja». «Fui un poco saltimbanqui», se ríe.

Madrid tuvo su movida y Nájera, a su manera, tuvo una consolidada fama como localidad fiestera. «Yo era mucho del Lobis», informa.

Pese a que no faltan colegas que se manifiesten contra lo digital, ha asumido con naturalidad este formato «aunque obviamente me costó deshacerme de mi ampliadura». Su laboratorio doméstico, con el paso del tiempo, «se convirtió en taller y trastero para la ropa de verano e invierno». 

En los ochenta llegó la eclosión del videoarte, «disciplina en la que también estuve involucrada», pero fueron igualmente los años de más virulencia de ETA y también le tocó cubrir atentados: «La parte más fea del oficio, la verdad». 

ParaMarivi, «una foto sin pie de foto no tiene sentido» y recuerda que si el periodismo puede ser considerado, en ocasiones, falaz, otro tanto se puede decir de la fotografía: «Una foto también puede mentir. El plano, el encuadre,... al fin y al cabo seleccionas lo que quieres de una imagen y desechas el resto».

No envidia ninguna estampa ajena: «No pasa nada por no haber estado allí». De los fotógrafos, de su época, subraya el magisterio de Alberto García Álix, que no necesita presentación, y «el costumbrismo de Anna Turbau». De los de ahora, muestra su favoritismo«por Ricardo Rubio». De las imágenes propias, no elige ninguna porque sabe que su producción, en cierto modo, es como un iceberg. «Tengo muchísimas fotos inéditas», se despide la najerina.